La Voz de Almeria

Provincia

El Coto las Lomillas: un plató de cine de 1.400 hectáreas en pleno Desierto de Tabernas

La finca privada, situada en el término municipal de Gádor, es uno de los grandes escenarios naturales del cine en Almería y un paisaje recurrente en producciones audiovisuales

Uno de los paisajes del Coto Las Lomillas en Gádor.

Uno de los paisajes del Coto Las Lomillas en Gádor.Marina Ginés

Marina Ginés
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Durante décadas, millones de espectadores han contemplado paisajes de Almería sin saber que estaban viendo Almería. Han visto persecuciones en ramblas interminables, con vehículos avanzando entre terrenos escarpados mientras el polvo se levanta a su alrededor, escenarios que perfectamente podrían ser Kabul, Irán o Irak, paisajes del Lejano Oeste y lugares que, dentro de la ficción, parecen encontrarse a miles de kilómetros de la provincia. 

Sin embargo, muchos de esos paisajes están mucho más cerca de lo que parece. Se encuentran en el Coto Las Lomillas, una finca privada de unas 1.400 hectáreas situada en el término municipal de Gádor, dentro del entorno del Desierto de Tabernas, el único desierto de Europa.

Caminos escarpados del Coto las Lomillas.

Caminos escarpados del Coto las Lomillas.Marina Ginés

Carlos Martínez, presidente del Coto Las Lomillas, conoce perfectamente esa transformación. Durante los años que lleva vinculado al coto ha visto llegar numerosas producciones y reconoce muchos de los paisajes cuando posteriormente aparecen en la pantalla.

Las grandes extensiones de terreno seco, las paredes escarpadas y los cerros erosionados permiten recrear paisajes que el espectador puede identificar inmediatamente con Oriente Medio. Una persecución en la que varios vehículos avanzan por una rambla, levantando una nube de polvo mientras el terreno se abre y se cierra a su alrededor, podría parecer perfectamente rodada en Afganistán, Irán o Irak. Sin embargo, las cámaras pueden estar captando en realidad un paisaje de Gádor.

El paisaje de Indiana Jones también está en Almería

Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en 'Indiana Jones y la última cruzada', la película protagonizada por Harrison Ford y Sean Connery. Durante el recorrido por el Coto Las Lomillas, Carlos Martínez identifica el entorno del cerro Alfaro utilizado en la producción.

En la película, Indiana Jones y su padre atraviesan un paisaje árido dentro de una de las aventuras de la saga. El escenario forma parte de la historia como un territorio situado lejos de Almería y, en una de las escenas, el vehículo termina precipitándose por un barranco. La escena, que para millones de espectadores transcurre en algún lugar indeterminado del mundo, fue rodada en un paisaje que hoy puede reconocerse desde la propia finca.

La entrada del Coto las Lomillas.

La entrada del Coto las Lomillas.Marina Ginés

El historial del Coto Las Lomillas incluye además producciones como Tomb Raider, Terminator, Assassin's Creed y Venom, así como series españolas como La Unidad Kabul. Son producciones muy diferentes entre sí, pero todas han encontrado en el terreno las condiciones necesarias para construir sus propios mundos cinematográficos.

La relación con el cine del Oeste, que hizo mundialmente famoso al Desierto de Tabernas, también forma parte de esta historia. Las mismas montañas, ramblas y llanos que durante décadas sirvieron para recrear el Lejano Oeste pueden utilizarse ahora para representar escenarios de Oriente Medio o cualquier otro territorio árido que necesite una producción. El paisaje permanece y lo que cambia es la historia que se construye alrededor de él.

Un plató para publicidad y hasta para el espacio

Sin embargo, la actividad del Coto Las Lomillas no se limita al cine y la televisión. La finca se ha convertido también en un escenario habitual para campañas publicitarias, especialmente relacionadas con automóviles y motocicletas. Las dimensiones del terreno y, sobre todo, el carácter privado de la propiedad ofrecen a las marcas la posibilidad de realizar grabaciones con un elevado grado de privacidad.

Este aspecto resulta especialmente importante cuando se trata de vehículos que todavía no han sido presentados públicamente. Una marca puede necesitar mostrar un nuevo modelo atravesando una rambla, recorriendo un terreno escarpado o circulando por un paisaje desértico sin que fotógrafos o curiosos puedan acceder al lugar y obtener imágenes antes de tiempo.

Martínez recuerda trabajos realizados para fabricantes de motocicletas como KTM, que han utilizado las características del terreno para realizar grabaciones y pruebas. Las ramblas, desniveles y superficies irregulares permiten mostrar las capacidades de una motocicleta al mismo tiempo que proporcionan un escenario visualmente espectacular.

También las marcas de moda y publicidad han encontrado en el Coto Las Lomillas un lugar adecuado para sus producciones. Entre los trabajos realizados en el entorno se encuentran campañas vinculadas a Zara, además de numerosas grabaciones de diferentes sectores que aprovechan la singularidad del paisaje almeriense.

