El barrio de lujo de Almería que nació sin agua y en el que Bisbal tiene una casa
Es uno de los rincones más singulares de la costa de Almería

Chalet en esta urbanización almeriense.
A apenas unos minutos de Almería, cuando la carretera del Cañarete avanza entre curvas pegadas al mar, un desvío discreto que muchos conductores pasan por alto conduce hasta una urbanización encaramada sobre los acantilados, donde la sierra de Gádor se desploma hacia el Mediterráneo, creando una de las vistas más inesperadas de toda la costa almeriense.
Lo que hoy parece un lugar tranquilo y casi oculto nació en los años 60, fundado por el entonces ministro de Turismo Manuel Fraga (concretamente, el mismo año, 1966, de su famoso baño en Palomares), como un ambicioso proyecto vinculado al auge del turismo internacional, con la intención de atraer a compradores extranjeros a través de una urbanización exclusiva diseñada por el arquitecto Fernando Casinello, con calles dedicadas a la realeza y viviendas pensadas para aprovechar al máximo la panorámica al mar.
Sin embargo, aquel plan chocó pronto con la realidad, ya que el desarrollo avanzó sin que llegaran al mismo ritmo los servicios básicos, provocando que durante sus primeros años el barrio careciera de agua corriente, alumbrado o infraestructuras adecuadas, una situación que llevó al abandono de muchos de sus primeros propietarios y dejó el proyecto a medias.
Con el paso del tiempo, Castell del Rey encontró una segunda vida gracias a vecinos de la capital que comenzaron a ocupar las viviendas en busca de tranquilidad y cercanía, iniciando un proceso lento de consolidación que permitió la llegada progresiva de servicios hasta su integración como pedanía de la capital en 1986. Fue diez años más tarde, en 1996, cuando por fin llegó el agua, dedicando desde entonces, y a falta de iglesia y patrón, sus fiestas a este acontecimiento.
Recorrer sus calles es hacerlo por un espacio que no responde a los modelos habituales del litoral, con casas construidas de forma irregular, adaptadas a la pendiente y sin una estética uniforme, lo que refuerza la sensación de estar en un lugar distinto, más espontáneo y menos condicionado por el urbanismo planificado. Una de ellas es propiedad del artista almeriense David Bisbal.
Pero el verdadero valor de Castell del Rey está en su entorno, ya que basta con acercarse a los bordes del barrio para descubrir cómo los acantilados caen en vertical hacia el mar, formando un paisaje que ofrece una panorámica amplia de la bahía almeriense y convierte cualquier paseo en una experiencia marcada por la amplitud y el silencio.
A ese entorno se suma además la presencia cercana de vestigios de la Guerra civil española, así como elementos históricos como la torre de la Garrofa o el castillo de San Telmo, que refuerzan la sensación de estar en un enclave donde paisaje e historia se entrelazan sin artificios.
Hoy, Castell del Rey conserva precisamente lo que lo hace especial: su carácter discreto, su historia irregular y una ubicación privilegiada que, sin necesidad de grandes reclamos, lo convierte en uno de los rincones más singulares y menos evidentes de la costa de Almería.