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Senderismo entre cenizas: el Club Cóndor de Almería vuelve a Bédar tras el incendio

El recorrido por el Sendero de la Minería puso el foco en la conservación del entorno y en la capacidad de la naturaleza para renacer tras el fuego

El Club de Montañismo Cóndor, al inicio del Sendero de la Minería, en Bédar.

El Club de Montañismo Cóndor, al inicio del Sendero de la Minería, en Bédar.La Voz

Elena Ortuño
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En la sierra de Bédar, el olor a ceniza todavía impregna el aire y el negro del terreno evidencia las heridas que el incendio forestal de este verano dejó en la zona; un paisaje que hace apenas un año recibía a numerosos senderistas y visitantes y que hoy muestra una imagen desoladora. Sin embargo, no todo es desesperanza. 

Entre los árboles calcinados y la tierra ennegrecida comienzan a aparecer ya los primeros signos de recuperación: pequeños brotes verdes y palmitos que vuelven a abrirse paso entre las cenizas. La naturaleza empieza a reclamar su espacio y recuerda que, incluso después de la devastación, la vida encuentra camino.

El palmito, renaciendo de las cenizas como un fénix.

El palmito, renaciendo de las cenizas como un fénix.Elena Ortuño

Con esa mezcla de tristeza, solidaridad y esperanza, socios e invitados del Club de Montañismo Cóndor se desplazaron este sábado hasta Bédar para recorrer el SL-A 77, el Sendero de la Minería. Se trata de una actividad concebida no solo como una jornada de senderismo, sino también como una muestra de apoyo al municipio, una oportunidad para conocer su patrimonio y una invitación a reflexionar sobre la conservación y recuperación de los montes.

Un paisaje en transformación

La ruta, que en otras circunstancias habría congregado a numerosos senderistas y visitantes, transcurrió esta vez prácticamente en soledad. El silencio en los caminos y el paisaje ennegrecido contrastaban con los recuerdos de quienes habían recorrido anteriormente la sierra en todo su esplendor. Donde antes había exuberante vegetación, cerezos en flor y un paisaje lleno de vida, ahora quedaban troncos calcinados y una imagen difícil de olvidar. Y, sin embargo, la jornada comenzó con un mensaje claro: el monte no está muerto.

Inicio del Sendero de la Minería de Bédar.

Inicio del Sendero de la Minería de Bédar.Elena Ortuño

Como explicaron durante el comienzo de la actividad, muchas de las especies mediterráneas están adaptadas a los incendios y cuentan con mecanismos naturales de supervivencia.  Algunas conservan semillas capaces de germinar después del fuego y otras mantienen vivas sus raíces o cepas, desde las que pueden volver a brotar. La humedad que llega desde el Mediterráneo y las condiciones del entorno favorecen, además, que determinadas especies comiencen a regenerarse.

Este apunte al inicio de la caminata se materializó a la vista de todos durante el sendero, especialmente en el palmito, una especie característica de dichos ambientes que se abría paso a través de su tronco quemado. No cabe olvidar, sin embargo, que aunque la naturaleza tiene una extraordinaria capacidad de regeneración, los incendios de gran intensidad alteran profundamente los ecosistemas, erosionan el suelo y comprometen la recuperación de determinadas especies. 

Ruta entre los cerezos calcinados.

Ruta entre los cerezos calcinados.

Un gran contraste con la vegetación arrasada fue el de las viviendas que habían permanecido intactas; una imagen que invitaba a reflexionar sobre el comportamiento del fuego, las técnicas utilizadas para salvar las casas y la importancia de la prevención, dado que el 75% de los incendios forestales ocurridos en Almería durante 2024 (68 incendios en total) fueron causados por la acción humana.

La historia minera de Bédar

El paisaje calcinado convivió durante la jornada con otro de los grandes atractivos de la ruta: el patrimonio minero de Bédar. El Sendero de la Minería discurre por antiguos trazados ferroviarios e instalaciones que recuerdan la intensa actividad extractiva que marcó la historia de la localidad y su conexión con el puerto de Garrucha.

Entre los vestigios más destacados figura el túnel de Selvalico, con 230 metros de longitud, excavado entre 1895 y 1896. En su entrada norte conserva unas cruces grabadas en la piedra que, según la tradición local, recuerdan a un joven minero fallecido tras ser atropellado por una locomotora en 1906.

Antiguo cocherón donde se guardaba y mantenía la locomotora de vapor Angelita.

Antiguo cocherón donde se guardaba y mantenía la locomotora de vapor Angelita.Antonio Sánchez

El recorrido también pasa por el antiguo cocherón de la locomotora de vapor Angelita, el Plano Grande, las instalaciones mineras de San Manuel y la Vía Vulcano, un antiguo trazado ferroviario de tracción animal que discurre junto al Barranco de los Lobos; un conjunto de infraestructuras que constituye un valioso legado industrial y patrimonial que logró sobrevivir al fuego.

El reto de recuperar la montaña

La víspera del Día de Todos los Santos puso de manifiesto gracias a esta ruta el impacto del incendio más allá de la transformación del paisaje. La ausencia de senderistas en caminos habitualmente concurridos evidenció cómo el fuego afecta también a la actividad turística y económica de los municipios que dependen de su entorno natural.

La vegetación se abre paso en la sierra quemada de Bédar.

La vegetación se abre paso en la sierra quemada de Bédar.Antonio Sánchez

Así, el Club Cóndor puso el acento en que la prevención, la conservación y la restauración de los ecosistemas son una responsabilidad compartida. "La regeneración natural es fundamental, pero también lo es una intervención humana responsable que ayude a recuperar las zonas dañadas, que reforeste y que proteja la biodiversidad", señala Enrique Segura, coordinador del club. 

Porque recuperar un monte no consiste simplemente en volver a plantar árboles, sino en conocer sus necesidades, proteger la vida que ya comienza a brotar, evitar la erosión y favorecer su regeneración con criterios adecuados. El fuego ha cambiado el paisaje, pero no ha acabado con su capacidad de renacer. Ahora, el reto es que ese renacer encuentre en todos los almerienses aliados para que, algún día, la sierra vuelva a ser la que era.

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