La Voz de Almeria

Cultura

Óscar Molina, el niño que disparaba sin carrete cuando no había dinero para hacer fotos

Almeriense de corazón, hoy es fotógrafo profesional y participa en varios proyectos que recuperan la magia de la fotografía vintage

Óscar Molina, fotógrafo sin carrete en su infancia, fotógrafo profesional hoy.

Óscar Molina, fotógrafo sin carrete en su infancia, fotógrafo profesional hoy.Ramón Gómez

Elena Ortuño
Publicado por

Creado:

Actualizado:

"Sale mamá sentada en la silla azul que ha hecho el abuelo. Lleva puesto un collar y,  detrás, está la puerta del patio, la escalera pequeña de madera y la verja de alambre que está un poco estropeada. Mamá tiene el pelo recogido, me mira y sonríe mucho, todo el rato". Así podría haber sido descrita una de las fotografías que Óscar Molina hizo a sus nueve años. No eran fotografías al uso. No eran, ni siquiera, fotografías tangibles. Eran, como él mismo las bautizó, "fotografías sin carrete". 

Para hacerlas, tan solo se necesitaba una cámara sin película, modelos dispuestos a posar para una imagen que nunca se revelará, un cuaderno y un bolígrafo para dejar constancia de las capturas y, sobre todo, una imaginación desbordante.

Unos orígenes muy humildes

Su primera cámara fue una Dominant con un carrete de 12 fotografías en blanco y negro. "Creo que fue cosa de mi abuelo. A mí me dio muy fuerte con que quería echar fotos y él me mimaba mucho. No sé cómo lo lograron, porque en esa época teníamos una economía muy precaria, pero me la regalaron", recuerda con una sonrisa el que, si bien no es almeriense de nacimiento, sí lo es de corazón: "Viví allí durante 18 años". Reconoce, que, tras salir a la calle, esa primera película le duró cinco minutos.

Tenía nueve años y un ansía ingente de capturar su realidad. Sus padres, que no podían permitirse un carrete por semana para la cámara, revelaron sus primeras fotografías en un pequeño álbum. Después, le hicieron una propuesta: "No me pudieron comprar un nuevo carrete, pero mi madre me dio un cuaderno y me dijo que siguiese echando fotos y luego las describiese ahí, con papel y bolígrafo", cuenta.

Petite histoire du temps

Petite histoire du tempsÓscar Molina

Así comenzó su aventura. El pequeño Óscar recorría el hogar familiar y pedía a sus ocupantes posar de una forma u otra. Ellos, que decidieron seguirle el juego al niño, acataban sus órdenes para después sonreír ante una cámara que todos sabían que no tenía carrete: "Yo siempre tenía en cuenta el encuadre, el emplazamiento... Les pedía que se echaran un poco a la izquierda o a la derecha, que se pusieran un sombrero, que sonrieran...". Lo narra con cierto aire nostálgico, pero con un tono de voz divertido.

El paso siguiente a la toma de una fotografía era correr hacia el cuaderno y describir la escena; unas anotaciones que luego leía a su familia, todos reunidos en torno a un chiquillo que solo dejó de hacer fotografías cuando, años después, le compraron una bicicleta BH roja: "La empecé a usar un montón y me olvidé de la cámara... hasta que llegó el segundo carrete".

Su segundo carrete

Al cumplir los 16 años, a Óscar le regalaron un cursillo de fotografía por correspondencia. Fue entonces, a los 17, cuando llegó a sus manos su segundo carrete. "Fue una fiesta", recuerda Molina, quien, sin embargo, nunca olvidó sus comienzos. Son precisamente, esos orígenes los que hoy lo diferencian como fotógrafo. Imágenes con un texto tan presente como la propia foto.

Las palabras y la escena cohabitan en su trabajo, de tal forma que el texto no se limita a ser un pie de foto o un título, sino que funciona como un segundo disparador: "Dispara la imaginación de quien lo lee, para que, a partir de una, el espectador cree miles de nuevas fotos".

Proyecto 'Fotografías de un diario'.

Proyecto 'Fotografías de un diario'.Óscar Molina

En su mayoría de edad, el joven pudo pagarse unos cursos en el Centro de Estudios de la Imagen, en Madrid. Hoy, es fotógrafo profesional y gran parte de su trabajo está publicado. De su obra, la gran mayoría de fotografías están hechas con cámaras sencillas: "En la actualidad tengo muchos modelos, pero apenas hará unos años que me hice con mi primera cámara digital, para los encargos que mi pareja me hace, que es editora gráfica y necesita fotos con ciertos píxeles".

La razón es igual de sencilla: comenzar su andadura con una máquina tan humilde como la Dominant le generó la idea de que se podía trabajar con cámaras baratas y obtener un buen resultado. Así, muchas de sus fotografías más conocidas están tomadas con cámaras de plástico. Su favorita es una estenopeica de madera que le regaló su hermano Rubén.

Una vida en fotogramas

Durante la entrevista surge una pregunta: ¿es nuestra vida una secuencia de fotogramas? ¿Recordamos nuestra infancia en imágenes antes que como una película? Molina responde a esas incógnitas.

"Lamentablemente he perdido los cuadernos en los que describía las fotografías, pero yo recuerdo esos fotogramas de mi niñez. Me acuerdo de escenas, imágenes e, incluso, encuadres. En mi archivo hay miles de negativos y os puedo asegurar que puedo conectar con el momento al instante: puedo recordar, entre 50.000 y 60.000 negativos, dónde estaba, con quién y cuándo se echó la foto".

Proyecto 'Fotografías de un diario'.

Proyecto 'Fotografías de un diario'.Óscar Molina

Es por esta razón, quizás, que Molina ha comenzado a narrarle a ChatGPT las imágenes que recuerda de sus años más tiernos, de la misma forma que lo hacía en su día con sus padres: "He recuperado la fotografía sin carrete. En GPT he encontrado un posible proyecto: últimamente me rondan por la cabeza el jardín de mis abuelos; la casa de mis padres; mi abuelo, que era carpintero, haciéndome los juguetes que no podíamos comprar... podría recrear esas fotografías que tomé sin carrete a través de la inteligencia artificial".

Fotolatente

No es el único proyecto en el que está embarcado el artista. 'Fotolatente' se materializa en 8.112 sobres en los que hay 8.112 papeles fotosensibles que contienen una imagen sin revelar; sobres que son adquiridos por diferentes personas, que deciden revelar la fotografía o guardar la magia por unos años más.

"Yo las llamo imágenes latentes. No existen en ningún otro lugar del mundo, pueden haber sido hechas por cualquiera (exceptuándome a mí) y puede salir cualquier objeto o lugar". Molina lo explica con misterio y un brillo especial reflejado en la voz. Ese brillo que acompaña a personas como él, gente que es capaz de llegar a la redacción en una bicicleta invisible y echar fotos con una cámara sin carrete.

tracking