De La Juaida a la Vega de Acá: las cuatro zonas de Almería convertidas en circuitos para carreras ilegales
"Tenemos miedo a que un día pase lo peor": preocupación entre los trabajadores y empresarios de los polígonos

Imagen de archivo de dos vehículos involucrados en una carrera ilegal
Cuando la ciudad ya duerme y solo quedan encendidas las luces frías de las naves industriales, en algunos polígonos de Almería empieza otra vida: la de los motores que despiertan como bestias metálicas, el olor a gasolina recién quemada y el eco grave de un acelerón que corta la noche en dos. En esas rectas pensadas para camiones y mercancías, la velocidad se convierte en un pacto secreto.
Los coches se alinean en silencio, los pilotos aprietan el volante como si fuera una extensión de sus huesos, y durante unos segundos todo queda suspendido: la luz, el aire, incluso el tiempo.
Luego llega el estallido. Un rugido que se expande entre las naves, neumáticos que muerden el asfalto, faros que se funden con la oscuridad mientras los coches se lanzan hacia la primera rotonda como si quisieran arrancarle un segundo más a la madrugada. Es en ese territorio de sombras —mitad circuito improvisado, mitad escenario clandestino— donde la velocidad deja de ser un número y se convierte en una manera de desafiar la noche.
Y es ahí donde empiezan las carreras clandestinas que han puesto en alerta a trabajadores y empresarios de estas zonas industriales. En el Polígono La Juaida, en Viator, varios empresarios observan con creciente inquietud un fenómeno que, según cuentan, empieza a consolidarse en la zona.
Aseguran que las carreras nocturnas han llegado también a este enclave industrial y que algunos conductores utilizan las vías enmarcadas por las calles Andalucía y Baleares —un rectángulo perfecto formado por cuatro rectas amplias y dos rotondas en los extremos— como si fueran un circuito improvisado para lanzar los vehículos a toda carrera.
Los testimonios se repiten: acelerones a altas horas de la madrugada, maniobras bruscas y coches circulando a gran velocidad por vías pensadas para tránsito pesado, trabajadores y camiones. “Tenemos miedo de que esto termine con alguien atropellado y pase lo peor”, explica uno de los empresarios consultados por LA VOZ.
Una pista que lleva a la capital
Aun así, rastrear la presencia real de estas carreras clandestinas no es tarea sencilla. En las naves colindantes al supuesto improvisado circuito de La Juaida, la respuesta suele ser la misma: nadie ha visto nada. “Seguramente pasa de madrugada, los fines de semana… y aquí entonces ya no queda nadie”, comentan varios empleados, conscientes de que el polígono se vacía por completo cuando cae la noche.
Entre conversaciones, sin embargo, surge una pista que apunta fuera de Viator y conduce directamente a Almería capital. “En la Vega de Acá también se hacen este tipo de carreras”, afirma un testimonio que conoce bien el ambiente. Por motivos de seguridad, prefiere no señalar la localización exacta, pero su descripción coincide con las avenidas más rectas y anchas del barrio.
Todo apunta al tramo de la Avenida de la Vega de Acá junto al Recinto Ferial: una zona amplia, relativamente aislada y con explanadas que, bajo la oscuridad, podrían convertirse en un escenario idóneo para los que buscan transformar la madrugada en un circuito.
El estadio y la última gran recta
Otros testimonios sitúan la existencia de carreras clandestinas no muy lejos de allí, siguiendo las vías que conectan el Estadio de la UD Almería con la zona de La Pipa. Es un recorrido amplio, con varios tramos rectos que se suceden como líneas tensas dibujadas sobre el asfalto. “Hace tiempo que se hacían este tipo de carreras por aquí”, comenta un vecino. No es una zona especialmente transitada de madrugada, y esa combinación —rectas largas y ausencia de tráfico— lo que lo convertían en un punto recurrente para quienes buscan acelerar sin ser vistos.
Un tercer lugar señalado por vecinos lleva hasta la última gran recta abierta recientemente en Almería, un tramo nuevo, ancho y prácticamente aislado. Por sus dimensiones, podría decirse que se presta a competiciones al estilo ‘drag racing’, esas carreras de aceleración en las que dos coches parten desde parado, lado a lado, hasta que uno consigue imponerse por pura potencia en una distancia corta pero explosiva. “Eso está detrás del centro comercial Torrecárdenas”, apunta un residente que asegura haber visto grupos de coches reunidos allí en varias ocasiones.
Con esas indicaciones, no resulta difícil deducir que muchos hablan de la Avenida Constitución de Cádiz, una vía extensa, recta y de reciente apertura. Un escenario tentador para quienes buscan convertir unos pocos cientos de metros en un corredor de velocidad clandestina. El escenario tampoco es casual. El polígono industrial, con sus rectas amplias, rotondas generosas y ausencia total de tráfico en la madrugada, se convierte en un imán natural para quienes buscan velocidad y disfrutan dejando goma marcada sobre el asfalto.
Derrapes y trompos en la explanada
Es un territorio en penumbra donde el eco de un motor se escucha a cientos de metros, un espacio que, cuando la ciudad duerme, muta en una pista de pruebas clandestina. Fuentes policiales de Roquetas de Mar confirman a LA VOZ que en alguna ocasión el aparcamiento del Palacio de Congresos ha servido de improvisado circuito nocturno.
Allí, entre columnas de hormigón y farolas anaranjadas, varios conductores han aprovechado las explanadas para practicar derrapes y trompos antes de dispersarse en cuestión de minutos. No hay constancia de accidentes, pero los agentes reconocen que estos comportamientos se repiten de manera intermitente.
Algo similar ocurre en el polígono de Campohermoso, donde vecinos y trabajadores han visto, de vez en cuando, maniobras bruscas y aceleraciones propias de una exhibición no autorizada. Los testimonios hablan de grupos pequeños que llegan, ejecutan varias maniobras de derrape y se marchan sin dejar más rastro que las marcas circulares sobre el pavimento.