La Voz de Almeria

Opinión

La trastienda de Cervantes

“Numerosos autores sostienen que hay un Cervantes de la trastienda, encubridor de su persona”

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Se ha escrito mucho sobre uno de los autores más leídos del mundo. Este nombre de sobra conocido,  y a la vez enigmático, donde los haya; hombre de armas o de letras, de sencillos escuderos o de doctos quijotes, de duelos que le llevaron a huir a Italia,  buscando con afán un empleo digno, estuvo al servicio del cardenal Acquaviva, al final se enrolo en la armada, cuya hazaña le valió la inutilidad de la mano izquierda, bautizándole con el  sobrenombre del   “manco de Lepanto”.
Su paso por la cárcel y posterior libertad, que puso en duda su honra, formaron parte de su historia y al final deambuló más de una década como recaudador de impuestos, aceite y  grano para la armada de Felipe II.
Como puede ver el lector, este hombre  “tocó todos los palos”, como se dice en el argot popular;  pero no serán estas decepciones las que más sorprendan, numerosos autores mantienen que hay un Cervantes de la trastienda, encubridor de su persona a través de los hechos que se reflejan en su obra cumbre. 
Si nos ceñimos al inicio de D. Quijote y basándonos en el poema del “El amante apaleado”. La famosa frase “En un lugar de la Mancha” Cervantes la toma en un sentido figurado, y literal del verso “y además se sirve del termino mancha para usarlo con doble intención, unas veces como un lugar geográfico, otras como estigma, macula.
Un lencero portugués
Recién venido a Castilla
Más valiente que Roldan
Y más galán que Macías
En un lugar de la Mancha
Que no le saldrá en su vida
Se enamoró muy de espacio
De una bella casadilla.
“Un lencero portugués recién venido a Castilla.” ¿Acaso era el propio Cervantes el lencero portugués recién llegado a Castilla?  Dejamos esta incógnita no solo a los autores que la sostienen, sino a todo aquel que quiera reflexionar sobre ella.
Por otra parte, tiene este apelativo “portugués” algo que ver en esta época con aquellos gallegos que ocultaban el serlo en Castilla, o judíos que procedentes de Portugal, se confundían con gallegos o leoneses, tras la instauración en Coímbra del tribunal de la Santa Inquisición.
Detengámonos en la siguiente observación de “El Amante apaleado”, el protagonista es lencero. Por cierto Cervantes mostro un gran conocimiento sobre paños y tejidos.
Pero además el término “mancha” es empleado con una doble digresión semántica, así podemos imaginarlo, referido a una zona geográfica, perteneciente a la meseta castellana y en otras ocasiones a un estigma, baldón o macula, de nacimiento, consustancial, que no le saldrá en la vida.
Tal vez el caballero de la triste figura;  al que llama triste, se trata de un manchado,  ¿quizás el mismo Cervantes?
Esta tramoya de manchas y san benitos que habían separado al cristiano nuevo del viejo, y el regreso de portugueses manchados y la condición de aquellos que presumen del monopolio de puros, podrían ser diferencias que Cervantes sufrió y quiso poner de manifiesto en una sociedad dominada por el poder religioso y la discriminación racial.



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