De cigarras y gallos
De cigarras y gallos
No estábamos acostumbrados a escuchar la verdad. Pero los que corren no son tiempos propicios para engañarse, ni para dejarse engañar. Los actuales problemas de financiación de las administraciones públicas no se solucionan con las recetas del pasado. Requieren respuestas diferentes a las que nos habían acostumbrado. El Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha comenzado a darlas. Las ha dado para el presente, pensando en el futuro, próximo y lejano, asumiendo la reacción que sucede a la acción. Algunos no solo han malinterpretado las medidas puestas en marcha por el nuevo Gobierno, sino que se han aferrado a no querer valorarlas. Montoro ha dicho que quien lo haga mal, a sabiendas, tendrá que asumir las consecuencias, y ha puesto en jaque a algunas expectativas, quizá poco confesables. Nadie protesta por llevar un cinturón de seguridad mientras conduce, menos los irresponsables. Nos hemos puesto un techo. Quien lo supere, lo hará debiendo asumir su responsabilidad. Ya no serán conductas impunes, porque los políticos no deben quedar al margen del sentido común de la sociedad. Una nueva circunstancia, una nueva situación, nuevos tiempos que requieren nuevas medidas. Hay quienes aún quieren seguir sin buscar soluciones, quienes quieren seguir viviendo sin esfuerzo, como la cigarra. El ministro Montoro aprieta a la hormiga pero quiere acabar con las cigarras políticas, las económicas, las sindicales y las de quienes desean seguir instalados en el aumento del gasto. La gestión pública requiere más rigor. La economía requiere orden y prioridad. Es este el motivo de la exigencia de la responsabilidad personal de los excesos a costa del presupuesto público. Con o sin la modificación del Código Penal, como en el ámbito empresarial o profesional, los políticos deben asumir responsabilidad personal y patrimonial. Aferrados al estatus y a la silla, como en el famoso baile, son muchos los que temen que ahora se mueva. Y manejan sus esfuerzos con brío, despreocupados de las tareas que habrían de ocuparles. Pero no es eso lo que toca. Lo que toca ahora es arrimar el hombro, remar en dirección unívoca, aunar esfuerzos. Son muchos los ciudadanos que esperan respuestas, muchos los que esperan ser bien dirigidos, muchos los que han confiado en la opción del gobierno de Rajoy para salir de la crítica situación en la que estamos inmersos. Pero hay otros poniendo palos en las ruedas para vivir como antes, otros queriendo convencer a la sociedad de que sin moverse todo se solucionará.A esto es a lo que nos habían acostumbrado. Y de aquellos lodos llegaron estos barros. La sociedad de hoy no es la precedente. El escenario ha cambiado. La sociedad de hoy exige ver a sus políticos en busca de soluciones reales, porque la hormigas mueren por sus semejantes. Las cigarras no, ellas quieren sobrevivir a costa de los demás. Malos tiempos corren para quienes creen que se vive mejor rodeado de cigarras. Dificilmente con el Gobierno anterior tuvimos la oportunidad de recibir mensajes con el alcance, precisión, rigor, conocimiento y técnica con los que ahora nos frecuentan muchas de las voces del actual. Sin embargo, la oposición sigue en su vulgar lenguaje, en sus vulgares gestos, que ahora, si cabe, en su nueva posición, se advierten más forzados. La actitud fatalista ante las medidas que el actual Gobierno ha de tomar se ha erigido en una excusante hipocresía justificada para su electorado en su interna guerra de gallos/gallinas. Pero la situación que critican no ha podido ser creada, o al menos amparada, sino por ellos mismos. No sin descrédito, se dirigen a los ciudadanos como si de su gestión nada hubiera dependido. Tal actitud y falta de sinceridad no representa sino una reiterada falta de responsabilidad, una mayúscula tomadura de pelo y una frívola actitud que juega únicamente a los réditos que les pueda facilitar la asunción de las medidas para solucionar una situación tan compleja como la que nos han dejado.