La Voz de Almeria

Entrevistas

8M|“Tuve dudas. Decidí probar y al despertar el primer día en el convento me sentí libre y feliz”

La Madre Laura es la superiora de la Comunidad de las Siervas de María en Almería

Madre Laura junto al cuadro de Santa Soledad, la fundadora de las Siervas de María

Madre Laura junto al cuadro de Santa Soledad, la fundadora de las Siervas de MaríaLola González

Lola González
Publicado por

Creado:

Actualizado:

La Madre Laura es la superiora de la Comunidad de las Siervas de María en Almería. Nacida en México, en una familia de misa los domingos, le tocó tomar la decisión más importante de su vida: darse al servicio a los demás, sobre todo a los enfermos. No sin pruebas, como las de todos en la vida, el amor le reafirma cada día en su opción de vida consagrada.

¿Cuáles son sus orígenes?

Yo soy mexicana, vengo de una provincia que se llama Guanajuato, de un pueblo que se llama León. Es una ciudad grande industrial que se dedica mucho a la curtiduría, el calzado. Estudié para administrativo y después de estudiar, a los 17 años, ya empecé a trabajar porque somos una familia numerosa y había que ayudar a los padres.

Llevaba una vida totalmente normal. Tenía mis amigas, mis amigos, salía y estaba contenta en mi trabajo también. Pero al correr de los años, sentía que necesitaba algo más. Siempre pensé que aunque mi familia no estuviera sobrada, lo tenía todo y que había muchas personas que no tenían lo esencial. Empezó entonces a nacer en mí una necesidad de ayudar aunque no sabía cómo. A una amiga y a mí se nos ocurrió hacer unas despensas y llevar alimentos a gente que veíamos por la calle. No seguimos mucho tiempo porque pensaba que era muy pequeño lo que podíamos hacer.

¿Y cuándo recibe ‘la llamada’?

En la Semana Santa allí organizaban en la parroquia una Pascua Juvenil y reunían a los jóvenes los tres días santos. Nos explicaban lo que eran los oficios de esos días, la vivencia de cada día santo. Y cuando, lo viví por primera vez, porque en mi familia somos católicos pero íbamos a misa los domingos, nada más me impresionó mucho lo que era la liturgia de esos días santos. Me pareció un mundo nuevo y a la vez pues muy bello aunque son días en los que estamos viendo el sufrimiento, lo que costó nuestra salvación, pero me impresionó la belleza de la liturgia y me quedé impresionada. En esos encuentros estaban las Siervas de María que trabajaban en mi barrio. Iban a hablarnos de su carisma, como hacemos nosotras también ahora, pero no me llamó mucho la atención, ni siquiera rellené el cuestionario en el que tú ponías si querías hablar con ellas.

Yo seguía con mi vida, la misa los domingos y cuando escuchaba esos evangelios me decían algo, pero luego volvía a mi vida normal y se pasaba. Fue entonces cuando una vecina mía que estaba en comunicación para entrar me invitó a conocerlas rezando el Rosario. Fui con ella y me impresionó. A partir de ahí, la que se encargaba de tratar con las jóvenes, pues me empezó a invitar a rezar, a compartir con ellas y ahí yo fui pensando que ese podía ser mi camino. Pasó como un año más o menos y entonces la promotora, la que habla con las jóvenes, me preguntó si había pensado en pertenecer a la congregación, le dije que sí pero no estaba segura y me invitó a probar porque hay nueve años de prueba, de formación, y me decidí.

¿Cómo se toma esa decisión? ¿Y cómo se le cuenta a la familia, a los amigos? 

Era una decisión difícil, no estaba segura. Tenía que dejar mi trabajo, mi familia, pero dentro de mí había algo que me llamaba, que me decía que tenía que hacerlo en ese momento. A mi madre no le gustó mucho, sentía que perdía a una hija. Sin embargo, mi padre me apoyó mucho. Se sintió orgulloso. Asumió que ya no iba vivir con ellos, pero estaba orgulloso.

Cuando vas a tomar la decisión aparecen incluso personas que te pretenden, (sonríe). Un joven que me dijo que no me fuera, que él quería ser mi novio. Luego la misma familia... Buscaba motivos para no entrar. Al final me decidí siempre pensando en que en cualquier momento podía dejarlo pero al día siguiente de llegar, cuando amanecí en el convento, experimenté una libertad tan grande que nunca la había sentido. O sea, después mi vida normal, que no era mala, allí me sentí tan libre y tan feliz...

Después ya con la formación que nos van dando, vas conociendo a Jesús y vas viendo que Él es el que te llama y te elige, vas pasando etapas en las que también hay pruebas, hay dudas siempre había algo que me animaba a seguir adelante. Y hasta la fecha.

