Si para en Huércal ya no como
Aunque alguien pueda pensarlo, la duda metódica no es una corriente filosófica inventada por la Mesa de Ferrocarril del PSOE de Almería, sino que es un principio desarrollado por Descartes en el S.XVII. Pienso, luego existo, etcétera. Y uno se pregunta si, de tanto poner todo en duda, a los miembros de la Mesa se les desmoronan las certezas sobre su propia condición. ¿Soy o no soy sindicalista liberado? ¿Soy experto en consumo o no lo soy? ¿Soy ingeniero de caminos o no lo soy? Ya digo que no debe ser fácil vivir en esa espiral de intensidad que supone la permanente escenificación de la negación y esa candidatura perpetua a ganar el Goya a la incredulidad. Y temo que sean días complicados para el colectivo, porque por primera vez en la historia de la larga e injusta espera ferroviaria de Almería, los plazos anunciados se están cumpliendo y los anuncios y trámites aprobados empiezan a dejar entrever un escenario nunca contemplado antes. Y eso no encaja bien en el discurso del olvido y el maltrato sistemático en el que insiste el mobiliario auxiliar del PSOE. Y como esa locomotora humeante demanda una paletada de carbón tras otra, cuando no el desmantelamiento sobre la marcha de algún vagón para nutrir de más madera la guerra declarativa, hemos llegado a vivir situaciones tan pintorescas como la sucedida en un reciente desayuno informativo protagonizado por el Alcalde de León, ciudad capital gastronómica de España este año, en el que se compartían experiencias con la candidatura presentada por Almería al mismo fin.
En el turno de preguntas, el presidente de esta Mesa llegó a preguntar al alcalde leonés por el impacto negativo que, de cara al futuro de Almería 2019, podría tener el traslado temporal por obras de la estación a Huércal. Lo digo por si alguien quiere reflexionar acerca de la nebulosa barrera entre lo exagerado y lo estrafalario. ¿De verdad alguien piensa que si el tren para en Huércal ya no habrá interés por comer? Pues así seguimos.