La Junta de Andalucía y su sensación de omnipotencia
En pleno ojo del huracán de la COVID-19, uno de los (muchos) retos a los que nos enfrentamos es a la saturación informativa. Este gran mar de información en el que casi nos ahogamos cada día y que ya era inherente a la era digital ha duplicado su volumen en una situación en la que la información, más que nunca, puede salvar vidas. Aprovecharse de este contexto para que la gran sombra de la sobrecarga informativa oculte actos ciertamente deplorables es, cuando menos, deleznable. El hecho de que Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, compareciera el pasado domingo tras un atril encabezado por un escudo de Andalucía modificado, inventado, habla por sí solo. Seamos realistas: era improbable que alguien reparara en ello cuando vivimos asfixiados entre curvas y cifras de muertos. Pero ocurrió, y la irregularidad está servida: el presidente no tiene la capacidad de modificar este escudo; muchísimo menos sin previo aviso. Un disparate más de una Junta de Andalucía a la que sobran sombras, y faltan luces. En todos los sentidos.