La Voz de Almeria

Sucesos

"Entran y vacían el camión, ya ni denunciamos": el calvario de los empresarios de Almería con los ladrones de diésel

El robo de combustible se convierte en un golpe recurrente para la industria almeriense

Víctor Navarro
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En La Juaida, cada amanecer empieza con un ritual que los empresarios conocen demasiado bien: comprobar los depósitos de carburante. La escena se repite en distintos puntos del polígono y lleva semanas desesperando a empleados a propietarios, jefes y empleados: tanques abiertos, gasóleo sustraído y vehículos inmovilizados a primera hora de la mañana.

Varias empresas de este polígono industrial de Viator, han sufrido en el último mes robos reiterados de gasóleo en vehículos de empresa, ya sea de representación comercial, pesados y maquinaria estacionada en la vía pública y en el interior de recintos privados.

Estos ladrones de combustible no utilizan técnicas de alta tecnología para perpetrar los robos. Al contrario, recurren a procedimientos rudimentarios, según explican a LA VOZ algunos de los afectados: el método de siempre, un tubo de goma, la succión directa y que la física haga su trabajo.

Noche, práctica y rapidez

La última empresa afectada describe el patrón: los ladrones llegan en plena noche, cuando no queda ningún trabajador y el silencio de las calles industriales es absoluto. No buscan sofisticación ni herramientas tecnológicas; solo rapidez y práctica. Abren la ventanilla del depósito, introducen un tubo de goma y comienzan a extraer el gasóleo hacia garrafas de plástico que cargan en un vehículo.

Las compañías afectadas explican que los autores no se limitan a la vía pública. También saltan cancelas, acceden a patios interiores y bordean vallas con la tranquilidad de quien cree no ser descubierto.

Las cámaras de seguridad instaladas en las naves no parecen disuadirlos y, cubiertos con sudaderas con capucha, vacían vehículos y maquinaria con movimientos casi coreografiados. "como si fueran paradas de una gymkana", actuando de forma rápida y secuencial. Explica el afectado mientras muestra las imágenes de la cámara de seguridad: el ladrón, andando entre una fila de camiones, mientras se dedica a su negocio.

Un fenómeno que afecta a los polígonos de Almería

La frecuencia de estos robos ha convertido el fenómeno en un problema de notable impacto económico para el tejido industrial almeriense. La situación no es aislada. Según explican varias empresas, este tipo de robos se repite en distintos polígonos de la provincia, donde la combinación de grandes vehículos estacionados al aire libre y una vigilancia limitada se convierte en un caldo de cultivo perfecto para los ladrones de carburante. "Si vas al Poniente encontrarás este tipo de robos también".

En La Juaida, la última empresa víctima asegura haber sufrido varios episodios en el último mes. Para los empresarios, el golpe económico no es solo el valor del carburante: es la paralización de la actividad. Los vehículos no pueden arrancar, los repartos se retrasan y las obras comienzan tarde. “Nos afecta a todos los niveles”, señalan.

Uno solo de estos depósitos —especialmente los de camiones y maquinaria pesada— puede contener entre 200 y 500 litros, lo que convierte el botín en un objetivo rentable para quienes se dedican al robo de carburante. A esa rentabilidad se suma, según los empresarios, la convicción de que "podrán marcharse antes de que llegue una patrulla".

Una respuesta con recursos limitados

En La Juaida insisten en que no han tenido conflictos ni quejas con las empresas de seguridad privada que han operado en el polígono. Su preocupación, remarcan, no está ahí, sino en la capacidad de respuesta de la Guardia Civil cuando se producen robos de madrugada.

No cuestionan el trabajo de los agentes, sino la falta de efectivos disponibles en el puesto de Huércal de Almería, que debe cubrir desde la rotonda de la BP que está después del tanatorio hasta Rioja y la subestación eléctrica de Gádor. “Cuando hemos llamado, nos dicen que la patrulla está en otro servicio”, lamentan. Ese déficit de recursos públicos convierte el polígono según los empresarios consultados en "un blanco fácil" para los robos de gasóleo.

El hartazgo se ha transformado en rutina. “Ya ni denunciamos”, confiesa uno de los dueños golpeados por el robo de carburante. Consideran que las denuncias raramente llegan a identificaciones o detenciones , y que la inversión emocional y de tiempo no compensa para un delito que, según ellos, cae en saco roto.

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