"Ponerse moreno nunca será saludable: es la respuesta de la piel a la radiación de Almería"
El conocido dermatólogo Ramón Fernández Miranda ofrece unos consejos y advertencias para evitar futuros tumores

Las quemaduras en la playa no son un accidente menor: son daño acumulado en la piel que puede tener consecuencias graves a futuro.
En la playa nadie se acuerda de ella. Está ahí, expuesta al sol, mientras la conversación gira en torno al agua fría, los cotilleos o la cerveza. De vez en cuando, con suerte, alguien suelta un “¡Momento crema de sol!”, pero casi nadie se la reaplica con la frecuencia necesaria. Nadie piensa que la piel, en ese aparente estado de relajación absoluta, está trabajando más que nunca. Sin descanso. Y que cada minuto bajo el sol en las horas equivocadas deja una huella que es difícil de borrar.
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“La piel tiene memoria”, recuerda en esta línea Ramón Fernández Miranda, especialista en dermatología con casi medio siglo de experiencia en el sector. El sanitario, aunque ya jubilado, es de alma inquieta: no ha dejado nunca de advertir a la población sobre los riesgos del sol, esa estrella que ilumina Almería más de 3.000 horas al año.
La mitología de tomar el sol
Comienza la época en la que almerienses y visitantes se acercan a las playas de la provincia con la liturgia del “tostado” por bandera, vuelta y vuelta, cual filete de lomo. El resultado suele repetirse con la puntualidad de un reloj suizo: pieles que arden al roce, rojeces que derivan en una especia de “pellejo de serviente” en los días posteriores o, con suerte relativa, ese bronceado que se celebra como trofeo, siempre tras una aplicación generosa -y no siempre suficiente- de crema solar.
De todo este ritual surge una pregunta incómoda y persistente: ¿es realmente afortunado quien regresa con el moreno que buscaba, o simplemente alguien que aún no conoce la factura del sol?

No se recomienda tomar el sol en horas de máximo calor.
“La piel se pone morena porque fabrica melanina para defenderse de la radiación. Yo siempre lo comparo con el tabaco y los problemas respiratorios. Los fumadores, que serían los tomadores de sol, tosen porque es la respuesta que el aparato respiratorio da para defenderse del humo y de las células que están muertas. No hay tos buena. A la piel le pasa igual, no hay moreno que sea del todo sano, sobre todo en pieles pálidas”, compara el dermatólogo.
Según el médico, la genética es determinante: las pieles oscuras cuentan con una protección natural mucho mayor. La llamada Escala de Fitzpatrick, que clasifica la piel en seis fototipos, establece que las personas de piel negra tienen una altísima resistencia a las quemaduras: “No se queman nunca y su incidencia de cáncer cutáneo es prácticamente irrelevante”, confirma Fernández Miranda. El problema, sin embargo, se concentra en los fototipos 2 y 3, que son los más habituales en España.
Alertas y factores de riesgo
Cuando alguien no protege su piel, está sufriendo radiación. La radiación rompe el ADN celular, una rotura que el cuerpo intenta reparar... hasta que deja de poder hacerlo. Ese daño solar, que queda acumulado durante años, puede convertirse después en melanoma o cáncer.

Un hombre toma el sol con la piel enrojecida.
El dermatólogo avisa de tres señales de riesgo de melanoma, todas a tener muy en cuenta: “Contar con más de 100 lunares; haber sufrido más de tres quemaduras solares en la infancia; y tener un lunar sangrante, con costra o que haya cambiado de color o tamaño”. En caso de darse alguna de estas circunstancias, el almeriense recomienda hacer una consulta a un especialista.
"No utilizamos bien la crema solar"
Si el sol deja huella desde el primer minuto de exposición, la gran pregunta es qué papel juega la crema solar en ese proceso. Lo cierto es que la mayoría no aplica el protector correctamente: “Un SPF 50 no protege mucho más que un 15, pero sí dura más tiempo. En condiciones óptimas y usando la de 50, en la playa o en la piscina se debería aplicar cada media hora o tres cuartos”, recomienda Fernández Miranda.
El problema es que se suele aplicar menos crema solar de la necesaria, lo que reduce drásticamente la protección real. Explica que la cantidad correcta es muy alta: aproximadamente 2 miligramos por centímetro cuadrado de piel. Es decir, una capa consistente.
En la práctica, la gente se pone mucho menos, incluso “la mitad”, lo que hace que un protector de SPF 50 pueda acabar ofreciendo una protección mucho menor de la que indica el envase. “Al final te acabas poniendo un SPF 12 pensando que llevas un 50”. Por tanto, no es tanto el factor de protección, sino la cantidad real que se aplica lo que determina si la crema funciona o no.
En esta línea, la ropa también engaña. La temporada estival suele llegar acompañada de prendas ligeras y con tonalidades claras para combatir el calor del verano. Y aunque la ropa blanca sí protege de las altas temperaturas, no evita el daño de los ultravioletas. “La ropa oscura bloquea mejor la radiación UV. Por eso los tuareg van por el desierto completamente tapados y vestidos de azul oscuro”.

Unas chicas toman el sol en la playa, sin sombrilla.
Aun así, el dermatólogo acaba reconociendo que, ante la imposibilidad de vestirse de negro en Almería, “la mejor protección es el sentido común”. Recomienda limitar la exposición a la playa hasta alrededor de las 11.30 horas y evitar volver a ella hasta las 16.00 o 17.00 de la tarde. “No hay más salida, porque el sol de Almería es especialmente agresivo”.
Bulos y mentiras
Los problemas en la piel dejan de ser solo médicos cuando entran en un territorio más inquietante: el de los mensajes que se viralizan sin base científica y se convierten en “verdades” porque alguien famoso los dice.
Es el caso reciente de un conocido futbolista que, aprovechando la franja “prime time” de la televisión, afirmó que las cremas solares no sirven y que lo correcto es tomar el sol progresivamente, como si fuera una especie de vacuna. “Es una barbaridad”, responde el médico: “Si quieres que el cáncer te llegue a los 40 en vez de a los 70, adelante”.