“Mucha gente se atreve a escribir sin tener ni idea”

Entrevista con el escritor GH Guarch

GH Guarch, en el porche del jardín de su casa
GH Guarch, en el porche del jardín de su casa Juan Sánchez

Su curriculum como escritor suma una treintena larga de títulos publicados y una docena sin editar. Traducido y muy reconocido en Rusia, Armenia, Francia o Suiza, su obra ha inspirado incluso tesis doctorales. Lector voraz y autor sin desmayo, GH Guarch dejó hace una década la Arquitectura para dedicar cuerpo y alma a las letras que siempre han vivido con él. Lo suyo es un libro con otro, una auténtica pulsión por escribir. Las historias le rondan sin parar. Acaba de editar El indiano, ultima una novela sobre el Duque de Rivasy ya tiene otra en la cabeza. Y habla sin tapujos. 


Acaba de editar dos libros, está ya con otro. Menudo ritmo de escritura. 

Escribo muy rápido. Para te hagas una idea, El indiano, que es la historia del bisabuelo de mi abuelo materno, lo escribí en tres meses. Tiene quinientas y pico páginas. Las cosas salen un poco a borbotones. Eso de pensarlo y repensarlo no me gusta. 


¿Vive de la Literatura?

De la Literatura no se puede vivir. En España a lo mejor hay diez escritores que pueden vivir estupendamente bien. Por ejemplo, Arturo Pérez Reverte, que es un tío muy listo, muy lanzado. Tú puedes escribir la Biblia en pasta, pero como no formes parte de la cuadra de un editor….


Del stablishment, vamos. 

Exactamente. Como no formes parte no tienes nada que hacer y para eso tienes que aceptar determinadas circunstancias y criterios. 


¿Qué cosas hay que aceptar que GH Guarch no acepta?

Por ejemplo, yo publiqué con Planeta El árbol armenio y Tierra prometida, y estuvimos hablando. Creo que si yo hubiera seguido con ellos, aceptando escribir lo que ellos querían y amoldándome a sus criterios editoriales, probablemente podría haber escrito mucho, porque mi problema no es escribir. Pero yo he sido toda la vida un alma libre, nunca he estado sometido a nada. Hace casi diez años decidí dejar la Arquitectura y me dediqué a escribir, porque me daba cuenta de que el tiempo se va muy deprisa, que yo quería decir muchas cosas y que si seguía en la Arquitectura no podría decirlas nunca. No me daría tiempo. Eso significó un cambio importante , sobre todo de renta, pero lo doy por muy bueno.


¿No se ha arrepentido de dar ese paso?

No, porque en estos últimos años he escrito mucho y voy a seguir hasta el último momento. 


¿Lo suyo es una pulsión por la escritura?

Sí. 


¿Y de dónde nace?

En mi casa se leía mucho. Mi padre era marino mercante, viajaba por todo el mundo, yo me acostumbré a escuchar aventuras de una persona que había vivido cosas muy interesantes. Pero es que en mi familia se leía mucho. Mi madre estaba suscrita a Novelas y cuentos, que se publicaban como un fascículo semanal, y ahí estaba todo lo que no se había podido publicar por el Indice Eclesiástico. Con catorce años mi madre me estaba dando aquella literatura y mis hermanos y yo leíamos con interés. Había una razonable biblioteca en la casa. La verdad es que siempre hemos estado rodeados de libros. 


¿Por qué entonces decide orientarse profesionalmente a la Arquitectura?

Supuestamente dibujaba bien, se me daban bien las Matemáticas y la Física, y había que hacer algo. Hice el Selectivo en Granada y luego me fui a Barcelona, donde había nacido, a estudiar. Lo que ocurrió es que en vez de ir a la Escuela de Arquitectura me iba al cine, o a las librerías, hasta que mi padre me dijo: o estudias o te vuelves. 


Y aparcó la pasión por terminar la carrera. 

