No es tiempo de rebajas
No es tiempo de rebajas
Hubo un tiempo en el que España obtuvo el respeto de sus socios europeos y de aquellos que podían contribuir al crecimiento de una nación que había trabajado con rigor, responsabilidad, transparencia y valentía para estar entre los mejores, para garantizar un porvenir a sus jóvenes y una situación de estabilidad y bienestar a sus mayores, que se habían esforzado duramente en un país que levantaron en condiciones muy duras. Fue aquel un tiempo en el que ni el Presidente del Gobierno, José María Aznar, ni sus Ministros, volvían de Bruselas sin haber conseguido lo que era justo para España, en el que se tenía al nuestro por un país cumplidor en sus compromisos y en el que creábamos 8 de cada 10 empleos europeos. No hace tanto de aquello y confío en que no queda mucho para volver a crecer, al menos, al ritmo al que crecen el resto de los socios más solventes de la zona euro. Los mercados internacionales han sufrido en los últimos meses una volatilidad no vista desde la peor época de la crisis financiera y la canciller alemana, Angela Merkel, aprovechó ayer para instar al resto de socios europeos a que dejen de vivir del crédito ante la crisis presupuestaria y de la deuda que afecta a varios países de la zona euro entre los que se encuentra el nuestro. La cumbre de líderes de la Unión Europea de ayer -precedida por los recortes en la nota de la deuda de España-, y la que se celebrará el miércoles -a la que se ha aplazado el pacto global- son de vital importancia para el aseguramiento de la estabilidad de los socios que están el punto de mira y que ponen en riesgo la estabilidad de la zona euro. Quienes formamos parte de la moneda única debemos esforzarnos para cumplir con nuestros compromisos, no causar perjuicios ni a nosotros ni a los demás países y velar así por no dañar el proyecto europeo. De modo que España debe insistir en Europa, exigir que se tomen decisiones, que se fijen las reglas del juego, que se resuelva el problema de Grecia y se evite el contagio a otros países. El Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero afirmó el viernes que contempla que se aplique un descuento en el valor de la deuda soberana española en manos de la banca de menos del 5% en función de los precios de mercado, dentro de los planes de recapitalización financiera que abordan los líderes europeos. Se castigaría así a las entidades con títulos de deuda española, obligándose a la banca a valorar sus títulos de deuda a precio de mercado que, aunque no es lo mismo que una quita, obliga a las entidades a buscar capital. Obligando a los bancos a capitalizarse para asegurar el pago en caso de no poder hacerlo España, se está reconociendo la posibilidad de que esto suceda, lo que hace más difícil la colocación de nuestra deuda. Aun así, el Gobierno parece dispuesto a aceptarlo. El PP ha pedido al Gobierno "que no ceda, que no se rinda, que sepa negociar", pues la rebaja causaría grandes perjuicios a España. Ayer, el popular Esteban González Pons afirmó que espera que el Ejecutivo "sepa negociar porque en sus manos no está el futuro económico de España ni el futuro de todos, sino el de cada uno de nosotros, y esa decisión que se adopta en Bruselas esta semana tiene efectos sobre las economías particulares de todos los españoles". Pero no sabemos qué hará al fin un Gobierno que cada vez tarda menos en cambiar de criterio, que en los últimos tiempos lo hace en cuestión de horas y cuyos portavoces son muchos y continuamente transmiten decisiones antagónicas.