La primera operación de corazón en el mundo fue en Almería

El doctor Romero se atrevió una mañana de abril de 1801 a hacer lo que nadie había hecho

Quirófano del Hospital Provincial en 1934, en el mismo lugar donde Romero realizó su proeza.
Quirófano del Hospital Provincial en 1934, en el mismo lugar donde Romero realizó su proeza.

Fue en 1801, cuando Almería era una ciudad amurallada con cuatro puertas y el Paseo de Campos, cuando el correo de postas llegaba en caballería cada ocho días atravesando veredas y ramblas, cuando los almerienses si querían salir a la calle de noche tenían que llevar un hacho de lumbre para ver sin tropezar , cuando no había cementerio y se enterraba a los muertos en las iglesias, cuando se vivía del esparto labrado y de la barrilla; fue en 1801, en ese mismo tiempo, una mañana del 13 de abril, cuando en el Hospital de Santa María Magdalena -el mismo en el que pronto colgarán obras de Sorolla y de Golucho- un médico catalán llamado Francisco Romero estaba haciendo historia: en una de aquellas lúgubres estancias,  rodeado de redomas y olor a quinina, el galeno, con un escalpelo en la mano había abierto el pecho de un agricultor llamado Antonio de Miras, a la altura de la sexta costilla y después había introducido unas pequeñas pinzas anulares para levantar al pericardio que rodea el corazón, practicando un pequeño corte con unas tijeras curvas y evacuando el líquido seroso causa de los males del enfermo. 


Unos años antes, el osado doctor hubiera sido acusado de brujería por el Santo Oficio, que aún mantenía en Almería como inquisidor al obispo Francisco Javier Mier y Campillo, con sala de causas frente a la Puerta de Los Perdones de la Catedral. Pero el campesino de 30 años, natural del Cabo de  Gata sobrevivió y Almería se convertía así, de forma oficiosa y anónima, en esos tiempos en los que las noticias aún no volaban, en la primera ciudad del mundo -que se haya demostrado- donde se practicaba con éxito una operación de cirugía cardiaca, hasta entonces más inexplorada que América antes de Colón. 


A los pocos días, Romero se atrevió con una segunda intervención en el mismo escenario. La practicó a un labrador de  37 años de Sierra Alhamilla, afectado por hidropesía de pericardio (acumulación de líquido en el peritoneo), hasta entonces una enfermedad incurable. Y también le salvó la vida por el mismo procedimiento, evacuando un líquido sanguinolento que llenó dos vasos. A las cuatro semanas el enfermo ya estaba segando trigo. Un tercer paciente no tuvo tanta suerte y falleció a consecuencia de la alta fiebre producida por la herida de la incisión. Romero ofreció cierta cantidad de dinero para que se le permitiera el examen furtivo del cádaver -como hizo el  protagonista de la novela de Noah Gordon con un muerto por la enfermedad de costado (apendicitis)- pero no se lo permitieron. 



Todo lo anterior, con Almería escrita en letras latinas, fue comunicado por aquel Francisco Romero  unos años después, en 1815, a la Sociedad de la Facultad de Medicina de París en su Memoria titulada ‘Observatio de pectoris hydrope’ donde hace una descripción detallada de sus revolucionarias intervenciones quirúrgicas “en la costa de Almería”. Y de libre acceso es el documento para comprobarlo que se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de Francia. 


Almería fue así la primera  ciudad del mundo donde se intentó con éxito el abordaje quirúrgico del corazón, hasta entonces una práctica considerada tabú. Pero pronto cayó en el olvido la gesta de Romero y durante décadas, la aportación del médico del hospital almeriense no se tuvo en cuenta en los grandes conciliábulos de la historia de la medicina.



Los almerienses que paseen hoy día por la calle del Hospital podrán  leer en la gran cartela blanca que tapa las obras del futuro Museo del Realismo cómo  aparece detallada la proeza del facultativo catalán, aunque con la fecha equivocada de 1812. 


Y quién era este temerario Romero que estaba en Almería en aquella fecha remota, que había cambiado, sin aún saberlo la medicina moderna con unos medios asépticos rudimentarios, cuando aún no habían llegado los franceses del general Belair, cuando aún Almería pertenecía al Reino de Granada, cuando aún no se podía intuir el dramático terremoto que azotaría Almería unos años después, en 1804.


Francisco Romero nació en 1770 en Concabella, hoy provincia de Lérida, hijo de médico, realizó estudios de Medicina en la Universidad de Huesca y  en el Colegio de Cirugía de Barcelona. Estaba casado con Engracia Vidal con la que tuvo dos hijos, Pablo y Tomás, este último nacido ya en Almería, donde la familia llegó muy a finales del siglo XVIII, avecindándose en la Parroquia del Sagrario.


Trabajo como cirujano en el Hospital Militar, en el Balneario de Sierra Alhamilla y en el Hospital Real (Hospital Provincial), junto a Vicente Tamarit, sustituyendo a Pedro Marzal y aseguraba en sus escritos de práctica quirúrgica, leídos ante las eminencias de la Facultad de París, que “los naturales de  la tierra de Almería tienen el defecto de ser perezosos y licenciosos, de dormir desnudos con las puertas abiertas lo que les hace enfermar, de comer mucha harina de gachas y de que sus médicos abusen de las sangrías”.


A Romero se le atribuía amistad con el subprefecto Javier de  Burgos, cuando ya los franceses habían ocupado la ciudad, que entonces no sobrepasaba de los 16.000 habitantes, en el año 1910. Romero era un liberal, un afrancesado, que no paró de investigar durante sus años almerienses. Se ocupó de las enfermedades venéreas que diezmaban a las tropas napoleónicas en la ciudad y como no encontraba voluntarios para sus experimentos, convencido de que la sífilis se podía curar, inoculó la bacteria a su propio hijo de siete años con resultado positivo de curación. El intrépido Romero, ante la derrota de Napoleón, el giro político de los acontecimientos y la vuelta del absolutismo de Fernando VII, marchó de Almería a finales de 1812 y se autoexilió en París, donde acabaron sus días.


Desde esas fechas lejanas, lo sacó del anonimato Antonio Hernández Morejón en su Historia de la medicina Española de 1842. Después lo citó Victor Escribano en 1921. Realizaron meritorios trabajos sobre él, López Piñero en 1963,  José Antonio García Ramos, en 1980, José Pascual Rodríguez, en 1985, y sobre todo Trino Gómez y Pilar Avivar Oyonarte en 1990. El 6 de noviembre de 1979, La Voz de Almería publicaba en primera página: “Un grupo de médicos de Madrid  ha llegado para investigar tres desconocidas operaciones de corazón en la ciudad en el siglo XIX: ¡la primera operación de corazón del mundo pudo haberse hecho en Almería!”.


 

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