Sí, pero la verdad es que para entonces había aprendido mucho sobre cine, estaba empezando el cine en color, iba a aquellas salas de películas sin traducir… Allí me hice como soy. Y luego terminé la carrera muy bien, hice dos especialidades, Arquitectura y Urbanismo, me volví a Almería y la verdad es que me fue bastante bien. Pero el mundo que rodea la arquitectura es complejo y difícil, tienes que estar dispuesto a pasar por muchas cosas. Ese mundo no me interesaba ni me terminaba de convencer y empecé a escribir también, hace 25 años, y ya hace diez dije, se termina, no hago ni un solo proyecto más, y vendí el estudio.


Ahora mi vida es hablar con las editoriales, presentar libros….

La historia, las diferentes culturas y hasta la historia de su familia forman parte de su material narrativo. ¿Qué tiene entre manos?

Estoy repasando un libro impresionante sobre el Duque de Rivas, antes de meterme con el siguiente, que ya lo tengo también pensado. Esta del Duque de Rivas es una historia familiar que yo conozco porque la hija del Duque era la abuela de mi abuela. Cuando yo estaba en Barcelona estudiando y la iba a visitar me contó cosas que no están en ninguna parte. La relación de mi abuela, Soledad de la Roza y Heredia, con Almería venía del destierro que tuvo aquí su abuelo, el Marqués de Heredia, conde de Ofalia consorte. Una familia aristocrática muy interesante. Y mi abuelo, Juan Guarch de la Torre, es la persona que me llevó a escribir El Indiano. Esos son mis abuelos maternos, gente muy particular. Y ahora voy a escribir de mis abuelos paternos. Mi abuela paterna, Anacleta Gutiérrez Coronado, tenía una hermanastra que tuvo un hijo que se fue a los Estados Unidos siguiendo los pasos de otro Coronado que había estado en todo el Medio Oeste viendo las últimas tribus a finales de 1880 y 1890. Eso lo voy a escribir también. Como podrás ver no tengo demasiado problema para escribir.


¿El mundo de los premios literarios es necesario para un escritor?

Absolutamente. Hay escritores que es como si dieran en el clavo desde el primer momento, pero yo desconfío de eso. Lo que he visto en mi vida editorial ha sido otra cosa bien distinta. 


¿Qué ha visto?

Pues he visto en este país un desinterés por la cultura a nivel institucional verdaderamente asombroso. Yo soy un desconocido en Almería. Tengo miles de páginas escritas, he publicado en Rusia, en Estados Unidos, en Armenia, en Francia, en Suiza, en Israel … y aquí no me conocen. 


¿En toda España o solo en Almería?

Más en Almería. Es verdad que nadie es profeta en su tierra, y a lo mejor si yo tuviera una determinada connotación política, que no la tengo, me habría ido de otra manera. 


¿Es desinterés o desconocimiento?

El verdadero interés por la cultura es muy escaso. Lo que hay es un falso interés en aparentar que se tiene relación con la cultura. Ahí está mi obra. A mí no me ha dicho la Universidad de Almería, oiga, qué está usted haciendo, y sí me lo han dicho en Moscú, en Armenia, en Francia… ¿Por qué? Yo no me desanimo porque no entiendo esto como una carrera por el éxito, tengo una necesidad intelectual de volcarlo. 


¿Pero escuece?

Más que escocer es que te das cuenta de que estamos en un país bastante falso, donde lo único que importa es el dinero y el éxito profesional. El arte, la cultura, son, en gran parte, incomprendidos. También sabes tú perfectamente lo que se habla y lo que se dice de esos premios literarios. 


¿Qué se esconde tras los premios?

Bueno, lo que te puedo decir es que me he quedado tres veces entre los diez últimos y dos veces entre los tres finalistas del Planeta, estas con El hombre de Oriente y Corresponsal en Rusia. ¿Tú crees que Planeta se puso en contacto conmigo para decirme algo? Y sin ánimo de polemizar son libros bastante mejores que el que ha ganado y por supuesto que el segundo. ¿Se entiende? No se entiende. 


¿Hay intereses?

No sé lo que hay, pero hay una cosa muy rara. 


¿No gana siempre el mejor?

No, por supuesto, en absoluto, de hecho yo creo que la mejor literatura no está publicada. La mejor literatura está en armarios y en estanterías de muchísima gente, lo que le hubiera podido pasar a Albert Camus, o a García Márquez, o a cualquier otro, si no hubiera tenido la suerte de haber dado con el editor adecuado.