La suya es una congregación con una misión especial: el cuidado de enfermos. ¿Qué formación necesitan?

Primero tenemos un año que se conoce como postulantado en él vas conociendo la congregación. Después ya se toma el hábito, somos novicias y comenzamos a hacer algunas salidas con enfermos. Contamos con preparación tanto técnica como religiosa, nos dan unas nociones de enfermería así como a relacionarnos con el enfermo, la familia.

Ya cuando hacemos los votos, comienzas los estudios propios de Enfermería.

¿Pero estudios reglados?

Sí, claro. Salimos a estudiar Enfermería en las universidades. En el noviciado nos dan unas clases en las que una hermana se encarga de enseñar lo básico. Después se hacen esos estudios universitarios. De hecho, hay hermanas que trabajan en clínicas y hospitales.

Decía que había tenido dudas, pruebas, a lo largo de su vida.

Las principales llegaron cuando había sufrimiento en mi familia. No estás allí y, aunque sabes que volviendo no cambiaría nada, sufres. Momentos en los que una no se ve capaz de realizar la misión también, pero siempre he encontrado personas que me han animado a seguir, que me han dicho que no, que voy por buen camino.

Ahora tiene una gran responsabilidad. ¿Cómo se asume?

La es que nos puede llegar a cualquiera y luego los dejas y regresas a tu puesto. La primera vez no me lo esperaba pero si Dios te pide eso, también te da la gracia para llevarlo a cabo.

Eso me lo apunto para cuando me toca alguna responsabilidad (sonrío).

Tú eres madre y yo creo que esa es una responsabilidad muy grande, enorme. A veces dudo de si yo lo hubiera hecho bien aunque, hasta cierto punto, ser superiora consiste también un poco en asumir un papel de madre, por eso nos llaman así, y preocuparte por cada una de las hermanas.

Madre Laura, ¿por cuántos sitios ha pasado durante su tiempo en la comunidad?

Cuando hice los votos temporales, que son los primeros votos, me destinaron aquí a España y solo he salido a Portugal. He estado en Sevilla, en Jerez de la Frontera, Badajoz, Córdoba y ahora aquí en Almería. Estuve en Portugal porque teníamos casa en Lisboa,y en Canarias también.

¿Y no echa de menos o no ha pensado en algún momento una posible vuelta a México?

Sí lo he pensado, pero es verdad que en México ahora mismo hay más vocaciones, más personal, y aquí realmente estamos necesitadas de personal. Aquí ahora mismo somos ocho, pero la mitad tienen ya más de ochenta años y ellas ya no salen a cuidar a los enfermos. Entonces, a pesar de haberlo pensado, creo que sería egoísta porque aquí hay necesidad de religiosas.

¿Qué le diría a alguien que ha sentido la llamada pero que teme enfrentarse a todos los problemas que supone?

Le diría que se deje llevar por esa llamada que siente y que busque orientación. Que no se pare en los obstáculos que va habiendo porque yo creo que si de verdad está llamada, ahí está su felicidad. Y si lo deja pasar, pues igual luego no va a ser tan feliz como hubiera sido.

Me parece encomiable su trabajo nocturno en Casa Nazaret colaborando con los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca.

Yo misma admiro a las dos hermanas que van, las dos jóvenes. Yo creo que ahí también Dios les ayuda, a veces hay situaciones complicadas pero ellas lo llevan bien. Están contentas porque ven la misión que están haciendo. Son gente que necesita mucho cariño y acogida, no sólo material sino ver que también hay quien se preocupa por ellos.

Sé que ustedes dan sin esperar nada a cambio, pero supongo que sienta bien cuando le dan a una las gracias.

Como personas siempre esperamos aunque sea un gracias, pero cuando no llega también en la congregación nos inculcan mucho la gratuidad, dar gratis, no esperar nada. A veces incluso los enfermos rechazan totalmente a la hermana y sin embargo, va porque la familia lo necesita. Se puede ver claramente en el caso de la película ‘Luz de Soledad’.

¿Han notado que con las actividades para celebrar el 150 aniversario de la presencia de las Siervas de María en Almería han reconectado un poco con la sociedad almeriense?

Sí, la verdad es que sí lo hemos notado. Antes de que vinieras, ha estado aquí un matrimonio que nos conoció gracias a la charla que dimos en la parroquia de San Sebastián, por ejemplo. La gente nos va conociendo un poco más y luego la acogida que hemos sentido. Son dones de Diosque nos animan a seguir adelante.

tracking