obituario por Manuel Segura
Manolo, qué mal nos dejas
José Mª Ortega, amigo

Tras varios años de dura lucha contra el cáncer, ese enemigo implacable que con tanta saña nos ataca a tantos, lucha llevada con la entereza y dignidad que puso en todas sus actuaciones, Manolo sucumbió y nos dejó para siempre, no un ‘buen hombre’, sino un hombre auténticamente bueno. Amigo, si pudieras oírme, te echaría en cara lo mal que nos dejas con tu desaparición a este centenar de parejas amigas que, con tu paciencia, tu pericia y tu amabilidad, conseguiste introducirnos y aficionarnos de manera desinteresada en el baile de salón. Fuiste capaz de hacer que hasta un ‘marmolillo’ como yo se entusiasmara y bailara salsa y tango sin que los que hubiera alrededor tuvieran que huir de espanto. ¿Cómo vamos a bailar ahora la salsa en rueda cubana?, ¿quién va a marcar el cambio de pasos? Claro que en esta difícil empresa siempre contaste con la valiosa colaboración de Reme, tu compañera de cuerpo y alma. Ella es la que más íntimamente te echará de menos y llorará tu ausencia, pese al apoyo natural de tus hijos Sergio y Rocío y por más que intentemos consolarla los muchos amigos que supisteis hacer por donde quiera que pasasteis. Manolo, los que, como tú y yo no creemos en la transcendencia a otra vida y actuamos por convicción natural, no por la promesa de un premio o la amenaza de un castigo, somos conscientes de que con esta vida se acabó lo que se daba y de que tú precisamente has dado mucho y bueno. Has sabido sembrar en nuestra memoria la suficiente bondad para que, aunque tú nos hayas abandonado, nosotros no te olvidemos. En fin, amigo: en efecto, hasta nunca; pero en afecto, hasta siempre.