La Voz de Almeria

Opinión

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Puede que haya sido por la reiteración del metaforismo, por la concentración de miasmas en el “prietas las filas” de cabecera o por los excesos primaverales del polen y otras hierbas, pero el caso es que hay sindicalistas que al llegar el momento del discurso-cumbre de una manifestación, se crecen y se gustan de tal modo que acaban en pleno despeñe diurérico. Así, la otra mañana los portavoces sindicales almerienses proclamaron en Puerta Purearan que en España había “un gobierno fascista” (sic) que debería irse “a la misma mierda”(sic). Así de textual y así de profundo fue el mensaje. Y claro, no es cuestión ahora de sacar a pasear a los compañeros sindicalistas de tarjeta prodigiosa o con colchón anatómico en moneda de curso legal, pero lo que trasciende del gesto es la exigencia, que no petición, de un sedimente “Pacto de Estado” como medida taumatúrgica de resolución de problemas. Pero claro, no olvidemos que quienes propugnan ese mágico acuerdo -una especie de Bálsamo de Fierabrás socioeconómico- no son precisamente unos campeones del diálogo (véanse las evacuaciones verbales anteriormente descritas) porque conminaron a la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, a suscribir el pacto en los términos que ellos determinen o, de lo contrario, “habría que correrla a gorronas” (sic.) Es decir, o pasas por donde yo diga o te crujo. Eso, ustedes perdonen, más que un Pacto de Estado es promulgar el Estado de Impacto contra el discrepante. Esta democracia persuasiva podrá parecer estupenda a los sindicalistas, pero al que suscribe, qué quieren que les diga, le parece un ejercicio de matonismo verbal de lo más desafortunado.


tracking