La música tampoco ha quedado al margen. El coto ha acogido videoclips de artistas como Ana Mena, Vera GRV o RVFV, entre otros. En cada una de estas producciones vuelve a aparecer la misma particularidad: el paisaje puede parecer lejano y exótico en pantalla, pero detrás de la cámara está el término municipal de Gádor.

Además, la singularidad de este paisaje también ha llamado la atención de la Agencia Espacial Europea, que ya ha utilizado el terreno como campo de pruebas para tecnología destinada a futuras misiones espaciales. La similitud entre la orografía del desierto almeriense y determinados paisajes de Marte convierte sus ramblas, desniveles y terrenos áridos en un entorno especialmente interesante para poner a prueba prototipos de exploración.

Y no será la última visita. Según explica Carlos Martínez, la Agencia Espacial Europea tiene previsto regresar al Coto Las Lomillas el próximo mes de octubre para realizar nuevas pruebas relacionadas con el futuro robot que viajará a la Luna. 

Un rodaje puede ocupar la finca durante meses

Según explica Carlos Martínez, este año ha sido especialmente intenso y una producción llegó a ocupar la finca durante dos meses consecutivos. A ese trabajo se sumaron numerosas grabaciones de menor duración que se han desarrollado a lo largo del año.

Los grandes rodajes suponen un importante despliegue logístico. Durante semanas pueden llegar camiones, vehículos, maquinaria, equipos técnicos, grúas y decorados que ocupan diferentes zonas del coto. En una de las producciones que recuerda Martínez incluso fue necesario montar un avión por piezas para utilizarlo durante la grabación.

Sin embargo, el carácter cinematográfico de la finca es temporal. Una vez terminan los trabajos, los equipos y los decorados deben retirarse y el terreno tiene que quedar en las mismas condiciones en las que se encontraba antes del rodaje. Martínez explica que si una producción instala una construcción o un decorado para representar, por ejemplo, un escenario del Lejano Oeste, posteriormente tiene que desmontarlo y retirar todos los elementos.

Esa es precisamente otra de las claves de Las Lomillas como plató: las productoras no llegan a un escenario construido, sino a un paisaje real. Los decorados son temporales; las ramblas, los cerros y los barrancos ya estaban allí.

Un coto de caza privado que también conserva su fauna

Antes de convertirse en plató cinematográfico, el Coto Las Lomillas ya tenía otra función. Se trata de un coto de caza privado que fue adquirido en 1976 por 28 socios, quienes compraron las aproximadamente 1.400 hectáreas que conforman la finca. La actividad cinegética continúa formando parte de la gestión del espacio y es el origen de una propiedad que, con el paso de las décadas, terminó incorporando también la actividad audiovisual.

Los rodajes, por tanto, no son el origen del coto ni constituyen su actividad principal. Son una actividad complementaria que permite obtener unos recursos que, según explica Martínez, se destinan íntegramente a la propia finca. “Todo el dinero íntegro. Nosotros no repartimos nada de dinero para nosotros ni nada. Es para el campo”, señala el presidente.

La llegada de las productoras no ha supuesto abandonar esa función. Al contrario, según explica Carlos Martínez, los ingresos que genera la actividad audiovisual se reinvierten única y exclusivamente en la conservación y el mantenimiento de las especies que viven en el propio coto. El dinero de las películas, los anuncios y los demás rodajes sirve para mantener comederos, bebederos y realizar siembras destinadas a proporcionar alimento a los animales durante todo el año.

En el Coto Las Lomillas se mantienen comederos y bebederos y también se realizan siembras destinadas a proporcionar alimento a los animales. Conejos, perdices y jabalíes forman parte de las especies presentes en la finca y necesitan una atención constante para poder sobrevivir en un territorio donde las condiciones naturales son especialmente duras.

“Si no le pones comida a los animales, aquí, en el desierto, puro y duro, se mueren”, explica Martínez. El presidente del coto resume el objetivo de esta gestión con una frase: “Nosotros mantenemos que haya vida en el desierto”.

La actividad cinematográfica convive, además, con las restricciones ambientales existentes en el territorio. Dentro del coto hay zonas protegidas y espacios de especial singularidad que deben conservarse, por lo que las actuaciones sobre el terreno están sujetas a las correspondientes condiciones. El hecho de que una productora pueda rodar dentro de la finca no significa que pueda modificar el terreno a su voluntad: el paisaje y las zonas de especial protección deben mantenerse.

Esa combinación de actividad cinegética, conservación y producción audiovisual explica la particularidad de una finca que, pese a su enorme presencia en películas, anuncios y videoclips, continúa siendo una propiedad privada y un espacio gestionado durante todo el año. Dos usos que conviven en una misma finca y que explican por qué este rincón de Gádor continúa atrayendo tanto a quienes buscan conservarlo como a quienes buscan grabarlo.

tracking