La Voz de Almeria

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“En Japón llegué a cantar, en su idioma, el fandanguillo de Almería”

La otra cara de Alfonso Salmerón

Alfonso Salmerón.

Alfonso Salmerón.

José Ángel Pérez
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Alfonso Salmerón vio la luz en Almería el 23 de octubre de 1944 en una humilde vivienda del Barranco Caballar del barrio de Pescadería. Y de casta le venía al galgo, ya que sus padres eran grandes aficionados al cante. Con poco más de siete años ganó su primer concurso de canción flamenca en el programa “Ondas de Medianoche” que se realizaba cara al público en los estudios de la emisora de Radio Juventud de Almería. A los 14 años se trasladó a Barcelona junto con José Sorroche- otro grande del flamenco de Almería- y el desaparecido guitarrista Domingo Gabín que se habían unido un tiempo antes para formar Los Jilgueros. Fue en el mes de julio de 1958 y el trio elogió Barcelona buscando un mejor horizonte. El compositor almeriense Ruiz de Padilla, afincado en la ciudad condal consiguió que los paisanos grabaran dos EP-discos de cuatro grabaciones- en la fonográfica Belter. Fueron canciones con un cierto gancho, creadas por el maestro Ruiz de Padilla, como “Déjate de penas mambo”, “El caramelero”, “Cha cha cha corazón”, “·Dale al bordón”, “Mis amores los de Almería”, “Fue por tu culpa” y “Los gitanitos”.  En Cataluña, la trayectoria de Los Jilgueros empezó bien, pero dos años más tarde las cosas fueron cambiando empezando a escasear los contratos y deciden regresar a Almería. Esa fue la primera experiencia seria vivida por este extraordinario cantaor, que durante sesenta años ha llevado Almería y el cante por bandera en medio mundo-hasta desde EEUU a Japón- y ya jubilado, a los 81 años, sigue dando recitales para matar “el gusanillo”. El próximo 17 de mayo estará presente en los “Atardeceres Flamencos” qué se celebrarán en la explanada del cerro de San Cristóbal.

O sea que hace 67 años, se fue Cataluña, volvió a su tierra y su horizonte empezó a despejarse.

A mi vuelta a Almería monté una cafetería junto a mi hermano Manuel, pero pronto el servicio militar me llamó a filas. Me tocó Madrid y allí, en los días libres de servicio, empecé a trabajar en lugares tan emblemáticos como "Arcos de Cuchilleros" luego en "Las Brujas", "Zambra", "Cuevas de Nemesio", "Los Canasteros" y "El Café de Chinitas". En esa época fue precisamente, cuando me case y el matrimonio me dio una mayor estabilidad.

Y ya con 40 años, fue cuando gano su primer certamen flamenco de categoría nacional.

Efectivamente. En el año 1985 gané el primer premio del Concurso Nacional de Córdoba en la modalidad de tarantos y a partir de ahí, diría que este fue mi arranque profesional, de forma que tras una actuación en tierras castellanas unos meses después, en la provincia de Ávila se creó una peña flamenca con mi nombre.

Usted se ha codeado en los escenarios con lo más florido y granado de la profesión, tanto cantaores como bailaores.

He tenido experiencias profesionales con bailaores tan prestigiosos como María Rosa, Antonio Gades, Matilde Coral, Mario Maya, el Güito, Sara Lezama, Carmen Mora, e incluso he trabajado con Antonio en el, Ballet Nacional. Y respecto a cantaores, he compartido escenarios en importantes festivales nacionales e internacionales junto al Cabrero, el Lebrijano, Carmen Linares, José Mercé, Fosforito, Chano Lobato, Rancapino, Arcangel, Camarón, Argentina, Morente…

Pero fue en los años 1985 y 1986 cuando realmente usted alcanzó una mayor proyección profesional como cantaor.

Formé parte de la ópera “Carmen” de Bizet en Viena junto al tenor José Carreras y el gran Von Karajan.  He sido el primer cantaor que se ha atrevido con una ópera. Esta experiencia sin género de duda marcó mi trayectoria ya que me entusiasmé con la disciplina de la música clásica, motivando que durante varios años trabajase en el Real Conservatorio de Madrid impartiendo clases de cante e interviniendo como cantaor para la danza española.

¿En qué tipo de palos del flamenco se encuentra más cómodo cantando?

En todos en general. El cante para mi es una pasión, pero destacaría los cantes de compás, como las alegrías, bulerías y tangos, y los cantes de nuestra tierra, fundamentalmente el taranto.

