La Voz de Almeria

Opinión

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Después de tres décadas de minuciosa labor de igualación por lo bajo y crianza de incultos para su posterior estabulación frente a la telepropaganda oficial, la Junta de Andalucía sigue haciendo de la indigencia intelectual de los andaluces un objetivo irrenunciable, dados los buenos resultados electorales que tan nefasta política les ha procurado. Así se entiende que la delegada de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía en Málaga, la socialista Patricia Alba, haya considerado como “un ataque a la equidad de los estudiantes” que el Gobierno central exija una nota media de 5,5 para acceder a una beca educativa. Es decir, un suficiente raspado supone, para las señoras y señores del PSOE, un nivel de exigencia intolerable. Allá los socialistas con sus fantasías animadas de ayer y hoy, pero lo que resulta un verdadero ataque al sentido común es que después de treinta años de gestión educativa socialista, los andaluces sigamos a la cola de los indicadores culturales y de formación de España y el resto de la Unión Europea. Esa es la realidad y el resto son argumentaciones vacías y brindis al sol de un presunto progresismo. Y es que una sociedad no puede progresar adecuadamente sin educar a jóvenes en la cultura de la exigencia, del esfuerzo, de la responsabilidad y del mérito. Eliminar obstáculos por decreto en pos de una pretendida igualdad, de la defensa de “lo público” y otros folclores jornaleros no es más que una estrategia política diseñada por los nuevos señoritos andaluces para la recolección de apoyos por métodos agropecuarios. Un desinformado; un voto. Y lo malo es que les funciona.


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