Gracias, Jero; a tu lado me sentía muy cerca de Dios
Salir en LA VOZ DE ALMERÍA le llegó al alma a mi vecino de la Torre 1

Jero tan feliz con la página de LA VOZ DE ALMERÍA.
Me he quedado de piedra. El pasado viernes nos íbamos a ver en la Iglesia de Los Ángeles. Tenía muchas ganas de abrazarlo y darnos dos besos. Era la misa de mi tía Antonia y como jugaba el Almería no pude asistir. Tenía muchas ganas de ver al padre don Jesús Tortosa, que desde que ha vuelto al barrio como párroco no hay manera. Nos reímos mucho hablando de él Jero y yo, cuando decíamos que él de la torre 1, don Jesús de la torre 2 y yo de la torre 3. Todos criados en el barrio de Los Ángeles. Me fluyen tantos recuerdos, pero siempre acabo en el mismo: Dios estaba a su lado. Me sentía muy cerca de él. Jero era una bella persona y el mejor sacristán.
Cuidaba de la madre de don Alejandro como si de un hijo más se tratase. Hasta el último de sus días estuvo a su lado y siempre pendiente de todo en la iglesia. Nosotros siempre nos veíamos en la puerta y me censuraba de forma cariñosa que: “Vas a Misa a San Ildefonso”, lo sabía todo de mi. Pero antes me pasaba a saludarlo y nos dábamos ese abrazo y un par de besos. El no sabía a lo que yo me dedicaba y cuando le dije el por qué no iba a su iglesia lo entendía. Don Ramón ponía la misa a las 7 y don Alejandro a las 8. “Y como te levantas a las 5 de la mañana... hasta el invierno no te pasas por aquí”. Era todo bondad y cariño, no pueden tener queja los curas de mi barrio.
Un día se me ocurrió sacar a la madre de don Alejandro en LA VOZ DE ALMERÍA porque me recordaba a la mía, y conté con su complicidad. No sabía nada de mi vinculación con el periódico y nos pusimos manos a la obra. Cuando todo estaba listo, dijo la madre de don Alejandro (Carmela Pérez Iglesias) que no quería salir (Jero sin saberlo). Al final su hijo habló con ella y sacamos una página con foto de Jero incluida. Le tuve que explicar a que se dedicaba su vecino de la torre 3 de las barandillas y tan orgulloso con los periódicos que le llevé.

Jero Aracil Moreno con el reportaje de LA VOZ sobre la madre de don Alejandro.
Dios está aquí, que dice la canción
Antes de que llegara don Jesús a tomar el mando de la parroquia de Los Ángeles le conté la vida y la obra de los Tortosa Marín. Una familia que remanece de Berja con cuatro hijos varones y unos padres tan queridos en el barrio que acabaron en el de la Plaza de Toros. Hablamos de nuestros partidos en el campo de la balsa y de las fechorías que cometíamos en las barandillas jugando al fútbol con la gente pasando. Jero tenía imán. Siempre le buscaba y le encontraba. A su lado estallaba la paz. Los coches pasando a toda velocidad, el ruido de las motos y Jero a mi lado era como la canción: ‘Dios está aquí’: paz en la tierra.
Un santo de carne y hueso
La última vez que nos vimos le prometí que me pasaría a saludar a don Jesús y echaríamos un ratico. Me preguntó la edad que tenía y me decía: “Si eres mayor que yo... qué bien te conservas”. No le gustaba llamar la atención y le dije que: “Cuando vea a don Jesús le voy a decir que te de caña”. Y nos pusimos a reír sin control. En mi barrio a los que son como Jero decimos que son: “Un pedacico de pan”. Un santo de carne y juego de los que vienen al mundo a hacer el bien. De esos que salen en el Evangelio que cada día leo después de tomar café antes de las 6 de la mañana. Jero sabe (sabía) de mis lecturas y de mi afinidad a las ‘misas reglamentarias’. “A ti que no te saquen de la media hora”, me decía, y cuando llegaba y el día era especial con doble lectura y sermón de día festivo le entraba la sonrisilla como diciendo: “hoy te acuestas más tarde”. No tiene recambio el sacristán de Los Ángeles, menuda baja tiene don Jesús Tortosa. Me alegro por la madre de don Alejandro que ya tiene a Jero a su lado.