El ficus del Paseo vuelve a respirar
La sombra más familiar del boulevard, esa que protege a los cafeteros del Parrilla Pasaje, se desprende de su celada tras meses encerrado por las obras

Imagen del ficus del Paseo esta semana, liberado de las vallas que lo protegían de las obras.
Ha perdido -por fin- la celada que lo cubría como a un caballero de la Orden del Temple. El ficus -el gigante verde almeriense, la centenaria higuera australiana que llegó por barco de vapor a finales del XIX- se ha liberado de su armadura medieval, de esa valla que lo entallaba y lo mantenía maniatado como a un desnortado con camisa de fuerza, mientras los albañiles colocaban la piedra del Paseo. Ahora luce de nuevo su pelambrera al sol de este otoño membrillero, sin que esté ya el hombre del esparto sentado junto a sus raíces, ni la estructura del kiosco con el que lindaba. Pero ha vuelto a nacer, ha vuelto a respirar libre, dejando atrás sus ligaduras, en ese cruce de caminos entre la calle Lachambre y el viejo camino de La Vega denominado Francisco Rueda López. A los cafeteros del Parrilla Pasaje, su follaje le sirve de visera, desparramándose de acera a acera del nuevo boulevard. Le han colocado un poyete de madera y de metal que sustituye al que tenía de piedra y parece que luce más. Las arrugas del tronco son el carné de identidad que le acredita como el árbol más veterano del Paseo. Ha visto de todo este árbol, como un mástil de madera en la proa de la ciudad, como un vigilante de una playa, como un árbitro de tenis subido en la escaleta, contemplado la pista de tierra batida.
Da alegría verlo de nuevo, ya sin vallas intermediarias, normalizando la imagen del Paseo, la sala de estar de los almerienses. Este ficus llegó a la ciudad dentro de un proyecto de jardinería urbana hace alrededor de 130 años para plantarlo, junto a otros ejemplares, en el antiguo Malecón, antes que el frente de playa y en Andén de Costa fuese precisamente un Parque como el de hoy. Sobró este ficus, como un sobrero en una lidia, y el alcalde Francisco Jover y Tovar decidió sembrarlo en el Paseo medio, donde había estado el antiguo lienzo de la muralla medieval, donde permanece desde entonces, habiendo visto pasar a la monarquía, a la república, a la dictadura y otra ver a la monarquía, como inquilino del Paseo del Príncipe, del Generalísimo, del Paseo de Almería. El ficus del Paseo creció en ese contexto de modernización. Mientras cambiaban los edificios, los comercios y las costumbres, el árbol se convirtió en un punto de referencia para los almerienses. Mide 18 metros de altura y sus ramas y raíces han tenido que ser cuidadas para no amenazar a los edificios, pavimentos y comercios próximos. En mayo de 2017, el Ayuntamiento sometió el árbol a pruebas diagnósticas, incluida una tomografía del tronco, para evaluar su estado y descartar riesgos. La intervención puso de manifiesto que conservar un ejemplar de estas dimensiones en una calle comercial exige vigilancia y cuidados continuos.
Durante décadas, el ficus compartió su espacio con una palmera de gran altura, que formaba parte de la imagen característica de este rincón del Paseo.
En agosto de 2017 se taló la palmera debido a su inclinación y al riesgo de desplome. Su desaparición modificó la estampa que muchos vecinos habían conocido durante años. La conservación del ficus se mantuvo como prioridad por su valor paisajístico y simbólico.