Pues hemos vivido unos años en los que muchísima gente ha publicado muchísimos títulos. 

De eso hay que decir varias cosas. Una, hay gente que compra un “negro” para que le escriba su historia…


 … ¿de verdad?

Absolutamente. Aunque a mí no me lo han propuesto nunca, tampoco lo habría hecho, pero imagino que si tienes una necesidad perentoria de ganarte la vida, a lo mejor lo haces. Pero es que, además, hay mucha gente que se atreve a escribir sin tener ni puta idea, y perdona la expresión. Estoy hablando incluso de gente de Almería, no te voy a dar nombres porque te quedarías sorprendida. 


¿Hay sobredosis?

Es un poco lo que ha pasado también con los títulos universitarios cuando se han puesto a rascar un poco. De repente uno era máster de no sé qué, y el otro de no sé cuánto, pero a la hora de la verdad no tenían ni título, ni habían hecho nada. 


¿Podemos hablar de una burbuja literaria?

Está bien expresado. Por supuesto que sí. Con independencia de eso, hay mucha gente que escribe estupendamente bien y que no ha tenido la oportunidad de editar. Yo la he tenido, aunque considero que no he tenido el éxito que debería haber tenido, o al menos no lo he tenido en Almería, pero tampoco me preocupa.  Voy a seguir trabajando. 


Lo que quiere decir es que hay mucha obra publicada….

… que es una porquería, sí. 


Y al contrario, mucho bueno sin publicar. 

Claro, pero eso sí que es difícil de controlar. Acuérdate de Gabriel García Márquez, estuvo en 32 editoriales para publicar Cien años de soledad, que es como el culmen de la literatura del siglo XX. Sobre todo lo que hay es mucho interés por aparentar, parece como una connotación cultural, un plus para muchos políticos el estar en los actos culturales. La mayoría de las veces ni saben de lo que está hablando el escritor, ni les interesa nada. Tendré que decir que también hay gente que realmente sí está muy interesada. Pero yo no sé, después cómo no son capaces de hacer algo más por la Literatura. 


Y, sin embargo, continuamente se organizan actividades culturales.

En la mayoría de los casos hay la necesidad de hacer una propagación ideológica utilizando lo que otros han hecho. Si tú patrocinas un concierto de Mozart, es como si te apropiaras de la parte del crédito cultural de esa obra. Que nunca ha habido tanta difusión cultural, eso es obvio, pero que realmente se esté haciendo bien, eso sí lo pongo en duda. 


¿Se llama cultura a cosas que no lo son?

Claro, y de hecho, cuando has leído mucho, y cuando has visto mucho mundo, y te ha interesado aprender, te das cuenta de que mucha gente no sabe ni de lo que está hablando. Cuando publiqué El informe Kerry, sobre la guerra de Siria, lo que hice fue analizar y estudiar de una manera muy detallada todo el tema de las iglesias orientales, hablar con muchísima gente de allí, recoger información, procesarla, y escribir una historia sobre lo que empezaba a ocurrir. Las fake news que ahora están tan de moda, lo que vienen a demostrar es que el proceso de difusión de la mentira es inaudito. 


Y no estrictamente nuevo. 

No. Ha sido siempre un arma de guerra, eso ya lo sabía Julio César o después Clausewitz, pero ahora vivimos en tiempo real, todo es instantáneo. La facilidad de recopilar datos y manipularlos antes no existía. 


Usted ha escrito sobre pueblos de refugiados y migrantes. ¿Qué visión tiene?

El primer libro que escribí, con 25 años, se llamaba Los espejismos, y es el primer libro en Europa donde se mencionan las pateras, estamos hablando de hace 50 años. En Marruecos se ha hecho una tesis doctoral de él. Tengo un criterio humanístico y un criterio de respeto, pero también es verdad que es absolutamente imposible que venga toda África a Europa y más de esta manera. No porque vengan, sino porque estamos destrozando aquellos países. Las mafias se están llevando la mejor gente que hay allí, y van a dejar los países vacíos a nivel cultural, y entonces a ver cómo se recuperan. Me parece bien que vengan, pero con orden y con un concierto. 


¿Cómo se podría regular?

