La joya olvidada del Cabo de Gata que fue testigo de un amor legendario y cuna de una escritora pionera
Entre el patrimonio de Rodalquilar descansan las ruinas de La Unión, un mágico cortijo impregnado de literatura, historia y leyendas piratas

Imagen de parte del Cortijo La Unión, en el Valle de Rodalquilar.
Entre el susurro permanente del viento levantino y los tonos dorados que bañan el precioso Valle de Rodalquilar, descansan las ruinas del Cortijo La Unión. Rodeado por la belleza salvaje del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, al sur de la silenciosa pedanía de La Ermita y velado por la destartalada silueta lejana de la Torre de los Alumbres, este enclave de más de 37.500 metros cuadrados no es un trozo de tierra cualquiera.
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Pasear hoy por sus inmediaciones supone adentrarse en un escenario atemporal donde, a pesar de su estado ruinoso, aún se aprecia una arquitectura rural que se abraza a la naturaleza, invitando al viajero a detener el paso sobre el polvoriento camino, o en los adoquines que aún sobreviven de sus viejas eras, y dejarse llevar por el aura mágica de un rincón desconocido y olvidado que parece suspendido en el tiempo. Este entorno ha cambiado poco desde que en 1959 recorriera la zona Juan Goytisolo para dar vida a su obra 'Campos de Níjar'.

Uno de los arcos que queda todavía en pie de la estructura del Cortijo La Unión.
Moradores de leyenda
Hablar de La Unión es invocar el espíritu indómito de Carmen de Burgos y Seguí, 'Colombine' (1867-1932). Considerada la primera corresponsal de guerra en España, es una de las periodistas, escritoras y defensoras de los derechos de la mujer más influyentes de España. Fue en este cortijo familiar, entre 1867 y 1883, donde la joven Carmen pasó su infancia y primera juventud. En este amplio entorno de libertad que heredó su madre, lejos de los encorsetados convencionalismos de la burguesía almeriense a la que pertenecía su familia -dedicada al oro y la agricultura-, forjó el carácter rebelde y apasionado que más tarde plasmaría en sus páginas literarias, inmortalizando el paisaje que la vio crecer.

Carmen de Burgos
Pero el pasado de este cortijo, que muchos empezaron a llamar Cortijo de Carmen o Cortijo de los Burgos, ya guardaba una historia más legendaria. Además de estar en manos de la familia de la escritora, sus paredes y veredas habrían sido testigos de un amor de leyenda que llegó desde el mar. La memoria oral de la comarca evoca la cautivadora historia de Juan Frenich, el considerado por la tradición local como el último 'pirata' de Rodalquilar, título también de un libro de reciente publicación que recoge el origen del apellido Freniche en Almería.
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Aquel aguerrido marinero y contrabandista nacido a orillas del Adriático decidió echar el ancla tras refugiarse frente a la Cala de San Pedro de un temporal y enamorarse de María Segura. Se casaron un 5 de marzo de 1815, siendo las tierras de La Unión uno de los refugios de este amor no exento de desavenencias. El 'pirata' volvió a sus quehaceres surcando el Mediterráneo, y al parecer amasó una cantidad suficiente para quedarse con algún cortijo de la zona, según han relatado en alguna ocasión sus descendientes. Este matrimonio de leyenda falleció en 1861. María el 8 de enero, con 75 años, y Juan, ya viudo, el 1 de marzo con 89.

Fotografía de la portada del libro 'Freniche, el último pirata de Rodalquilar'.
El Molino de La Unión
Presidiendo este paraje se alza impasible el emblemático Molino de La Unión, testigo mudo de aquellas vidas entrelazadas. Construido seguramente a lo largo del siglo XIX bajo la variante regional de los molinos de viento mediterráneos de tradición cartagenera, esta robusta torre circular de mampostería y cal aprovechaba la fuerza de la brisa para la molienda del cereal.
Su estampa era tan singular que la propia Carmen de Burgos lo inmortalizó en su novela 'Los inadaptados' (1918), describiéndolo en todo su esplendor con las aspas desplegadas y vestidos sus lienzos sobre el horizonte del valle. 'Colombine' también hizo guiños a historias de 'piratas' en 'El último contrabandista' (1918), pudiendo ser alguno de ellos el propio Frenich, aunque estaban más inspirados en las proezas de su tatarabuelo materno, José de Burgos Coronel, que hacía traer bergantines cargados de tabaco, mantones de Manila, fardos de lienzos y sederías desde Orán y Gibraltar para introducirlos en España por la escarpada costa de Cabo de Gata.

Una curiosa autocaravana aparcada junto al Molino de La Unión.
Aunque el paso de los años y el cese de las actividades mineras en los años sesenta empujaron a las familias a migrar, el valor patrimonial del lugar sigue intacto. El molino cuenta hoy con una protección de Grado 1º Integral dentro de las Normas Subsidiarias de Níjar, al amparo de la Ley del Patrimonio Histórico Español.
Pese a haber perdido sus aspas y la cubierta original, la imponente estructura de su torre de acceso con arco y su escalera adosada sostienen la dignidad de un monumento, con las mejores vistas del Valle de Rodalquilar hacia El Playazo, que se resiste a desaparecer frente a la erosión del tiempo.

Vistas desde el cerro en el monte en el que se encuentra el Molino de La Unión.
Una parada imprescindible
El Cortijo La Unión es mucho más que un conjunto de muros de piedra y memoria: es una parada imprescindible para quienes buscan sentir la verdadera esencia histórica y poética del Cabo de Gata. Visitarlo supone conectar con la infancia de una mujer pionera y con la huella romántica de contrabandistas que encontraron el amor y la fortuna en este valle dorado y silencioso.

Uno de los muros que quedan aún del Cortijo La Unión.
Sin duda, es un enclave imprescindible donde la historia, la literatura y el paisaje almeriense se funden en una experiencia inolvidable para todo viajero que busque lugares con alma. Y para llegar, es muy sencillo: hay que dirigirse al camino de acceso al Playazo de Rodalquilar, buscar un lugar habilitado para dejar el vehículo a la altura de La Ermita y andar por el camino que hay al sur del citado Molino.