Los nuevos inquilinos del Parque
Vecinos con perros se organizan para solicitar un espacio para las mascotas en el Parque Viej

los propietarios de perros han encontrado un buen refugio en el Parque Viejo.
El Parque Viejo se ha renovado con la presencia masiva de mascotas. Hay quien está en contra de que los perros se adueñen de este recinto arbolado de la ciudad, pero la realidad habla de que los perros y sus dueños se han convertido en mayoría y que con ellos, el Parque ha dejado de ser un espacio solitario junto a una carretera nacional.
En las últimas semanas se ha puesto en marcha una iniciativa, promovida por los propietarios de mascotas, que quieren contar con el apoyo de las asociaciones de vecinos de la zona para solicitar al ayuntamiento que un sector del Parque Viejo se dedique a zona de esparcimiento de los animales. De hecho, ya lo es sin necesidad de ninguna autorización oficial. Basta con darse una vuelta por el Parque para entender que los perros son mayoría y que es preciso que se tomen medidas con urgencia para ordenar la convivencia entre los vecinos, los dueños de animales y los perros. Habría que mejorar la limpieza y vigilar para que se cumplieran a rajatabla las normas sobre la recogida de heces y orines, que sigue siendo un problema, no solo en el Parque, sino un problema general en toda la ciudad donde siguen sin cumplirse las ordenanzas como se puede comprobar observando el aspecto deprorable de las esquinas y de las fachadas de algunas casas.
Actualmente, el Parque Viejo, que se extiende desde el final de la Avenida del Mar hasta la rotonda de la fuente de los Peces, encierra varios escenarios en uno. El primer tramo, la zona pegada al barrio de Pescadería, está ocupada por las tardes por familias, madres y niños, la mayoría musulmanes, que han encontrado allí un buen lugar de ocio. El tramo siguiente, es decir, la parte central del Parque Viejo, es la que está sirviendo de refugio a los propietarios de perros. Son cientos los que a diario llegan con sus mascotas al Parque por lo que si no se establecen las normas necesarias, si no se organiza bien el espacio, los problemas de convivencia pueden multiplicarse.
Con independencia de que el lugar sea el más adecuado o no para los perros, lo que no admite dudas es que la presencia canina ha cambiado la rutina del Parque Viejo que hace unos años era un escenario solitario que parecía completamente perdido para la ciudad.
A lo largo de la historia, este trozo de la ciudad que nació como lugar de ocio junto al puerto, ha sufrido grandes transformaciones ambientales. Todos recordamos el Parque de hace medio siglo cuando era costumbre salir a pasear los domingos por la mañana, y aquel otro Parque que nacía de noche, cuando en sus rincones más escondidos anidaban las parejas de novios y los mirones que iban a ver cómo se ‘pegaban el lote’. También está en el recuerdo la gran crisis vital del Parque Viejo, cuando en los primeros años de la Transición la delincuencia lo convirtió en un paraje intransitable.