La Transición llegó antes de morir Franco
En noviembre del 74 hubo una manifestación no autorizada pidiendo la legalización del PC

Un adolescente imitando la figura del Corazón de Jesús sobre uno de los pedestales de piedra del Cerro de San Cristóbal. Año 1974.
La Transición oficial empezó a caminar con la muerte de Franco en noviembre de 1975, pero en realidad había comenzado unos años antes, cuando en el ambiente se respiraba ya un aire distinto lleno de matices desconocidos.
En mi colegio, allá por 1974, cantábamos en el recreo, detrás del gimnasio, canciones de Victor Jara y los sábados por la tarde nos reuníamos en la Plaza de San Pedro para escuchar a un muchacho que tocaba con la guitarra ‘A galopar’, de Paco Ibáñez y el ‘No nos moverán de Joan Báez, que se acababa de editar ese mismo año.
Franco seguía vivo, pero la dictadura agonizaba de manera imparable, se palpaba en las calles, en las conversaciones de la gente, en el pulso de la vida cotidiana.
Aquel cambio tan esperado por muchos vino cargado de ilusiones, pero también de problemas, algunos, como el de la delincuencia juvenil, eran hasta entonces desconocidos en una ciudad tan tranquila como Almería, donde presumíamos de que nunca pasaba nada y de que podíamos dormir con las puertas de las casas abiertas.
A comienzos de los años setenta el panorama empezó a cambiar y tuvimos que ponerle un cerrojo más a las puertas y cerrar bien las ventanillas de los coches y no caminar a ciertas horas solos por las calles. Un día, los sucesos del periódico dejaron de ser solo los accidentes que se resolvían en la Casa de Socorro y en el Hospital y aparecieron en escena los robos y sobre todo, los alijos de droga, una realidad de la que habíamos oido hablar de lejos, en las noticias de otros países que daban en los telediarios.
Un año antes de que el Caudillo redactara su despedida final, el puerto ya se había convertido en el lugar de entrada principal de estupefacientes que venían del norte de África. En junio de 1974 la Guardia Civil capturó 45 kilos de hachís en un doble fondo de un coche que venía en el barco de Melilla. En noviembre de ese mismo año, se interceptó un importante cargamento de grifa en un pesquero.
Pasar droga en los pesqueros empezó a ser una realidad cotidiana cuando algunos descubrieron en aquellas escaramuzas la posibilidad de ganar el doble de lo que ganaban tirados una semana en el mar.
La llegada de la droga fue clave en la aparición de la delincuencia juvenil. De la noche a la mañana pasamos de la figura del ratero que entraba en una tienda a llevarse lo que podía a la aparición del ‘chorizo’ callejero que te quitaba el reloj a punta de navaja o le daba un tirón de la cadena del cuello a la primera vecina que se le pusiera por delante.
En aquel año de 1974 los vientos del cambio no se notaban únicamente en la droga y en la delincuencia. Había un clima social naciente, sentíamos, como decía la canción de Silvio Rodríguez, que “la era estaba pariendo un corazón”. En la tienda de mis padres las mujeres hablaban de divorcio y libertades y los que teníamos hermanos estudiando en Granada sabíamos de primera mano que en la Universidad se organizaban manifestaciones que eran reprimidas violentamente por las fuerzas del orden.
Aquí, en Almería, una de las primeras manifestaciones no autorizadas antes de que muriera Franco se organizó en noviembre de 1974, cuando un grupo de simpatizantes del Partido Comunista se lanzó a la calle pidiendo la legalización del grupo. Los sucesos ocurrieron a lo largo del Parque y los ‘grises’, que era como se conocía popularmente a la policía armada, tuvieron que disolverlos a la fuerza. Los primeros indicios de libertad política también llegaron a la prensa. El 31 de octubre de 1974 el poeta Manuel Palma Iglesias publicó en La Voz de Almería un artículo titulado ‘Ciudadanía y participación’ en el que hablaba de democracia y de la nueva sociedad que se hacía presente en Almería. “Para dirigir y gobernar a una sociedad como la almeriense hay que aceptar la línea de participación como única alternativa viable”, dijo.
La Almería de 1974, cuando la Transición ya estaba en marcha, era una ciudad con 124.000 habitantes, con 23.000 vehículos circulando por sus calles y con 19.000 almerienses que habían instalado ya el teléfono en sus hogares. La televisión había llegado a todas las casas, sin distinción de clases y en los cines se empezaban a ver los primeros indicios del destape que llegaría unos meses después.
Todos nos emocionamos mucho cuando el lunes 21 de enero de 1974 en la serie televisiva ‘Los Camioneros’, que entonces estaba de moda con un Sancho Gracia pletórico, vimos nuestros queridos paisajes almerienses en los que se habían rodado varios capítulos. Eso de salir en la tele nos llenaba de orgullo patrio en una época en la que se decía que el nombre de Almería apenas aparecía a nivel nacional, salvo que se tratara de una mala noticia.