Llover a gusto de todos
No se asuste, pero aquí hay algo que está fallando. Ha llovido bastante en Almería y, por el momento, existe al respecto un criterio unánime de razonable satisfacción, sin matizaciones. No tenemos “una catástrofe sobre la que ya habíamos alertado”, ni recapitulaciones comarcales con listas de daños y superficies anegadas, ni tampoco manejamos estimaciones económicas sobre las pérdidas, que siempre son “incalculables”, aunque todos las calculan. En definitiva, ha llovido y no nos ha quedado esa amarga estela de consecuencias que tiene la lluvia en una provincia en la que se mira al cielo rogando que empiece a llover y se sigue mirando al cielo para que pare.
Pero ya digo que ha llovido mucho y parece que bien. Francamente no me lo explico, porque no sólo hemos tenido más lluvia en tres días que en todos los agostos de los últimos 50 años, sino que también se han recargado los pantanos y los acuíferos. Y por raro que parezca, eso supone un factor de riesgo informativo en Almería. Porque lo llamativo no es que ayer, en pleno agosto, bajase agua por la desembocadura del Andarax. Lo más inquietante es que todo ello haya pasado sin la habitual proliferación de quejas y lamentos que ha convertido en Tabla de Ley no escrita el viejo aforismo de que nunca llueve a gusto de todos. De hecho, la lluvia en Almería es preludio de, además de las pailas de migas, de un chubasco declarativo de unos contra otros acusándose mutuamente de imprevisión y/o exageración. Pero ha llovido y no ha pasado nada malo. Sólo me queda la duda de saber si dentro de poco no aparecerá alguna entrevista con algún dietista lamentando los efectos negativos de la ingesta continuada de migas y los peligros del colesterol. Pero si echa de menos la zapatiesta y es usted de los que disfrutan con el ruido, no se preocupe: volverá a llover dentro de algún tiempo. Y volveremos a las andadas. Ya verá.