La Voz de Almeria

Almería

La querida Plaza del Educador, que en paz descanse

Las obras han hecho desaparecer la plaza y el monumento que esculpió Martín Lao

Lo que era la histórica Plaza del Educador, hoy convertida en una cuesta sin alma.

Lo que era la histórica Plaza del Educador, hoy convertida en una cuesta sin alma.Eduardo de Vicente

Eduardo de Vicente
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La transformación del Paseo se ha llevado por delante una de las plazas de mayor arraigo en la vida social de Almería, la querida Plaza del Educador, que por arte de birlibirloque ha sido completamente arrasada, sin ninguna de las señas de identidad que constituían el alma de este escenario. 

Las actuaciones sobre los lugares históricos son necesarias siempre que sean para mejorar, pero lo que no tiene sentido es hacer desaparecer del mapa una plaza que formaba parte de la memoria colectiva de nuestra ciudad para convertirla en una cuesta, que al margen de cuestiones estéticas, se carga de un plumazo su historia. ¿Qué pintan esos bancos de piedra sobre un terreno inclinado? ¿Por qué no se ha respetado la historia y esa particularidad de plaza elevada, de glorieta, que le daba personalidad al recinto?

Esta plaza, que oficialmente ha tenido los nombres de Juan Cassinello y del Educador, era conocida popularmente como la Plaza de la Leche. El misterio del apodo nunca se ha terminado de resolver. Por fuertes que suenen las voces que desacrediten la veracidad del nombre popular de Plaza de la Leche, lo cierto es que a ese histórico rincón del Paseo, frente al viejo edificio de Correos, una generación de almerienses la conoció con ese nombre, la Plaza de la Leche.

Los adolescentes de finales de los setenta y de la década siguiente escogimos aquel lugar como punto de citas y convertimos sus bancos de madera en cuartel general donde durante la semana se organizaban las fiestas de los sábados por la tarde. Cuando no teníamos nada que hacer, nos íbamos a la plaza, nos comprábamos una bolsa de pipas calientes en el kiosco de enfrente y veíamos pasar ese río de la vida que transcurría por el Paseo. Quedábamos en la Plaza de la Leche, aunque el rótulo de la calle nos dijera que aquel escenario estaba dedicado a Juan Cassinello.

Unos decían que el apodo le venía por el color blanco como la leche que destacaba en medio del paisaje: el blanco de las losas del suelo y sobre todo, el blanco inmaculado de la estatua del Educador que en el año 1969 llegó para engalanar la plaza. 

En este monumento al maestro está la clave del apodo. Eso al menos es que lo que asegura el padre de la obra, el artista almeriense Jesús Martín Lao, que en 1969 esculpió la figura del educador que en sus manos sostenía un libro. El escultor cuenta que entre el entonces alcalde, Francisco Gómez Angulo, y el arquitecto Javier Peña, lo convencieron para que creara aquel símbolo que pretendía darle prestigio a la céntrica plaza con motivo de la visita a Almería del ministro de Educación, señor Villar Palasí. 

Durante meses trabajó sin descanso en el improvisado taller que las autoridades le prestaron en una de las naves de la Térmica Vieja, en aquel tiempo recinto municipal. Las últimas semanas fueron de prisas y nervios porque se echaba la fecha encima y el monumento no estaba terminado, lo que obligó a su autor a tener que trabajar de noche. Por fin, cuando estuvo terminado, la estatua se instaló en la remodelada plaza frente al edificio de Correos y para que nadie la descubriera hasta que no viniera el ministro, se acordó cubrirla con tablones de madera.

La visita de Villar Palasí se fue atrasando y la figura oculta del Educador se quedó allí, tapada a los ojos de la ciudad, durante varias semanas. El artista que la creó dice que la gente, cuando pasaba y se encontraba con aquella mole envuelta en madera se preguntaba ¿qué leche hay ahí?, y así, de tanto repetir la frase durante más de un mes de espera, aquel espacio fue bautizado popularmente como la Plaza de la Leche.

"Se ha enterrado la historia de un escenario que empezó a tomar fuerza en el año 1916"Eduardo del Pino

Con la desaparición del monumento al Educador y de su plaza se ha enterrado la historia de un escenario que empezó a tomar fuerza cuando en el año 1916 construyeron un monumental urinario subterráneo, frente al magnífico edificio del colegio de Jesús Maestro, que desde ese mismo año se convirtió en la sede de Correos.

La popularidad de la plaza alcanzó sus cotas más altas cuando en los años de la República levantaron en el centro el kiosco de la Música, un lugar de referencia para varias generaciones de almerienses, que los domingos se reunían allí para escuchar a la banda municipal y en Navidad para hacerse fotografías con el Rey Mago de turno.

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