Esa manía de tener un plan
Aunque hay mucha gente que habla de ellos y todo el mundo se hace una idea de la gran cantidad de cosas que podríamos hacer si tuviéramos uno, no conozco a nadie que los haya visto y manejado. No les hablo de los billetes de 500 euros, sino de los no menos famosos “planes estratégicos” para las ciudades. Seguro que habrán escuchado a algún político o aspirante a gurú asociativo proclamar la necesidad que tiene Almería de “un plan estratégico de ciudad”, o cualquier otra vidriosa formulación de la nada más inconcreta. El último que quiere ocupar minutos de los informativos repitiendo el mantra pluscuamperfecto ha sido el portavoz-senador del PSOE en el Ayuntamiento de la capital, Juan Carlos Pérez Navas, que ha tirado de fondo de armario argumental para saludar la puesta en marcha del Consejo Social de la Ciudad solicitando un plan estratégico para Almería. Igual que los derviches giran y giran sobre sí mismos al son de una música hipnótica, el buen progre entra en éxtasis invocando la necesidad de un plan estratégico que ocupe horas de debate concéntrico al reparto habitual de desocupados. Lo más gracioso es que todos los convencidos de la urgente necesidad de un plan que defina los objetivos, las debilidades, los pros y los contras de Almería, son los mismos que cuando están en el gobierno municipal olvidan la retórica hueca de las estrategias, los cónclaves y los circunloquios. ¡Anda que no tuvieron años para hacer no ya uno, sino diez o doce planes estratégicos! Y eso por no entrar en algunas “estrategias de futuro” del PSOE almeriense, siempre a las órdenes de Sevilla, que consisten en poner al Ayuntamiento de felpudo de la Junta de Andalucía, como cuando el señor Pérez Navas insistía en que el mineral de hierro volviera a atravesar Almería. Y es que, a este paso, lo de “tener un plan” se va a quedar más antiguo que las comedias de Alfonso Paso.