Cómo nació y sobrevivió el bar de tapeo playero más mítico de Almería
Sus puertas, abiertas desde 1966, han dado paso a clientes de todo tipo y procedencia

Los Melquiades y personal del Delfín Verde, a las puertas del establecimiento.
Cuando el Delfín Verde abrió sus puertas allá por el año 1966 apenas había acera en el Paseo Marítimo. La arena se comía el metro de baldosas que dividía la playa de las pocas construcciones que descansaban junto al mar. El local de los Carmona fue uno de los primeros establecimientos que abrieron sus puertas en el litoral de la capital almeriense y, de hecho, "el único que queda de aquella época", como ellos mismos se encargan de señalar.
Al igual que algunos afortunados disfrutaban de una segunda vivienda en primera línea de playa, durante la década de los 60 el restaurante con nombre de cetáceo funcionó como satélite del que sería el negocio original de la familia, el Calypso, cerca del Hotel La Perla: "Cuando llegaba el verano y se aflojaba la afluencia en la zona del centro, se abría el Delfín Verde para la campaña de verano, que iba desde mayo a septiembre. La gente se trasladaba aquí en los meses de más calor, pero luego en invierno esto se quedaba desierto, así que cerrábamos", rememora Melquíades Conesa, uno de los hijos del fundador, hoy regente del negocio.
Cuando ni siquiera había terraza
No siempre los almerienses pudieron disfrutar de una cerveza con su correspondiente tapa mientras el sol lo bañaba todo y la brisa refrescaba la piel. La terraza del Delfín Verde fue un añadido posterior y así lo reconoce uno de sus actuales dueños, quien se encoge de hombros ante la obviedad: "Si no existía el Paseo Marítimo, no había espacio para colocar las mesas y las sillas".
De la misma forma, tampoco existió siempre en el mismo lugar en el que se encuentra hoy el comedor: "Antes lo teníamos en la segunda planta, donde el hostal" , recuerda el almeriense. Entre esas paredes en las que antaño se degustaban los mejores platos del negocio también fue donde John Lennon se alojó durante las primeras semanas del rodaje de su película How I won the war y donde compuso su famoso tema Strawberry Fields Forever.
No es la única anécdota de la que han sido testigos los camareros de la cafetería: "Aquí a veces vienen personas muy peculiares. Una vez vino un madrileño con aires de saberlo todo. Por las noches desde aquí se ven los bajos de Roquetas, las Salinas... Pues me preguntó si aquello que se veía era Marruecos. No sabía la distancia a la que estaba. Claro, lo ven en el mapa tan cerquita...", relata entre risas.
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Con tantos años de vida e historias acumuladas, surge un interrogante: ¿Por qué 'El Delfín Verde'? Si bien es cierto que existen varios establecimientos homónimos por toda España, no se sabe qué fue antes: el huevo o la gallina. "Ya no sé quién fue el que lo puso primero, pero mi padre le puso ese nombre hace ya mucho tiempo por estar tan cerca del mar", explica Melquíades.
Generación tras generación
La humildad y la cercanía son características que han acompañado al negocio desde sus orígenes. De padres a hijos y de hijos a nietos, por la plantilla del Delfín Verde han pasado ya tres generaciones. El relevo tras la barra se ha hecho siempre de manera natural y es que el espíritu hostelero corre por las venas de la familia: "La sucesión fue sin darnos cuenta. Mis hermanos y yo nos metimos a trabajar aquí de jovencillos y hasta hoy".
A pesar del paso del tiempo, los padres de Melquíades han permanecido vinculados al negocio hasta hace muy poco, siempre dispuestos a echar una mano: "En el futuro los jóvenes que trabajan con nosotros tendrán que hacernos el relevo. Mi hijo, por ejemplo, lleva ya más de una década tras la barra", sonríe orgulloso.
También el avance del reloj se ha hecho notar entre la clientela que frecuenta su local: "Algunos almerienses que conocíamos porque venían a tapear aquí han fallecido, pero sus hijos siguen viniendo, quizás porque recuerdan su infancia y por el trato que les damos", cuenta Melquíades. Y es que las caras que reciben a los almerienses son siempre las mismas; rostros conocidos que transmiten confianza y hablan de un largo legado: "Siempre estamos los tres hermanos más el apoyo del personal. Eso ayuda a tener clientes fijos y que nos son fieles desde hace muchos años".
Calamares que a veces nadaban en el mar

En el Restaurante Delfín Verde tienen que poner tablones de madera en sus cristaleras de la entrada al local para minimizar los daños de las inundaciones.
En sus primeros años de vida había momentos en los que, por el mal tiempo, la marea creía tanto que el agua entraba al local. Si bien es cierto que hoy en día no suele ocurrir esto, también lo es que el temporal, las lluvias o, incluso, el fuerte viento puede afectar notablemente al comercio de la familia Conesa: "Es la desventaja de estar en el Paseo, que es muy bonito, pero en cuanto chispea un poco los almerienses no se acercan aquí", lamenta, para después añadir que estos días, por ejemplo, no han abierto debido a la borrasca Jana.
La meteorología también influye en lo que se sirve durante los días nublados. Y es que no se compran los mismos ingredientes ni cantidades en jornadas para las que están previstos cielos encapotados y vendavales: "Si ves mal tiempo, compras menos. Si ves buen tiempo, más. Es una locura, pero estamos acostumbrados y lo hacemos sin darnos cuenta".
Aunque la cocina del Delfín Verde es sencilla, los clientes siempre deciden volver: "Es una cocina de toda la vida: pescado, frituras, calamares en aceite, pulpo con aguacate... A la gente le encantan. Igual que nuestros arroces y paellas. Son los platos estrella", resume Melquíades.
Ya sea un fin de semana de tapeo, una mañana para desayunar churros o un día de invierno o verano, el Delfín Verde es uno de esos establecimientos en los que siempre, sea cuando sea, hay mesas ocupadas y trabajo por hacer.