Chiscos, San Sebastián, quintos y Fondón: a por otro 500 años
La tercera semana de enero nos ofrece un viaje al pasado en el corazón de la Alpujarra almeriense

Imagen de la fiesta de los Chiscos de Fondón.
La Depositio Martyrum es el documento más antiguo que se conserva acerca de la muerte por martirio de uno de los santos más venerados y queridos en la provincia de Almería: San Sebastián. La fuente establece como sitio de enterramiento las catacumbas y sitúa en el tiempo la fecha de celebración: el 20 de enero.
La catedral de Río de Janeiro y la Basílica de San Sebastián Extramuros de Roma son dos de los templos católicos más relevantes del planeta que llevan asociado el nombre del santo, pero su veneración se ha extendido por occidente y oriente hasta los rincones más recónditos.
Este patrono de soldados, arqueros y atletas (Narbona, Francia, siglo III), viejo soldado del ejército romano cuya labor era auxiliar a los cristianos perseguidos, murió decapitado porque, dice la tradición, los soldados no pudieron matarlo con flechas. En su hagiografía se relata que en el siglo VII se entendió una peste por Italia y se erigió una ermita en su nombre para pedir salud.
Vía Pirineos llegó a España en la Edad Media en aquella península de conquistas y reconquistas y, levantada ya España como nación, se popularizó en infinidad de poblaciones por las que pasó Juan de Austria para sofocar el levantamiento de los moriscos.
Desde el siglo XVI, casi una quinta parte de los pueblos y aldeas de Almería celebran San Sebastián. Roscos, fuego, purificación y bendición de mascotas son los ingredientes de nuestras fiestas de enero –con permiso de San Antón-.
En Fondón, donde este primer mes del año ha llegado con rigores, San Sebastián aterriza con los chiscos y, desde hace un lustro, con los quintos. Fuego y agua por enero. Lumbres, hogueras, luminarias. Pasada la Navidad de luces y chimenea, mantecados fondoneros y buena magra de cerdo, la tercera semana de enero nos ofrece un viaje al pasado. De él hemos hablado, con un café caliente, con Valentín Martín, alcalde de uno de los pueblos con mayor carga de costumbres, leyendas, ritos, religiosidad y acervo popular:
Es una fiesta enraizada en la historia.
Sí, el Chisco y las fiestas de San Sebastián sí que tienen muchísimos siglos. La devoción la trajo Juan de Austria cuando vino a apaciguar el levantamiento de la Alpujarra de 1568.
Casi cinco siglos de tradición.
Se afianzó la devoción porque a principios del siglo XX se produjo la mal llamada gripe española y el pueblo se encomendó a San Sebastián para que los librara de calamidades, peste y desgracias, tal cual dice el himno del santo.
Cómo se vivía entonces aquella devoción popular.
Había dos misas y dos procesiones. En una de ellas lo llevaban hasta una rambla que se llama Juan de Campos y los mineros allí quemaban barrenos de pólvora.
Y con la pólvora seguimos.
Aún se sigue con esa tradición. Ahora no son mineros que queman dinamita, pero se queman barrenos. Ahora se hace una misa y una procesión.
El chisco es otro hecho diferencial. Cómo surge.
Lleva muchos años. No sabría detallarte. La gente del pueblo aportaba dede hace mucho tiempo leña al chisco. Un año la aportaban los de la plaza del pueblo hacia la izquierda y al año siguiente, los de la plaza hacia la derecha.
Y al campo y a por leña.
Llevaban con mulos toda la leña.
Ha sido siempre así: multitudinario...
Hace unos 40 años el chisco no era para nada famoso. Ea una cosa muy sencilla: se hacía un montón de leña, se quemaba y ya está. Los abuelillos cogían las brasas que quedaban, las echaban en latas y para el brasero de las casas.
El ritual del fuego. Y cómo pasó a mayores.
Un alcalde que hubo, Joaquín Fresneda, que aún está vivio, decidió un año llevar un poco de carne. Empezaron a asarla. Al año siguiente la gente pedía más. Más, más, más, más hasta que se ha convertido en la fiesta que es.
Porque hoy se cuentan por miles los visitantes.
El año pasado, tres mil pesonas.
Y los quintos...
-No, no es tradición. Empecé yo a horganizarlos hacer unos cuatro o cinco años. El chisco se encendía de una forma muy fea con los trabajadores del Ayuntamiento de Fondón y ahora se hace un ritual.
Un ritual...
Sacamos el santo a la puerta de la iglesia, desde allí procesionan los quintos, los que han cumplido 18 años. Les acompañamos la corporación municipal. Y al son del himno del santo, encendemos el chisco con bengalas.
Y con el fuego y las brasas, el gentío.
Una vez encendido el chisco, empieza a sonar la charanga. Hay pan y carne y regalamos vino. Se asa la carne, es una barbacoa gigante. Se baila (en la plaza) y, sobre las doce de la noche, nos bajamos a la carpa instalada para bailar con la orquesta hasta que amanezca.
Navidades –que vaya exitazo este año- y San Sebastián son dos fiestas muy próximas en el calendario. Y la gente sigue con ganas.
Se llena todo. Bares, restaurantes, casas rurales, hostales, todo.
Cómo se ha logrado perpetuar y mejorar la tradición en un mundo tan cambiante, tan líquido.
Las tradiciones son nuestra historia. Es importantísimo saber de dónde venimos para comprender lo que somos y proyectar nuestro futuro. Nosotros le damos mucha importancia a mantener y fortalecer las tradiciones, qu es necesario. Es preciso combinar la tradición con un poco de innovación para atraer a la gente y a animarla. Que no sea todos los años algo repetitivo. Que todos los años encuentres alguna sorpresilla.
San Sebastián no es solo un abogado contra las epidemias. Es una señal de que ningún pueblo quiere perder su historia, su fe y su modo de entender la vida.