Cómo nació y sobrevivió el restaurante de Almería que se hizo famoso por sus pollos asados
El establecimiento, hoy especializado en marisco y pescado, lleva en funcionamiento desde 1982

Juan José López Céspedes junto a su hijo Juan, en la entrada del establecimiento.
Mucho antes de convertirse en un hotel-restaurante, todo aquello era apenas un solar junto a la carretera de Níjar. Allí, a finales de los años sesenta, Juan José López Céspedes levantó poco a poco un negocio que terminaría marcando los paladares de la zona. Tenía 25 años y trabajaba en la construcción.
Eran momentos complicados para los albañiles y las cuentas no salían, por lo que decidió arriesgarse y montar un bar: “No sabía nada de hostelería”, recuerda hoy: “Pero pensé: si parto de no tener nada, tampoco tengo mucho que perder”. Hoy, el resultado de su valentía habla por sí solo: un hotel de más de una treintena de habitaciones convive con una marisquería que conquista los estómagos de los transeúntes que deciden pasarse por allí.
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Desde que Juan José decidiese arriesgar su recién conquistado mazo para construir su propio negocio, han transcurrido 44 años. Y, sin embargo, si el alquianero echa la vista atrás, aún se puede remontar mucho tiempo antes, a sus inicios reales como hostelero, con el Bar Sánchez, situado a unos 300 metros del actual Hotel-Restaurante Los Arcos, en El Alquián.

Salón comedor de Los Arcos.
Los pollos que cautivaron el barrio
Los inicios fueron complicados. Necesitaba una especialización, algo que pusiera el negocio en boca de todo el barrio. La idea llegó de un viajante, quien lo animó a comprar una máquina de pollos asados y quien le prometió ayuda para comenzar. Tan pronto como Juan José aceptó, aquel buscó a un hombre que lo iniciara en el oficio: “Me presentó a un jubilado que me dijo: ‘Juan, yo no te voy a cobrar un duro. Estoy retirado y esto me sirve para distraerme’”, recuerda con la voz teñida de agradecimiento.
Una vez hecho maestro, no hubo quien lo parase. “La gente se desvivía por nuestros pollos, se convirtieron en un éxito”, reconoce. No en vano aún algunos almerienses recuerdan las eternas colas que se formaban en aquella avenida, fomentadas por el seductor aroma de la carne asada. Fue ese éxito el que permitió que el negocio comenzase a crecer.
La llegada del mar
Si bien la pollería no le iba mal, López Céspedes ansiaba regentar algo que él mismo hubiese levantado desde los cimientos -el Bar Sánchez lo compró, no lo creó-. Es por eso que pronto compró un solar cercano, entonces un barranquillo, donde proyectó un nuevo establecimiento.
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Inspirado en el diseño original del edificio, todo rodeado de arcos de medio punto, el ya conocido hostelero fundó Los Arcos. El restaurante comenzó con un pequeño comedor que fue ampliándose progresivamente, al igual que los sueños de su dueño.
Llegados a ese punto y aunque los pollos habían sido el motor del negocio, el empresario tenía otro objetivo: convertir el local en un restaurante de mayor variedad, con una carta más completa. El cambio no fue sencillo: “Yo quería ascender más. Quería irme a un restaurante más llamativo, que no sirviera pollo”.

La barra del bar de Los Arcos.
Durante meses intentó retirar el plato estrella, pero los clientes seguían reclamándolo (no por nada era tan popular). Sin aceptar la rendición -nunca lo ha hecho- logró, a través de ingeniosos artificios, que la clientela aceptase otros platos, como pescado, marisco o carne: “Les decía que ese día no había pollos porque la máquina se me había roto. Al principio la gente se iba porque decía que solo había venido a por el pollo, pero poco a poco fueron acostumbrándose a la teórica máquina rota”, cuenta con sorna.
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Hoy, sus platos más famosos nada tienen que ver con aquellos inicios. El restaurante se ha especializado en cocina tradicional basada en el producto del mar: el marisco fresco, las parrilladas, las frituras de pescado o las paellas coronan una carta que haría salivar a cualquiera.
Expansión
Con el restaurante consolidado, López Céspedes dio un paso más ambicioso: construir un hotel junto al negocio. Fueron muchos los que le dijeron que aquello era una locura. Por suerte, hizo caso omiso. Primero construyó 18 habitaciones. Más tarde, las amplió a 32.
En todos estos años, Los Arcos ha asistido en primera fila a los cambios del barrio. Uno de los más celebrados por su propietario fue el cierre de la discoteca Galaxia, que durante un tiempo animó (y a veces alteró) las noches de la zona. “A veces generaba situaciones complicadas”, resume.
Tras más de medio siglo dedicado al negocio que él mismo levantó, Juan José López resume con orgullo su trayectoria: “Desde los 25 a los 78 me lo he tirado aquí”. Hoy, admite feliz que ya es hora de retirarse.