Almería disfruta de dos horas mágicas con Luz Casal, que llena el Auditorio Maestro Padilla
La cantante, toda una referente de la música, presentó el disco ‘Me voy a permitir’, junto a sus grandes himnos

Luz Casal desplegó todo su repertorio en Almería y puso en pie al Auditorio Maestro Padilla.
Si hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer, pocas trayectorias en la música española representan mejor ese espíritu que la de Luz Casal. Una artista que ha contribuido de manera decidida a transformar la sociedad hacia una igualdad más real. Lo ha expresado con hechos, con su personalidad, con el compromiso en sus letras y canciones, pero, sobre todo, con su forma de encarar el día a día y los avatares que se presentan en cada etapa. Honesta y valiente, es un referente tanto en la música como en la vida. Anoche también lo reafirmó dedicando la canción número 8, ‘No me importa nada’, a todas las mujeres, en la víspera del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
Una música que ha marcado varias generaciones
Luz Casal se encuentra en un momento vital y artístico en el que -como ella misma proclamó sobre el escenario- se permite lo que quiere, y ha trasladado esa libertad a un disco sublime, ‘Me voy a permitir’, que está compartiendo en la gira que anoche, sábado, recaló en el Auditorio Maestro Padilla. Un trabajo que reúne cinco canciones nuevas y cinco versiones que dialogan con su propia historia musical. Durante dos horas de concierto y un repertorio de 22 temas, la artista acercó ese nuevo universo al público almeriense, sin olvidar los himnos que han marcado varias generaciones.

El Maestro Padilla, abarrotado para disfrutar con Luz Casal.
Las entradas se agotaron varias semanas atrás
El recital, enmarcado en el programa de invierno cultural del Ayuntamiento, se celebró con las entradas agotadas desde semanas antes. El concejal de Cultura, Diego Cruz, ha afirmado que “estamos entusiasmado con la presencia de Luz Casal en nuestro Auditorio, todo un referente que ha sido recibido con los brazos abiertos por los almerienses, que desde hace semanas agotaron entradas. El concierto ha sido maravilloso y es de los que dan sentido a la música”.
Sobre el escenario, Luz Casal mostró una forma de interpretar inconfundible. Tiene una voz grave, rasgada y cálida a la vez, capaz de pasar del susurro a la intensidad dramática en cuestión de segundos. Y es que Luz Casal no canta simplemente canciones: las habita. Cada frase estaba cargada de intención, de matices y de emoción. No busca la perfección técnica como objetivo final, sino la verdad emocional de cada palabra. Y quizás por eso, después de tantos años de carrera, su música sigue teniendo la misma fuerza: porque cada vez que canta parece hacerlo como si fuera la primera vez. Y también como si fuera imprescindible.

Radiante en el escenario almeriense.
Almería, muy presente en la carrera de Luz
La cantante estuvo acompañada de una banda integrada por cinco excelentes músicos, entre ellos el batería Tino di Geraldo, enorme, y muy vinculado con Almería y el Festival de Jazz de la ciudad. Con una cuidada escenografía y tres cambios de vestuario, y cuidó todos los detalles, comenzando con el reconocimiento al Maestro Padilla, el compositor que da nombre al Auditorio.
Un viaje musical entre la intimidad y el himno
La noche arrancó con ‘Qué has hecho conmigo’, una de las cartas de presentación de su nuevo disco, que mostró a una Luz contemporánea pero fiel a su identidad. Le siguió ‘A cada paso’, que reforzó esa sensación de viaje vital que atraviesa buena parte de su repertorio. La intensidad emocional se hizo palpable con ‘Sentir’ y con ‘Lágrima’, el fado popularizado por Amália Rodrigues que la cantante interpreta desde la contención y la profundidad, uno de los homenajes femeninos que inspiran el nuevo trabajo.
Con ‘Bravo’ llegó la mirada hacia el repertorio latinoamericano, un tema, como ella confiesa, dedicada al odio, “un sentimiento que yo no tengo”. ‘Entre mis recuerdos’ despertó la primera gran ola de nostalgia colectiva en el patio de butacas, y que como ella confiesa, está dedicada a su padre.

Dando todo en el escenario.
Uno de los momentos más celebrados llegó con ‘No me importa nada’, convertida desde hace décadas en un himno de independencia. La artista quiso dedicarla expresamente a las mujeres, un gesto especialmente significativo en la víspera del Día Internacional de la Mujer.
Piezas muy celebradas entre el público
La noche continuó con ‘Todo cambia’, cargada de simbolismo y esperanza, y con ‘Besaré el suelo’, que el público recibió con entusiasmo. La delicadeza de ‘Un nuevo día brillará’ dio paso a la intensidad narrativa de ‘El blues de la cebolla’, una de las composiciones más singulares de su último álbum. El repertorio siguió desplegando contrastes con ‘Nada es imposible’, ‘Parece ser’ y la propia ‘Me voy a permitir’, casi una declaración de principios sobre el escenario. Después llegaron piezas tan celebradas como ‘Tal para cual’.

Puesta en escena magnífica.
En la recta final llegaron algunos de los temas más reconocibles de la noche. ‘Rufino’ convirtió el Auditorio en un coro colectivo, seguido por ‘Loca’ y ‘Pedazo de cielo’, antes de que el público reclamara los bises. Y entonces llegaron tres joyas: ‘Negra sombra’, interpretada con una emoción casi litúrgica; ‘Piensa en mí’, que volvió a llenar de silencio expectante la sala; y ‘Te dejé marchar’, cierre perfecto para una noche de intensidad musical.

Una voz única e inconfundible.
Una leyenda forjada a base de trabajo
La historia de Luz Casal en Almería tiene, además, memoria. Muchos recuerdan su primera presencia, en la gira ‘Rock de una noche de verano’, el año 1983, liderada por Miguel Ríos junto a Leño, cuando aún comenzaba a forjar su leyenda. Desde entonces han pasado décadas de crecimiento artístico, premios y reconocimiento internacional, y escasas presencias en la ciudad, por lo que el concierto era muy deseado.

Almería se lo pasó de cine con Luz Casal.
Pero lo esencial sigue siendo lo mismo: una voz inconfundible, una personalidad irrepetible y una forma de cantar que parece hablarle directamente a cada persona del público. Quizá por eso, cuando las luces se encendieron y la artista se despidió del escenario, el aplauso del público almeriense se prolongó durante varios minutos. No era solo el final de un concierto: era la celebración de una trayectoria que, como sus canciones, ya forma parte de la memoria emocional de varias generaciones.