"Llevo décadas dando de comer a alumnos, profesores y trabajadores de la Universidad de Almería"
El 'Romera', que en sus comienzos atendía a vegueros, pescadores y albañiles, cumple 50 años siendo un referente gastronómico junto a la UAL

Miguel Romera junto al autor de esta entrevista, Antonio Hermosa, en la puerta de entrada del Romera, en el campus universitario almeriense.
Miguel Romera Castillo, es un almeriense de 55 años de la vega de Almería. Esta casado, y tiene dos hijas de 22 y 19 años. Lleva 35 años al frente del bar restaurante Romera situado junto al campus universitario de Almería. Una tasca que abrieron sus padres hace ahora casi 60 años. “Todo esto era un cortijo. Mis padres tenían tierras, pero entonces la tierra no daba para mantener a la familia y decidieron emigrar a Francia”. Esto ocurría a mediados de los años 60 del siglo pasado. Miguel es el menor de seis hermanos, los tres mayores nacieron en España, y los tres menores, en Francia. “Cuando llevaban un tiempo en Francia mis padres decidieron volver al cortijo y montar un chiringuito”. Al principio el negocio no prosperaba mucho. La venta estaba a 150 metros de distancia de la carretera y existían otros negocios en la misma playa que atraían más clientela. “La verdad es que en aquella época iba bastante regular. La venta se dedicaba por la noche a atender a los vegueros, los pescadores, los albañiles, y así se sacaba el dinero para mantener a la familia”.
Miguel recuerda que sus padres lo pasaron mal, “éramos 6 hermanos y había que comer y había que vestirnos”.
Ahora el bar-restaurante ha cumplido, registrado con papeles, 50 años de vida legal, aunque el establecimiento ya funcionaba desde cinco años antes. “En la tasca empecé con 15 años. Hice los estudios primarios y los dejé para conectarme con mis padres en el bar. Lo veía interesante”. Y en tono jocoso recuerda que “luego, nos enteramos que iba a instalarse aquí la universidad. O, mejor dicho, no sé si la universidad se enteró que estaba el Romera aquí y decidió construir el campus a su alrededor”. Reconoce que han tenido suerte y ahora en el Romera hay varios hermanos trabajando y muchas familias que comen de este negocio enfocado a la actividad universitaria, sin perder su esencia de servicio a las familias y clientes que lo visitan los fines de semana desde hace muchos años. La tasca comenzó sobre una superficie de cien metros y ahora el local se ha multiplicado por ocho, con varios ambientes y amplias terrazas al aire libre. “Hemos ido haciendo ampliaciones. Antiguamente la carretera era de piedras y todo eso lo hemos asfaltado y urbanizado con farolas”.
El Romera es un clásico del campus universitario almeriense. “Llevo 35 años regentando el negocio, dando de comer a alumnos, profesores y trabajadores del campus universitario almeriense. Vienen los que quieren echar un rato y despejarse un poco de la actividad académica. Tenemos una sala de juegos con futbolines y billares, y terrazas al norte y al sur para disfrutar del sol”. Ofrecen desayunos por la mañana y menús para comer al mediodía. “Somos los únicos que estamos abiertos todos los días. De lunes a viernes lo copan los estudiantes, y cuando llega la época de exámenes, con la biblioteca abierta, también vienen sábados y domingos. Y luego las familias de toda la vida, clientes de hace más de 40 años, que siguen viniendo con los hijos y los nietos, y eso me enorgullece un montón”.
En estos 35 años Miguel ha visto desfilar por su local a estudiantes que ahora son académicos e investigadores. “Muchos estudiantes me enseñan una foto y me dicen, este es mi padre que estudiaba aquí. Ahora resulta que están en un bufete de abogados, o son catedráticos o profesores de la universidad. Me da un montón de alegría cuando los veo después de tantos años”.
Los gustos de los clientes han ido cambiando con los años, y en el Romera disponen de menús para alumnos, profesores y trabajadores administrativos del campus “Ahora, en los desayunos, predominan las tostadas con aguacate o queso fresco. Atendemos muy bien los problemas de intolerancia al gluten, la lactosa, la alergia a los huevos. Tenemos la cocina separada en dos ambientes. Y también hacemos hamburguesas completas, platos combinados. carne a la brasa, utilizamos horno de leña, con precios para todos los gustos, desde un bocadillo o una hamburguesa completa para estudiantes, hasta carnes maduradas para la gente que quiera venir a comer”.
En estas décadas el bar restaurante Romera ha vivido muchas anécdotas. Una de las más comentadas es la que está relacionada con una de sus ofertas gastronómicas. "Siempre ha venido un lechero a traernos leche fresca, y fue el inventor del famoso bocadillo llamado lechero. Un día vino y me dijo, ponme una carne con tomate, con alioli y huevo. Y al final se conoce como la tapa del lechero, y los estudiantes lo piden cuando lo pongo en la pizarra”.
Miguel Romera recuerda que todos los rectores de la Universidad han pasado por su local. También políticos y personalidades académicas que han venido a Almería a participar en algún acto o jornada organizada en el campus almeriense. “Siempre he abierto las puertas a todos los grupos y tendencias políticas. Cuando ha habido elecciones, aquí han hecho invitaciones a los estudiantes o han venido a dar un mitin”. También por su local han pasado personajes famosos. “En tantos años ha pasado mucha gente famosa. Han venido a comer grupos como Los Inhumanos, Los Ronaldos, Hombre G, y muchos más que ahora no recuerdo”.
A pesar de ser el pequeño de seis hermanos, Miguel ha sido el que ha continuado la tradición familiar. “Ninguno de mis hermanos ha querido el bar, porque es muy sacrificado, y más en aquella época en la que yo decidí quedarme con el Romera. Mis padres dijeron a mis hermanos, llevarlo entre todos y hacéis una piña. Pero mis hermanos querían dedicarse a otra cosa, porque la hotelería es muy sacrificada y te tiene que gustar mucho para tirar para adelante. Mis hermanos están bien situados y mi madre, que es la fundadora, sigue apoyando el proyecto”. Este hostelero es optimista sobre el futuro del bar Romera. “Siempre me ha gustado trabajar en este local. Tengo suerte de estar donde estoy, y una de mis hijas dice que quiere estar trabajando y llevar el bar, al mismo tiempo. Creo que al Romera le queda mucho tiempo, porque después de 50 años sería una pena cerrarlo”. Sus dos hijas estudian Magisterio, “y vienen aquí cuando quieren conseguir un dinerillo y me echan una mano algún que otro sábado o domingo”.