La Fundición de San Andrés
Un recorrido por el complejo industrial que convirtió a Adra en referente de la metalurgia del plomo en el siglo XIX

Últimos vestigios años 90. Al fondo, Casa principal de la fundación de San Andrés, conocida por casa de Carreño.
En 1822 fue establecida en Adra la conocida Fundación Grande de plomo - Fábrica de San Andrés. Cinco años después, se instala una máquina de vapor de 14 caballos de potencia proveniente de Inglaterra, al igual que los hornos y que fue una de las primeras que se utilizaron en la Península española.
En 1845, Pascual Madoz presentó un reportaje sobre la descripción de las instalaciones de San Andrés, distribución y su funcionamiento, elementos arquitectónicos que llegaron a componer en su totalidad la Fábrica de San Andrés y que en su día fueron recogidos en un magnífico trabajo oficial con Tesis Doctoral del curso 2010/2011 obteniendo mención Cum Laude y que gracias a ello la Universidad de Almería hizo una publicación de este trabajo de fin de Máster en Representación y Diseño en Arquitectura e Ingeniería: “Pasado, presente y futuro de la Fábrica de San Andrés” de la abderitana Eva María Quintana Delgado.
En su época, la fábrica de fundición de plomo San Andrés de Adra llegó a ser pionera en cuanto a los métodos de obtención de sus productos y medios técnicos empleados. En aquel enjambre, destaca la Torre de los perdigones. Construida para la fabricación de perdigones, sus medidas son: 44 m. de altura; 7,5 m. de diámetro en la base y 4,45 m. en la coronación. En el interior tiene un pozo de 12 m. de profundidad y 1,9 m. de diámetro. Tenía una escalera de caracol, antes de su restauración, con escalones de piedra, adosada a los muros.
En la torre pueden observarse tres tramos: el primero de mampostería con revoque de mortero de cal; el segundo de ladrillo visto y, al igual que el primero, tiene forma de tronco de cono. El tercero y último es de forma cilíndrica y en el había un pequeño horno para fundir el plomo del que se hacían los perdigones.
Tiene cinco huecos en altura que formaban cuatro plataformas, con balcones a los cuatro vientos y sus correspondientes barandas de hierro. Los balcones eran de madera y servían para regular el paso del aire que enfriaba los perdigones en su caída. Así mismo M.A. Pérez de Perceval Verde, apunta en su libro; Fundidores, Mineros y Comerciantes – La Metalurgia de Sierra de Gádor, 1820/1850 que: “La localidad de Adra fue el centro tanto de la producción y de la exportación de plomo, como la administración de la minería de la Sierra de Gádor”.
Luego estaba la zona de Esparteros. Era una especie de porche donde trabajaban media docena de operarios haciendo labores de esparto, tan necesarias para la industria, tales como espuertas, serones, aparejos para las bestias de carga y todo lo necesario para el transporte y laboreo del mineral o del producto manufacturado. Hay que tener en cuenta que la unidad utilizada para la carga de los hornos, tanto de galena como de carbón, era la espuerta, como parte divisoria del quintal, y se denominaba “espuerta terrera”.
Existían las llamadas Caleras. La cal era imprescindible para la reparación y mantenimiento de tan vasto complejo, así como para las nuevas construcciones. ¿Qué era el Pavón? eran los perdigones que se extraían del pozo de la torre y eran calibrados, seleccionados y, seguidamente, empavonados en estas dependencias. Los Hornos reverberos, que fueron posteriormente sustituidos por los hornos ingleses, eran fundamentales para la obtención de la plata, tratamiento de la galena argentífera y, sobre todo, eran los encargados de suministrar el aire caliente a las copelas, donde aquí, estaban instaladas y se obtenía la plata. Las copelas eran de vida efímera y se construían en la misma fábrica, siguiendo los diseños que los “inteligentes” realizaban.
La materia prima, huesos, se obtenía en lugares apropiados en la cercanía de la población. También el minio, era un producto muy apreciado y de mucha demanda. Su obtención mediante re-oxidación explica su proximidad a los hornos reverberos. Nos detenemos en la Casa principal.
Ampliaciones y renovaciones
Al quedar insuficiente el edificio destinado a administración y laboratorio docimástico, posteriormente conocido como “fabriquilla del vinagre”, se construyó otro de dos plantas cerca de la copela, con su entrada principal orientada al Oeste y la fachada lateral derecha a la Carrera de la Playa.
En la planta baja estaban los servicios administrativos y en la parte alta, la vivienda del director. Todo quedaba dentro de la cerca, a la que se accedía por una puerta sobre cuyo arco se adosó un reloj de sol. Pronto quedaría también pequeña esta dependencia, por lo que hubo de ampliarse a lo largo de la Carrera, por donde se hizo la entrada principal.
Posteriormente se hizo otra ampliación. Esta vez fue en todo el edificio de la “Casa grande”, al que se dotó de una tercera planta coronada con un tejado, que le dio el airoso aspecto con que la hemos conocido antes de su derribo. Esta última ampliación, construida en menos de nueve meses, la mandó realizar Manuel Agustín Heredia para alojar a María Eugenia de Montijo, Condesa de Teba y a sus hijas, las cuales fueron invitadas durante el periodo estival y que éstas, paseaban todas las tardes por el jardín de la fundición abderitana, que tenía plantas y árboles traídos de América.
La tierra para este jardín y el del marqués de Caicedo fue traída en los barcos que venían de retorno de Inglaterra. El recinto de la Fundición poseía Ermita. Esta capilla estaba dedicada a San Andrés y en ella se decía misa los domingos y algunos días de la semana. Era notorio su tabernáculo. La “oficina” donde se fabricaban los tubos o caños y las planchas, era muy amplia, debido a que las mesas necesarias para su confección tenían unos 25 m. de largo y había varias en cada local.
No faltaba destalle al lugar que tenía hasta Hospital, según apuntaba el profesor de Formación Profesional, José Antonio Martin Rodríguez, en su embrionario trabajo, “Planos y Recuerdos de Adra y la Fundición San Andrés”. A esta dependencia se le prestó en todo momento atención preferente.
El edificio constaba de dos plantas, estando la parte baja dedicada a los primeros cuidados y cura de los contusos y heridos que cotidianamente se producían por la mano de obra. En la segunda planta había ocho camas destinadas a los primeros cuidados de los “emplomados”.
Había una alberca donde recibía las aguas del manantial del Cercado y con los sobrantes de la utilizada en la industria se regaba la huerta, donde se cultivaban patatas, maíz, batatas y otros productos agrícolas. Esta actividad continuó aún muchos años después de cerrada la fábrica. En este lugar había una puerta monumental con un arco de medio punto, que impedía el paso a la huerta y estaba generalmente controlada. Las Caballerizas, era la casa de otro guarda, donde estaban las cuadras de los caballos de enganche y de montar.