Vanguardia escénica en las mezquitas
Hay mucho pánfilo deslumbrado por los gestos y gestas de los nuevos alcaldes del sedicente progreso, que siguen teniendo a sus ciudades con los mismos problemas de siempre, pero que ahora hacen, dicen o permiten alguna majadería de amplio recorrido mediático. Me van a permitir que enfoque el punto de vista de los fascinados por la quincallería de las cabalgatas frikis y de los que salen a defender el mérito escénico de dos desgarramantas. Intentar epatar a la burguesía es bastante más viejo que la dentadura de la alcaldesa Carmena. Lo de “épater le bourgeois”, o despreciar y escarnecer a la clase media con gestos y declaraciones extravagantes, ya se llevaba en la Francia de mediados del XIX y llegó a España más tarde, sin que llegase a cuajar un movimiento equiparable.
Pero la cosa ha cambiado gracias a la aparición de Podemos y sus afluentes y mareas, a los que no se puede atribuir méritos rompedores. Están tratando de escandalizar con extravagancias que, al provocar la reacción esperada, alimentan el discurso de la necesidad de regeneración y cambio que luego asumen los deslumbrados que decía antes. La última puesta en escena la hemos visto en Barcelona, donde la alcaldesa Colau ha patrocinado un certamen poético en donde la ganadora ha salido a recitar un padrenuestro lleno de groserías y mamarrachadas, buscando una reacción que luego podrá ser interpretada como fruto de la intransigencia y del hedor de la caverna mediática. ¿Qué otra cosa se puede esperar de una alcaldesa capaz de fichar como jefa de prensa a una activista de la meada callejera? En todo caso, me atrevo a sugerir a la poetisa premiada y a la alcaldesa premiadora que, si tanto gustan de la de la digresión y de la vanguardia escénica, que demuestren su multiculturalidad haciendo lo mismo en una mezquita, recitando suras del Corán con alusiones vaginales. Si se atreven, claro.