Pedro Blanco Naveros rinde homenaje a la memoria de su hijo en su ultimo libro

Amigos de la Alcazaba presentó este poemario que navega por el dolor y la desesperación

Pedro Blanco Naveros recita con el acompañamiento de un grupo flamenco.
Pedro Blanco Naveros recita con el acompañamiento de un grupo flamenco.

Un recuerdo a la memoria del hijo perdido, pero también como expresión universal ante el dolor de cualquier persona querida. La Asociación Amigos de la Alcazaba ha vivido este fin de semana uno de sus actos más emotivos, con la presentación de ‘Crepúsculo eviterno y elegías de añoranza’, un libro de Pedro Blanco Naveros, en el que el autor refleja sus sentimientos más profundos ante la pérdida de su hijo Kiko, cuando tenía diez años. 


“Es un poemario entrañable y profundo de un padre que pierde a un hijo y que quiere rescatar su memoria a través del libro. Al mismo tiempo un homenaje a todos los seres queridos que, tarde o temprano, todos vamos perdiendo a  lo largo de la vida”, explicaba Pedro Blanco Naveros.


El acto contó con la presencia de la presidenta de Amigos de la Alcazaba, María Teresa Pérez, y Alejandro Santiago de Editorial Nazarí. Pérez apuntó que “es fácil presentar a Pedro Blanco, pero no es fácil presentar su obra. Es compañero de viaje de la Asociación, es militar de carrera de la Guardia Civil, licenciado en Psicología Clínica, marinero pescador, flamencólogo y también con enormes inquietudes literarias que le han llevado a escribir varios libros. La vida se le partió en dos el 18 de agosto de 1985 cuando ocurrió el accidente que se llevó la vida de su hijo. El libro refleja el amor y desesperación de un padre”.


Por su parte, Alejandro Santiago alabó la capacidad para “transmutar su dolor en belleza, una obra que es digna de entrar en la antología de libros de homenaje. Con la lírica más desgarrada nos transporta a los sueños, el dolor y la agonía”. 




Pedro Blanco, que recitó varios de sus poemas, confesaba que “hablar de mi hijo durante mucho tiempo era un inmenso problema. Por eso en el libro he incluido momentos muy duros, que hoy día he superado. Al tiempo, pensé que tenía que vivir la vida de mi hijo. He tratado de rescatar su memoria y darle un homenaje. Este es el homenaje que le doy a través de los años, hasta ahora no he sido capaz de hacerlo. La vida sigue y los seres queridos se pueden ir y aunque así sea hay otros seres queridos que están a nuestros alrededor que también nos merecen. Hemos sacado un billete para la vida y mientras dure el viaje hay que aprovecharlo”, reflexionaba.


La velada se completó con una actuación con la cantaora Lidia Plaza, Gabriel Pérez a la guitarra y Pablo Iborra a la flauta, que interpretaron una petenera, palo asociado al duelo, una seguiriya y unos tangos de Granada. “Mi hijo era un chico alegre y los tangos de Granada lo son, quería que el recuerdo final sea de alegría”.


 

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