Jacinto Soriano sobre Albert Camus
Cuídate de la hoz sin el martillo, cuídate del martillo sin la hoz, recomendaba el poeta Vallejo, y algo así podría decirse del saber y de la vida mismos.
Asistí hace unas semanas en la Escuela Oficial de Idiomas a una magnífica charla sobre Albert Camus de Jacinto Soriano, el almeriense de Uleila que se marchó a París en 1963, que fue durante décadas profesor de en la Sorbona y que desarrolló un importante trabajo en el teatro universitario parisino.
Hizo el profesor Soriano una precisa disección de la obra y el significado histórico de Camus e hizo el ciudadano Soriano una pasional incursión en la vida parisina de aquella años previos al 68 en los que el Sartre presente y el Camus fatalmente ausente mantenían un pulso intelectual e ideológico que, a la postre, ha ganado éste, el francés argelino nieto de española (Catalina Cardona Fedelic, de San Luis, Mahón, casada con Etienne Sintes, hijo de menorquines de Ciudadela) que supo remontar la historia y la vida desde esa nada que supone la pobreza.
La reflexión sobre el modelo de revolucionario que dibujó Camus y la descripción de su personalidad tan seductora en lo ideológico, lo literario y lo estrictamente biográfico fueron los ejes de una intervención que alcanzó momentos de emoción con la evocación de María Casares, la actriz hija del presidente del Gobierno republicano que fue el gran amor del escritor.
Reflexión intelectual y testimonio casi de primera mano constituyeron el eje de una charla que provocó un amplio coloquio sobre la sociedad de hoy y la izquierda actual, prueba más que contundente de la vigencia de ese Camus que creía en la suma de los individuos comprometidos, y no en estancos conceptos sociológicos y mucho menos de aparato, como el sujeto del avance histórico, de la revolución que siempre persiguió.
Saber y pasión por los grandes pálpitos de la vida ofreció Jacinto Soriano en una charla que nos transportó a unos años en los que el individuo aún se reconocía en la historia y en los que el intelecto solía aún ponerse día a día al tablero del debate y de la política. Fue un lujo oír al profesor y ciudadano hablando de la vida con saber, juntó el martillo y la hoz.