La Voz de Almeria

Almería

“Comíamos cuscús con agua del mar para no morir”: la historia de Pape Diuf, de la patera a regularizarse en Almería

Llegó desde Senegal tras casi diez días en el mar, sobrevivió a un duro viaje y una regularización le serviría para volver a casa

Pape Diuf (a la derecha) junto a su abogado Antonio Manuel Sánchez Lorenzo y su amigo Abdoulaye.

Pape Diuf (a la derecha) junto a su abogado Antonio Manuel Sánchez Lorenzo y su amigo Abdoulaye.Víctor Navarro

Víctor Navarro
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Cuando habla, Pape Diuf sonríe poco y mide cada palabra, como si todavía no estuviera del todo seguro de que su historia puede contarse sin consecuencias. Tiene 21 años y vive en Almería desde hace casi tres, desde que llegó a España en patera procedente de Senegal tras casi diez días en el mar. Desde entonces, su vida ha transcurrido en un equilibrio precario, encadenando trabajos esporádicos en el campo y sorteando una irregularidad que lo atraviesa todo.

Ahora, por primera vez desde que pisó suelo español, su situación podría dar un giro. Pape puede ser uno de los beneficiados por la regularización extraordinaria de migrantes impulsada por el Gobierno. Sentado en el despacho del bufete Alkabia, junto a su amigo Abdoulaye, escucha en silencio las explicaciones de su abogado, Antonio Manuel Sánchez Lorenzo, después de haber presentado la documentación necesaria para optar al permiso.

Para comprender el peso de ese trámite ejerce sobre el senegalés hay que volver atrás. Pape tenía poco más de 18 años cuando salió de Dakar. Su padre había fallecido y asumió muy pronto el papel de sostén familiar. En Senegal trabajaba como pescador, pero el dinero no alcanzaba ni para cubrir lo básico.

 La decisión de emigrar no fue una aventura. “Yo soy como el hombre de mi madre”, explica. El viaje costó una fortuna. Muchas familias venden tierras o se endeudan durante años para pagar una plaza en una patera. La embarcación salió de Senegal con decenas de jóvenes. Durante el trayecto apenas hubo comida ni agua: algo de arroz, cuscús mezclado con agua del mar. “El cuerpo aguanta, pero la cabeza no siempre”.

Pape y Abdoulaye atienden a las explicaciones de su abogado Antonio M. Sánchez Lárazo.

Pape y Abdoulaye atienden a las explicaciones de su abogado Antonio M. Sánchez Lárazo.Víctor Navarro

Algunos enfermaron... Otros no lo lograron y fueron lanzados al mar. Cuando llegó a Canarias pasó por Cruz Roja y fue trasladado a centros de acogida en Huelva y Sevilla antes de acabar en Almería. Llegó enfermo, con dolores constantes y un cansancio que aún arrastra. “Pienso mucho”, dice. “Mucho trauma”.

Construyendo una identidad con billetes de bus

Mientras escucha a su abogado, Pape apenas interviene. Asiente, pregunta poco y guarda silencio. No es desinterés, es aprendizaje. Quien ha vivido casi tres años sin papeles aprende a desconfiar incluso de las buenas noticias, incluso cuando vienen avaladas por profesionales.

La regularización le llegó primero como un rumor y después como una posibilidad real. Reaccionó con cautela. Certificados, antecedentes penales, plazos. El miedo a equivocarse y a perderlo todo por un error administrativo. Antonio Manuel Sánchez Lorenzo, abogado del bufete Alkabia, conoce bien ese miedo. “Cuando estas personas llegan a despacho lo hacen con una desconfianza enorme. Cualquier error se paga caro”, explica. “Sin permiso de residencia, la identidad se construye de forma precariaBilletes de autobús, citas médicas, justificantes de envío de dinero. Cualquier papel con una fecha y un nombre sirve para demostrar que se ha estado aquí”.

Match ball salvado por su tío

Uno de los documentos que más miedo le provocaban era el certificado de antecedentes penales de Senegal. Conseguirlo no fue un trámite automático ni rápido. Fue su familia la que sostuvo esa parte del proceso. Gracias a la intervención de un tío suyo, que recorrió oficinas, preguntó a funcionarios y activó contactos en Senegal, el documento pudo localizarse y tramitarse. Sin esa ayuda a miles de kilómetros de distancia, el expediente no habría llegado ni siquiera a presentarse.

Ayudado por su abogado, tramitó la regularización de forma telemática. Temía que acudir a una oficina implica perder días enteros de trabajo. Para alguien que vive de llamadas esporádicas, hacer cola significa no trabajar y no cobrar. Por eso prefiere seguir el proceso desde el despacho y no arriesgar los pocos ingresos que logra .

Desde que llegó a Almería, Pape ha trabajado siempre que alguien ha querido llamarlo. Ninguna estabilidad. “Si no tienes papeles, aunque trabajes, no existes”, resume. Cada día sin faena es un día sin ingresos y un día sin envío de dinero a la familia.

Aun así, cuando puede manda lo poco que tiene. Entre 200 y 300 euros que sostienen a su madre y permiten que su hermana siga estudiando. Pape no habla de sueños grandilocuentes. Habla de trabajar de albañil o electricista. La llegada del permiso de residencia y la opción a un empleo es una promesa de volver a ver a su madre. “Quiero volver a casa y visitar a mi familia. Y regresar aquí sin miedo”.

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