Cuarenta años sin un día de crisis

La carnicería Gama, del barrio de los Ángeles, sigue navegando con la misma fuerza que en1981

francisca galera,  fundadora de la carnicería Gama, junto a su hija Isabel Martínez, que lo dirige actualmente.
francisca galera, fundadora de la carnicería Gama, junto a su hija Isabel Martínez, que lo dirige actualmente. La Voz

En la tienda de la familia Galera la vida sigue caminando con el mismo paso de siempre. Uno traspasa el umbral de la puerta y tiene la impresión de que la crisis actual e incluso el paso del tiempo, forman parte de otra realidad. La carnicería conserva esa atmósfera de vientre materno que tenían las tiendas de barrio hace medio siglo. Más que un negocio, se diría que aquello es una vocación, una manera de ganarse la vida disfrutando del oficio.


Cuando traspasas la puerta, comprendes que aquello es mucho más que una carnicería. Allí puedes encontrar desde una barra de pan de Chercos hasta huevos recién llegados de la granja. El que quiera una pizza tiene donde escoger y el que quiera probar suerte con la lotería de doña Manolita puede llevarse un décimo.


Dentro te encuentras con una familia dedicada en cuerpo y alma a su profesión. Una familia que este invierno cumplirá cuarenta años dirigiendo el negocio, desde que el 18 de febrero de 1981 abrieran por primera vez sus puertas. 


La fundadora, Francisca Galera, recuerda aquellos inicios, cuando junto a su esposo, Diego Martínez, se vino de Barcelona para probar suerte en su tierra. “Nos gustó el local y sobre todo nos gustó el barrio, que todavía estaba creciendo y estaba lleno de familias”.


Venían de la emigración en Cataluña. En 1975, este joven matrimonio, ella de los Gallardos y él de Antas, siguieron el camino de tantas familias almerienses que tuvieron que marcharse lejos para poder respirar. Fueron seis años trabajando en el Carrefour de Barcelona, hasta que pudieron reunir el dinero suficiente para empezar una nueva etapa en su tierra. Esta conducta se repitió en muchas familias de emigrantes que se iban con la esperanza de ahorrar todo el dinero que pudieran en el menor tiempo posible para volver cuanto antes. Muchas lo lograron, mientras que otras no pudieron regresar jamás.



Francisca y Diego apostaron por una carnicería, porque les recordaba a las matanzas que hacían en el pueblo,  y no se equivocaron, como tampoco lo hicieron a la hora de escoger el sitio. El barrio de los Ángeles, a comienzos de los ochenta, era todavía un lugar en construcción, al que no dejaban de llegar familias jóvenes cargadas de hijos y donde seguían surgiendo nuevos edificios allá donde existiera un solar.


Encontraron cobijo en la calle España, una de las arterias que corren paralelas a la Carretera de Granada, en el mismo corazón del barrio. Traían dos millones de pesetas en la cartilla, lo que entonces era un dineral, la fuerza de la juventud y la ilusión por regresar a Almería después de un largo exilio. Con todos estos argumentos era difícil equivocarse. “Se puede decir que triunfamos desde el primer día”, asegura su fundadora. 


La misma mañana que levantaron la persiana por primera vez comprendieron que habían alcanzado la tierra prometida. Se les llenó la tienda nada más abrir y a partir de ese momento no hubo ni un solo día de soledad. Siempre navegaron con la misma fuerza, a salvo de cualquier temporal. Sobrevivieron a todas las crisis económicas que fueron llegando después y en los últimos meses a esta feroz epidemia que sigue golpeándonos. “La única diferencia que hemos notado es que ahora estamos obligados a tomar unas precauciones que antes no eran necesarias, pero nuestra clientela sigue respondiendo igual”, comenta la propietaria. 


En la carnicería de los Galera se sigue trabajando sin tiempo ni para tomarse un café. La fundadora, Francisca Galera, se mueve ahora entre bastidores y es su hija, Isabel Martínez, la que dirige el negocio en primera línea de combate. Una jornada  de trabajo puede resultar agotadora en la carnicería de la calle España, sobre todo en estas fechas en las que tanto crece la demanda y tienen que echar horas extras para preparar los pollos y los pavos rellenos que son los productos estrella de la Navidad.


Dentro del local, por mucho movimiento que haya, se mantiene ese clima familiar que lo inunda todo. Para un cliente, da mucha confianza que el carnicero te llame por tu nombre y que te pregunte por la familia cada vez que entras a comprar.


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