Haciendo un Plan Marshall, como decía Casado, con el que no coincido en casi nada, ni con el Partido Popular, pero es verdad que hay que hacer una especie de plan Marshall en África, ¡pero ya! Hay que mandar allí recursos importantes, pero ordenados, porque los que se están mandando llegan a manos de las mafias y de la corrupción, no  donde tienen que llegar. 


¿Puede una provincia como Almería o un país como España absorber lo que está llegando?

No. Siempre ha habido enormes migraciones, pero, hoy en día, si diéramos carta blanca para que vinieran en poco tiempo trescientos o cuatrocientos mil inmigrantes sin control nos perjudicaríamos todos, ellos los primeros, porque se convertirían en los nuevos esclavos. Los esclavos que yo cuento en El indiano son los que están ahí. En el Sahel hay 500.000 personas dispuestas a dar el salto. ¿Qué hacemos con esas 500.000 personas, cuando no les van a dejar entrar en Francia ni en Italia? 


Internet y las redes sociales, ¿ayudan a la literatura?

Bueno, algo ayuda, pero la gente no busca eso en las redes sociales. Busca escándalos, porno, fútbol... Y busca política oscura... 


Tanta información como tenemos, ¿es sinónimo de más conocimiento?

No, tanta información es sinónimo de muy poco conocimiento y muy poca sabiduría. Cuando tú crees dominarlo todo es cuando no eres capaz de controlar nada. Hoy en día hay tantísima información que lo que se necesitan son especialistas. Yo desconfío de la gente que lo sabe todo. 


¿Estamos perdiendo profundidad de pensamiento y juicio crítico?

Bueno, el acceso a la información hoy en día es brutal, pero se ha perdido realmente la posibilidad de canalizar la civilización hacia un criterio ético y moral. 


¿Y los políticos no pueden enfocar la sociedad hacia lo ético? 

En principio no, simplemente porque no están preparados para hacerlo. Para tener un pensamiento filosófico que te guíe hacia una forma de entender la vida, tienes que tener haber analizado la historia y poseer una profunda base cultural. Cuando tú solo has picado aquí y aquí, lo que tienes es un maremágnum que no te va a aportar una sabiduría para tomar decisiones correctas. Eso les está pasando a muchos políticos. Muchos no están preparados para el cargo, lo que hacen es repetir como loros lo que han escuchado de su líder, que en general suele tener el mismo problema, salvo honrosas excepciones.


¿El argumentario político es la cartilla de quien no tiene argumentos propios?

Bueno, tiene unos argumentos coyunturales, sin profundidad. El Discurso del método hay que leerlo. Leo bastante filosofía por interés personal y casi por necesidad. Ahora estoy releyendo a Nietzsche, a Sartre, libros que leímos hace cincuenta años por interés personal de aprender qué era el existencialismo.


Como urbanista y arquitecto, ¿qué opina del debate sobre la Plaza Vieja, árboles y Pingurucho?

Yo lo dije un artículo para vosotros. Creo que hay que quitar los árboles y hay que quitar el Pingurucho, llevárselo al principio de la Rambla, y la Plaza vieja tendrá otra dimensión. La sombra se puede conseguir con unos super toldos y no habría ningún problema. Y, además, necesitamos un lugar social para determinados eventos, que tampoco sea gigantesco, y la Plaza Vieja puede cumplir esa función. 


¿Urbanísticamente cómo es Almería?

Un desastre. Y podría ser una preciosidad. Todos hemos sido culpables. Cuando yo llegué a Almería tenía 11 años, y desde mi óptica infantil percibí una ciudad colonial que me sedujo desde el primer momento. Se han hecho cosas con poco gusto porque la mayoría de los promotores no tienen gusto ninguno, no son personas cultas, y muchos arquitectos han ido a facturar. Parece que esto está cambiando algo. 


¿Es de recibo que el casco histórico esté así?

Pues yo creo que no, se tendría que tener un cuidado exquisito con algunas cosas. Por ejemplo, en el entorno de la Alcazaba, o en la conexión entre La Joya y la Plaza Vieja, habría que hacer unos recorridos muy armónicos. Esta ciudad podría ser una preciosidad y esta provincia podría ser la California de Europa. Nos conformaremos con no morir en el intento. 



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