Los famosos y el Mesón Gitano

El gran proyecto de atracción turística envejeció antes de que empezara a caminar

El alcalde Francisco Gómez Angulo con un grupo de actores de la Compañía de María José Goyanes en el Mesón Gitano en marzo de 1971.
El alcalde Francisco Gómez Angulo con un grupo de actores de la Compañía de María José Goyanes en el Mesón Gitano en marzo de 1971.
Eduardo de Vicente
18:45 • 11 may. 2021 / actualizado a las 07:00 • 12 may. 2021

El Mesón Gitano no llegó a cuajar. El gran proyecto de atracción turística ideado por Luis Batlles envejeció antes de que empezara a caminar, tal vez acorralado por un entorno hostil y por una nueva época en la que la ciudad fue perdiendo gran parte de su identidad.



Desde su gestación estuvo rodeado de obstáculos, que obligaron a su promotor a seguir adelante en solitario, a veces desafiando las normas. En noviembre de 1966, aprovechando una visita a Almería, el entonces ministro de Turismo, Manuel Fraga Iribarne, se dio una vuelta por el Mesón Gitano que estaba en construcción. Cuando el promotor le preguntó qué le parecía, el ministro le dijo: “Te estás saltando todas las normas de mi ministerio, pero no lo dejes, termínalo”. 



Así, esquivando normas y sin apoyos, el complejo turístico bajo la Alcazaba inició su programa de actos tratando de llamar la atención. En marzo de 1968 ofreció una cena de gala con fiesta flamenca a los participantes en el festival cinematográfico francés que se estaba celebrando en el teatro Apolo.  



En agosto de 1969, cuando llegó al aeropuerto de Almería la turista 15 millones, allí estaba el señor Batlles para llevarla al Mesón Gitano y regalarle un espléndido almuerzo. En marzo de 1970, cuando Televisión Española grabó en directo desde la Plaza Vieja uno de los programas de ‘Los hombres saben, los pueblos marchan’, los participantes  fueron obsequiados con un vino en el Mesón Gitano. La promoción era constante, pero aquel proyecto bajo las murallas de la fortaleza no conseguía ser rentable, atraer turistas que dejaran dinero. 



Hubo un intento de darle el empujón que le faltaba en el invierno de 1971, cuando un equipo de Televisión Española se trasladó a Almería para grabar un programa promocional de la ciudad. Una de las actuaciones artísticas del reportaje fue la del guitarrista Richoli tocando desde el Mesón Gitano. Ese mismo año había visitado el lugar una representación del rodaje de la película ‘Marco Antonio y Cleopatra’, que fue agasajada con un vino por el propio promotor.



Dos años después volvió a llegar el cine con la película de Manolo Escobar ‘Me estás haciendo perder el juicio’, pero tampoco consiguió que el Mesón Gitano fuera considerado un atractivo más de la ciudad, un lugar que visitar, un restaurante donde comer, un hotel donde dormir. 



La visita de Manolo Escobar fue, quizá, el acontecimiento más multitudinario que vivió el complejo turístico de la Alcazaba en su corta vida. Aquel sábado 16 de junio de 1973 pasó a la historia del barrio por la presencia del cantante almeriense, que en aquel tiempo era un ídolo de multitudes, un dios para las vecinas de la Almedina y del Reducto, que acudieron a la cita aunque solo fuera para verlo desde lejos, cuando Manolo Escobar llegó en un coche de lujo saludando por la ventana a diestro y siniestro.



Todos los personajes que pasaban por Almería acababan tarde o temprano viendo las vistas que ofrecía la ciudad desde aquel cerro privilegiado a los pies de la Alcazaba. Pero no solo se quedaban asombrados por la belleza del horizonte y de las murallas, los visitantes también se llevaban una sorpresa cuando descubrían todo aquel entramado de grandes bloques de edificios que destacaban en el casco histórico entre las casas centenarias, y cuando miraban a los cerros de la Chanca y se topaban con la miseria que rodeaba la zona. 


El entorno fue uno de los grandes enemigos del Mesón Gitano. Un turista que subiera allí con su máquina de fotos colgada al cuello podía retratar a la vez la belleza del mar lamiendo los pies de la ciudad y a un vecino de la Joya cagando entre las pencas. Queríamos abrazarnos al turismo, a la ola del progreso, pero en nuestras calles históricas seguíamos anclados medio siglo atrás: había mucha pobreza y sobre todo, mucho bárbaro suelto.


A comienzos de 1974, diez años después de que Luis Batlles pusiera en marcha la obra, el sueño seguía incompleto y el negocio no acababa de arrancar. El promotor, en una entrevista publicada en el periódico reconoció que sólo había funcionado en el verano de 1971, con motivo de la celebración de la Semana Naval en Almería


Durante quince días, las cuevas, perfectamente equipadas con bañera, teléfono y aire acondicionado, estuvieron ocupadas y el restaurante trabajó todos los días. Fue un espejismo, cuando se fueron los marineros y acabó el verano, el Mesón Gitano se volvió a quedar vacío y para llevar gente hubo que organizar fiestas y ofrecer vinos y banquetes gratis. 


En los últimos años lo mismo se organizaba un baile con orquesta para la juventud que una fiesta de los alumnos de Magisterio para recaudar fondos para el viaje de estudios. Eran los primeros años de la Transición y de una libertad desbocada que acabó conquistando todo aquel decorado de don Luis Batlles.



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