La Voz de Almeria

Almería

La artista de Almería que convierte las migas, la berza o el americano en acuarelas que saben a casa

Arquitecta e ilustradora, Cris Lara transforma la gastronomía tradicional en láminas que preservan memoria, sabor y el alma culinaria de la provincia

Cris Lara con la lámina de migas de 'Recetas de Almería'

Cris Lara con la lámina de migas de 'Recetas de Almería'LA VOZ

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Hay cuadros que no se miran: se respiran. En ciertas acuarelas parece escucharse el chisporroteo del aceite, asomar el olor a pan frito en tardes de lluvia y ver cómo el boniato endulza el caldo como si fuera un recuerdo propio. Son imágenes que retratan hogares más que recetas; convierten la cocina en refugio, los fogones en patrimonio y los sabores de la tierra en memoria emocional. Basta una paleta de colores cálidos y un cuenco humeante para que uno regrese, aunque sea un instante, a esa cocina donde la historia familiar empezaba siempre junto a una olla.

En ese territorio donde el arte se mezcla con la nostalgia se mueve Cris Lara Martín, arquitecta e ilustradora almeriense que ha transformado la gastronomía local en un lenguaje sentimental. Nacida en Almería y criada entre Berja, Dalías y ahora Enix, aprendió desde pequeña a mirar las tradiciones como quien custodia un tesoro. Formada entre planos, geometrías y maquetas, encontró en la acuarela un modo de preservar lo que se está perdiendo: recetas que pasan de abuelas a nietos, historias que viajan de pueblo en pueblo, aromas que fueron infancia. 

Así nació ‘Recetas de Almería’, una colección de láminas que convierte platos como las migas, la berza o el americano del Amalia en pequeñas reliquias culturales, cocinadas con investigación, memoria y el deseo íntimo de que la provincia no olvide su sabor.

De los planos a los pinceles 

“Siempre he dibujado”, afirma Cris. La frase suena sencilla, pero contiene una vida entera. De niña, el lápiz le servía para entender el mundo; de adulta, eligió la arquitectura porque las notas la llevaron por ese camino y porque, de algún modo, también ahí había arte. Entre proyectos, maquetas y folios en blanco, seguía pintando: “Nunca lo dejé. La arquitectura es técnica, pero también parte de un folio vacío y tiene una dimensión creativa que me atrapó”, recuerda.

Durante años, la ilustración fue refugio, impulso y hobby. Hasta que, en 2017, empezó a recibir encargos de manera constante. Primero tímidamente, luego con la seguridad de quien encuentra su lugar: la afición se convirtió en oficio. Hoy trabaja como autónoma, combinando las dos disciplinas sin renunciar a ninguna. La arquitectura le dio método; la acuarela, libertad. En medio, un puente: contar historias desde la belleza. “No lo busqué; me llegó. Pero entendí que esto también podía ser trabajo. Y una forma de aportar algo a mi tierra”.

El sabor como patrimonio

La colección ‘Recetas de Almería’ no nació como un proyecto calculado, sino como consecuencia natural de una mirada curiosa. Cris, aficionada a la historia y criada entre pueblos donde las tradiciones todavía se cuidan, entendió que la gastronomía era un puente directo a la identidad. “La gastronomía es memoria. Son recetas que pasan de abuelas a nietos. Ilustrarlas es una manera de conservarlas”, explica.

Por eso, sus láminas no se limitan a retratar un plato servido: son mapas afectivos. Las migas saben a familia reunida y a días de lluvia; la berza almeriense, con su boniato dulce, huele a mediodías lentos de invierno; el americano nos devuelve a Puerta Purchena, al mostrador del Kiosco Amalia, a los años 70 y a una tradición nacida de un capricho de cine. 

Cris incluso organiza su creación como quien planifica una despensa: migas en octubre, berza en noviembre, americano en Navidad; guisos para enero y febrero; un ajoblanco estival para abrir ventanas y refrescar el verano. Lo cotidiano se vuelve extraordinario cuando se contempla desde la distancia justa: la del papel de acuarela, húmedo, respirando pigmento. “Mi objetivo no es solo decorar, es despertar recuerdos. Que alguien vea una lámina y se acuerde de sus abuelos”.

Lámina del americano de 'Recetas de Almería'

Lámina del americano de 'Recetas de Almería'Cris Lara

Del fogón al papel 

El proceso creativo de Cris empieza lejos de los pinceles. Primero se cocina la idea: se lee, se pregunta, se investiga. Se comparan recetas, se buscan ingredientes comunes, se rastrea qué hace que un plato sea verdaderamente almeriense y no una variación importada. “Es una labor investigadora. Quiero que lo que pinto sea cierto, que refleje la receta como se ha hecho aquí siempre”, afirma.

Solo cuando la historia está clara, llega la parte visible: el boceto. Los ingredientes suben a la parte superior, como si fueran un bodegón desordenado y vivo; abajo, el plato terminado, humeante; al lado, una receta real en texto breve, con cantidades y tiempos. El resultado puede colgarse en la pared, pero también puede cocinarse. Cada lámina es una invitación práctica: si alguien sigue los pasos, el plato está servido.

“No quiero que sea solo arte; quiero que tenga vida. Que quien lo mire pueda usarlo, recordarlo, saborearlo”. Por eso, sus acuarelas tienen estructura de diario y alma de recetario familiar. Son objetos bellos, pero también útiles: un puente entre lo emocional y lo tangible, entre la estética y la cucharada.

Lámina de la berza

Lámina de la berzaCris Lara

Un arte que se regala

En tiempos en los que el arte parece inaccesible, Cris ha encontrado una forma de democratizar la belleza. Sus láminas, disponibles en tamaños A5, A4 y A3, son la puerta de entrada a un universo cuidado, cercano y cotidiano: piezas originales que cualquiera puede llevarse a casa o convertir en regalo. “Es una manera de acercar el arte a la gente y de apoyar lo local”, explica.

Quizá por eso sus ilustraciones han empezado a poblar cocinas, salones y comedores de la provincia. No se cuelgan como trofeos: se integran, como se integran las recetas en la vida. Cada pieza funciona como un guiño, una conversación, un puente entre el pasado y el presente. Hay quien las enmarca y quien las usa como recetario; quien las compra para sí mismo y quien las regala como se regala un recuerdo. 

No buscan acumular prestigio, sino circular afectos. Y en ese gesto —la accesibilidad, la cercanía, la humildad del objeto que viaja de mano en mano— se esconde parte del secreto de su éxito: el arte como compañía y como gesto cotidiano.

Crecer sin prisa

Ocho años después de aquel primer encargo, Cris sigue avanzando sin perder el pulso de lo cotidiano. “Soy ambiciosa, pero a mi manera”, confiesa. No se obsesiona con cifras ni con metas desmesuradas: “No tengo miles de seguidores, pero nunca me falta trabajo. Crezco despacio, pero hacia arriba”.

Entre la arquitectura y la acuarela ha encontrado un equilibrio que funciona: dos lenguajes distintos que cuentan la misma historia, la del lugar al que se pertenece. “No sé dónde estaré dentro de unos años, pero sé que quiero seguir avanzando. Seguir aprendiendo. Seguir pintando”. Quizá ahí esté su receta: crecer sin prisa, pero sin pausa. Como los platos que necesitan tiempo para hacerse inolvidables. Como el arte que sabe a hogar.

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