La fotografía que desvela una historia

Las hijas del pintor Pedro Cervantes descubren la obra pictórica de su padre en Oria

Isabel y Remedios Cervantes, dos de las tres hijas del pintor Pedro Cervantes.
Isabel y Remedios Cervantes, dos de las tres hijas del pintor Pedro Cervantes. La Voz

Nunca una fotografía de mitad del pasado siglo causó tanta sorpresa y emoción como las sentidas por sus descubridoras, las hijas del pintor, natural de Vera, Pedro Cervantes. Nunca se sabrá si el desenlace de este relato ha sido simplemente obra del azar, de la casualidad o de que dicho documento gráfico estaba destinado a tal finalidad.


Isabel y Remedios Cervantes Caparrós, dos de las tres hijas, junto a Ángela, de Pedro Cervantes Gallardo, pintor veratense que emigró a Barcelona en los años cincuenta, donde falleció en 2009, acudieron, semanas atrás, a visitar la Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes de Oria y, en concreto, a descubrir la magna obra de su padre, el fresco pintado en el frontal que ocupara el primitivo retablo del templo, destruido en la fratricida contienda de 1936.


La fotografía

Tras este encuentro subyace una curiosa e interesante historia que comienza unos cuantos meses atrás cuando las hijas del artista almeriense encuentran una fotografía en blanco y negro del altar mayor de la Basílica, incluida en uno de los álbumes que les legó su padre antes de morir, quien tenía por costumbre fotografiar y guardar todas las reproducciones gráficas de las obras que realizaba. 


En una segunda revisión de dichos álbumes se percatan de que en el pie de la referida fotografía figura la palabra Oria, escrita a lápiz, de puño y letra de su padre, con trazos muy finos. ¿Adónde estaría aquella imagen tan inmensa?, ¿Qué sería Oria?, se preguntaron cuán sorprendidas y extrañadas. A pesar de regresar todas los veranos, desde Barcelona a la casa familiar de Vera, nunca jamás habían oído el nombre de Oria ni sabían a qué podía responder. No tardaron en reaccionar para tratar de discernir el misterio de aquel hallazgo. Remedios colgó la fotografía en la página de Facebook de su padre que las hijas mantienen. 


Poco tiempo después, esta fue compartida por el poeta veratense Diego Alonso en su página, que a su vez vio el poeta y técnico de Cultura de Oria, Ginés Reche, quien gratamente sorprendido informó al poeta levantino de que se trataba de la pintura del templo orialeño. Ginés Reche comunicó con Remedios Cervantes, quien, felizmente agradecida por la información relativa a la magna obra de su padre, expresó el deseo de toda su familia de desplazarse a Oria para conocer in situ el trabajo desarrollado por su progenitor. Un anhelo que los descendientes de Pedro Cervantes han podido satisfacer recientemente.


El retablo emulado

Como consta en el propio fresco, la ejecución de la pintura se efectuó en el año 1950. La iniciativa partió del entonces párroco, Gonzalo Rodríguez Martínez y del alcalde de la Villa, Luis Reche Galera, a quien mientras visitaban el templo parroquial, el artista efectuó un retrato a lápiz que conservan en perfecto estado las hijas del edil. 


Conocida la profesionalidad y trayectoria del pintor veratense, todo apunta a que la elección de este artista para la ejecución de la pintura se debe a la información facilitada en aquellos años por el matrimonio orialeño compuesto por Santa González y su marido, Pedro Martínez Burgos, dado que ella era natural de Cuevas del Almanzora, en cuya iglesia también existen algunas pinturas del autor. Aunque se desconoce con exactitud el importe del trabajo pictórico, sí parece que fue sufragado en gran parte por el Ayuntamiento orialeño.


El fresco representa al Arcángel San Miguel – inspirado en una portada de la revista “Espigas y Azucenas”- situado en el centro, sobre el arco de lo que después sería camarín de la patrona, la Virgen de las Mercedes. Sobre dicho arco está reproducido el escudo episcopal de Alfonso Ródenas García, quien era obispo de la diócesis de Almería en aquel tiempo. El retablo emulado está coronado por un lienzo de la Santísima Trinidad, en cuyo pie figuran las letras G.R., iniciales del entonces párroco, Gonzalo Rodríguez Marínez, pero también abreviatura de “Gloria al Redentor”.


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