Otra de sus características ha sido buscar nuevos sonidos a sus espectáculos de “flamenco puro” y fusión, con acreditadas bandas de jazz y músicos clásicos.

Pues mire, tengo un grato recuerdo de esos años, cuando en una de estas actuaciones en Madrid, Plácido Domingo después de escucharme en un teatro al final del recital se me acercó a felicitarme efusivamente exclamando: ¡Qué gran tenor se ha perdido la lírica…!

A su juicio. ¿Cuál es la principal cualidad que se debe tener para cantar bien flamenco?

Entiendo, que es nacer con la voz adecuada. El ritmo y el compás se aprende estudiando con devoción. Yo aprendí, escuchando a los mejores, como Mairena, Fosforito, La Niña de los Peines, y estudiando mucho. Tengo la suerte de haber vivido la mejor época del flamenco como ha sido el pasado el siglo XX.

Una curiosidad Salmerón. Si usted tuviera que definirse con un estilo musical, ¿Cuál sería?

Me inclino por un apasionante cruce entre el cante flamenco y la ópera. Para mí, ambos géneros generan mucha pasión.

¿Se han cumplido profesionalmente todo cuanto ambicionaba desde que empezó?

Sí, se ha cumplido todo lo que ansiaba en mi profesión. Lo que quería. He tenido la gran suerte de haber trabajado en lo que quería y si volviera a nacer haría de nuevo lo mismo, no tengo la menor duda

En su infancia y juventud. ¿Quiénes le gustaban?

De mi infancia recuerdo en especial a mi madre. Cantaba muy bien flamenco, tenía una afinación perfecta y un oído increíble. Dominaba muy bien el acordeón, Mi madre en aquellos tiempos de posguerra, era una mujer muy adelantada para la época. Y luego ya, de adolescente me gustaban Manolo Caracol y la Niña de los Peines, dos grandes entre los grandes, que fueron mis grandes referentes.

¿Qué música le gusta escuchar en los momentos de relajación?

La de cualquier Filarmónica. Como le he comentado trabajé dos años con la Filarmónica de Viena y la de Berlín con Herbert Von Karajan -uno de los mejores directores de orquesta del pasado siglo XX- y con el tenor José Carreras ideólogo de la Fundación para la lucha contra la leucemia y premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1991 haciendo una versión sorprendente de la popular “Carmen” de Bizet. El Jazz es otra de esas músicas que me envuelve en tranquilidad.

Ha viajado y actuado por medio mundo. ¿Cuál ha sido el lugar más curioso o raro donde ha cantado?

Ha habido muchísimos. Pero uno curioso fue el que me ocurrió aquí en peña de El Taranto. Yo había dado un recital y al acabar nos subimos a cenar. Había algunos socios de la peña, como “El Niño la Fragua”, que me acompañó al toque, y su mujer. En esto que llegaron dos hombres y una mujer y alguien les dijo que yo era cantaor de flamenco. Uno de ellos vino a saludarme amablemente, nos saludamos y para impresionarme empezó a cantar un tema del gran Jose Alfredo. Me levanto y le devolví el cante de José Alfredo y otro de la inolvidable Chavela Vargas. El muchacho se quedó impresionado. Y así estuvimos haciendo unos cuantos cantes. Y termino, resultó que era el famoso actor y cantante mejicano, Mane de la Parra, con el productor José Manuel Brandáriz, el productor español, gallego con un gran prestigio en Hollywood y la actriz, Viridiana Olvera. Todos ellos unos pesos pesados en el mundo de la música que estaban rodando la super producción, “Juan Apóstol, el más amado”.

Me cuentan Salmerón que estando cantando en Japón usted a veces chapurrando se arrancaba en el país del Sol Naciente a cantar el fandanguillo de Almería en su propio idioma.

Es cierto. Eran circunstancias muy curiosas y los japoneses lo apreciaban mucho, de verdad y en Nueva York donde también actué, en un restaurante hispano que incluía en la carta la tortilla de patatas a la que bautizaron como tortilla de Salmerón.

Y llegó la despedida profesional como mandan los cánones

Efectivamente. Una de mis últimas aventuras fue dirigir una producción de gran formato compuesta por diez músicos que presenté en el Teatro José Saramago de Madrid obteniendo un gran éxito. Pero ya ve el gusanillo se lleva dentro y espero seguir ·dando el cante” hasta que Dios quiera.

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