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"Vivía con terror a que llegaran las guardias": fuga de médicos en las urgencias del Poniente almeriense

El Hospital Universitario Poniente cuenta con las urgencias por puerta única más sobrecargadas de Andalucía

Zona de acceso a Urgencias del Hospital Universitario de Poniente

Zona de acceso a Urgencias del Hospital Universitario de PonienteLa Voz

Elena Ortuño
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Son las tres de la madrugada. En la sala de espera hay más de cincuenta personas. Para atenderlas está Gonzalo (nombre ficticio), un médico que lleva 19 horas de guardia y al que aún le quedan cinco para concluir el turno. En toda la jornada apenas ha dispuesto de 15 minutos para un café y poco más de veinte para comer y otro tanto para cenar.

En su consulta, un reloj marca el paso implacable del tiempo. Mientras el segundero avanza, calcula mentalmente las horas que faltan para poder recostarse unos minutos y asume que, antes de que amanezca, habrá atendido a más pacientes que muchos de sus colegas en otros hospitales durante dos turnos completos.

Así se trabaja en las Urgencias del Hospital Universitario Poniente, el servicio con mayor presión asistencial de Andalucía por puerta única y uno de los que más profesionales ha visto marcharse en los últimos años. La razón está clara: una sobrecarga estructural (más pacientes y menos plantilla que en hospitales de similar categoría) que difícilmente puede sostenerse cuando la exigencia es mayor, pero la retribución es exactamente la misma.

"Esto es desolador"

En el hospital ejidense se registran cada año entre 175.000 y 180.000 atenciones urgentes, una cifra que supera en torno a un 20% la de centros de características similares. Sin embargo, esa presión asistencial no se corresponde con los recursos humanos disponibles. La ratio poblacional apunta a que serían necesarios 66 médicos para sostener el servicio en condiciones adecuadas, pero la plantilla nominal es de 43.

Si estas son cifras ya de por sí preocupantes, "las estadísticas reales son peores", afirma Gonzalo, especialista en Medicina de Familia que lleva quince años en las consultas del Hospital de Poniente. El médico atiende a la voz de forma fragmentada, interrumpiendo la conversación constantemente, ya que la llegada continua de pacientes críticos y la escasez de tiempo no permiten llevar a cabo una entrevista convencional.

De esos 43 facultativos, continúa, "tres se encuentran de baja maternal, uno de baja por estrés laboral y otro en excedencia por el mismo motivo, lo que reduce el número real de facultativos en activo a 38", señala con voz cansada. Cuando se le pregunta cómo describiría la situación, la palabra "desolador" surge sin titubeo.

Fuga de médicos

Entre los pasillos colapsados y la tensión constante de Urgencias se entiende por qué algunos profesionales terminan huyendo. María Lara es un ejemplo de ello: médico de familia de formación y vocación incuestionable, llegó al Hospital Universitario Poniente con la ilusión de ejercer su profesión tras años de estudio y especialización.

María Lara, más tranquila desde que tomó la decisión de priorizar su salud mental.

María Lara, más tranquila desde que tomó la decisión de priorizar su salud mental.Elena Ortuño

Pero la sobrecarga, los turnos interminables y la sensación de estar atrapada en un sistema que no la dejaba respirar la llevaron a una decisión drástica: continuar allí era exponerse a la depresión; marcharse, preservar su salud y su amor por la profesión. De allí, se trasladó al Hospital de Alta Resolución El Toyo y, aunque la situación no es la perfecta, es "bastante más llevadera".

Cuando recuerda aquellos días, se le apaga la mirada. "Era un infierno", asegura, para después añadir: "Me sentía esclavizada. Vivía con miedo constante a que llegasen las guardias. El día previo a una guardia entraba en modo ahorro de energía. Luego llegaban las 24 horas mortales y al día siguiente ya directamente desaparecía. Iba de la cama al sofá, del sofá a la cama… Tenía seis o siete guardias al mes… ¿Cuántos días vivía yo?".

Recuerda que en sus inicios encadenó contratos temporales durante cuatro años y medio, algunos de ellos de apenas un día. Nunca contó con una interinidad estable, lo que le dejaba sin margen para ausentarse por enfermedad y con el constante temor de no ser renovada.

Interinidades desiertas y médicos sin especialidad

Hoy es el rostro visible de una importante fuga de médicos. Tanto es así, que el hospital ha comenzado a ofrecer interinidades, un beneficio ingente para los facultativos que decidan trabajar allí, pero que no ha conseguido paliar la situación: muchos médicos siguen rechazándolas, conscientes de que no están dispuestos a asumir una carga de trabajo tan extrema por el mismo salario que en otros centros con menor presión.

"Cada vez se contrata a más médicos sin especialidad", denuncia la sanitaria. La situación no solo resulta injusta para quienes sí la poseen, sino que también compromete la calidad de la atención, porque muchos profesionales no están suficientemente formados para cubrir todas las necesidades de los pacientes, con las consecuencias que ello conlleva.

Ambulancia en el acceso a Urgencias del Hospital de Poniente.

Ambulancia en el acceso a Urgencias del Hospital de Poniente.La Voz

"Y no solo eso", señala María Lara. Cuando alguien tiene que enfrentarse a un intenso turno de 8.00 a 8.00, trabaja con menor lucidez y empatía: "No te encuentras apto. Muchas veces estamos tan desesperados que recurrimos a lo que en medicina llamanos 'acting': voy a darle más de lo que requiere a ver si me quito ya este problema de encima". Aunque no reconoce haberlo hecho conscientemente, admite que está descrito en contextos de saturación.

¿Cuál es la solución?

Pero la falta de médicos no es el único problema. Según Gonzalo, "el déficit de infraestructuras es brutal": faltan 216 camas de hospitalización y nueve quirófanos para operar al ritmo que exige la población. La escasez de camas agrava el colapso en observación y provoca retrasos que se acumulan en listas de espera interminables.

Esta presión tiene consecuencias directas sobre profesionales y pacientes: "La sobrecarga aumenta el riesgo de errores médicos, genera estrés extremo y ha llevado a bajas laborales y excedencias", explica el médico. Las agresiones verbales (y en algún caso físicas) son la cara más evidente de la frustración de la población, mientras que la desestructuración de la plantilla amenaza incluso la acreditación de la Unidad Docente, dejando a residentes sin referentes especializados.

La concentración de los médicos de servicios médicos del Hospital Universitario Poniente.

La concentración de los médicos de servicios médicos del Hospital Universitario Poniente.

Frente a esta situación, la solución pasa por reconocer el servicio como de "difícil cobertura" y acompañar la plaza con incentivos reales: compensación económica, carrera profesional acelerada y más puntuación en Bolsa y OPE. Como subraya el almeriense, "no es que no haya médicos; los hay, pero se van donde los tratan mejor. Si no hay incentivos claros, el Poniente seguirá perdiendo especialistas y nadie querrá ocupar sus vacantes".

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