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Rodrigo Valero, fotógrafo almeriense en África: “Pese a la dureza de la vida, siempre tienen una sonrisa”

El libro ‘Mirando a Canchungo’, que presenta este jueves en el CAF, recoge su experiencia con la misión médica de la Asociación Sara Allut Plata

Rodrigo Valero, junto a algunos de los niños que conoció en su viaje a Canchungo.

Rodrigo Valero, junto a algunos de los niños que conoció en su viaje a Canchungo.Cedida por Rodrigo Valero

Evaristo Martínez
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El fotógrafo Rodrigo Valero (Grenoble, 1964) es un tipo inquieto, aunque a través de su cámara suela transmitir calma. Da la sensación de que mientras su mirada escruta al retratado, buscando el mejor encuadre, ya anda pensando en el siguiente proyecto que emprenderá.

Puede que esa pulsión comenzara a latir de chiquillo, cuando regresó a Almería para reencontrarse con sus raíces en Turre, de donde salió su familia como tantos otros emigrantes en busca de un futuro mejor. Quizás por eso recuerda una imagen de la infancia al hablar de su nueva aventura profesional y vital, plasmada en ‘Mirando a Canchungo. Donde late la esperanza’, un fotolibro que presenta este jueves (19 horas, Sala AFAL) en el Centro Andaluz de la Fotografía (CAF). En la obra, a modo de diario, recoge su experiencia en esta localidad de Guinea-Bisáu, en África Occidental, junto a los sanitarios de la Asociación Sara Allut Plata.

“De niño, en Turre, los vecinos sacaban migas y las compartían en la calle. Y eso lo he vuelto a ver ahora”, dice mientras ojea junto al periodista las imágenes contenidas en el volumen. Un trabajo en el que vuelve a plasmar esa “mirada humanista” que traza su trayectoria. Lo hace en blanco y negro, por más que África le recibiera con un “bofetón de contrastes y colores” nada más aterrizar. “Pero no quería que eso me despistara: quería centrarme en las emociones quitándole esa riqueza cromática. El blanco y negro me parece más directo para comunicar emociones, el color siempre despista”, asegura.

El viaje de Rodrigo

Fue Antonio Huete Allut, “uno de los neurocirujanos más importantes de España” y presidente de la Asociación Sara Allut Plata, quien le propuso recoger en imágenes el trabajo que iban a realizar en Canchungo, una de las zonas más deprimidas de Guinea-Bisáu, una veintena de profesionales de la salud.

Fotografía incluida en el libro 'Mirando a Canchungo'.

Fotografía incluida en el libro 'Mirando a Canchungo'.Cedida por Rodrigo Valero

“Siempre he tenido mucho respeto por esos profesionales que durante sus vacaciones se embarcan en una cruzada para ayudar a los más necesitados. Yo he querido visibilizarlo no solo a través de una exposición, que planeamos hacer en un futuro, sino en algo más duradero como un libro”, explica Valero. Así nació este volumen, prologado por el propio Huete y por el escritor Guillermo de Jorge, cuyos beneficios se destinarán al desarrollo de nuevos proyectos humanitarios de la asociación. En la presentación de este jueves, Valero estará acompañado por De Jorge y por Sara Huete, cooperante de la asociación.

Durante su periplo, el fotógrafo se convirtió en un integrante más de la expedición, formada por facultativos de diversas especialidades (medicina de familia, ginecología, pediatría…) que durante casi un mes atendieron a los vecinos de Canchungo. “Su pequeño hospital nutre incluso a pueblos que están a 150 kilómetros, así que se encontraron pasillos llenos de gente. Tienen medios paupérrimos y tuvieron que llevarse todo el material. De hecho, allí encontraron un equipo quirúrgico donado por China que tuvieron que desembalar y montar traduciendo las instrucciones”, explica el fotógrafo, quien desde el primer momento se mimetizó con los sanitarios.

De cerca

Las imágenes que recogen las páginas de ‘Mirando a Canchungo’ pueden leerse como una cronología de aquellos días. Están divididas en cuatro partes. 

La primera es la espera, una sucesión de rostros cansados, dolidos e impacientes, que muestran a la gente “aguardando a que los atiendan”. 

Luego aborda el triaje, con los enfermos en consulta con los médicos durante el contacto inicial. 

La tercera parte se enfoca en las operaciones. “Me ponía el traje y me metía en el quirófano. Al principio fue algo duro, porque ves mucha sangre, pero me adapté”, asegura. 

Fotografía incluida en el libro 'Mirando a Canchungo'.

Fotografía incluida en el libro 'Mirando a Canchungo'.Cedida por Rodrigo Valero

Y, por último, Valero realiza “un guiño” a la vida cotidiana y a la “esperanza”. “He querido captar que, a pesar de la dureza de la vida, siempre tienen una sonrisa. Te encuentras con valores que en nuestra sociedad se van perdiendo, como ese ímpetu solidario de sacar una cazuela grande, ponerla en el suelo y empezar a comer siete u ocho personas, hablando, sin más problemas”.

En Canchungo, el fotógrafo almeriense no se limitó a documentar la labor del equipo sanitario. También se dejó caer por un colegio (él es profesor de arte) durante algunas mañanas para dibujar con los niños. “Quería mostrar el día a día de los habitantes del pueblo”. Todo, con una cámara pequeñita, una Fujifilm. “Llegas, te ganas la confianza de la gente, les cuentas lo que vas a hacer y cooperan. Siempre cooperan”.

Fotografía incluida en el libro 'Mirando a Canchungo'.

Fotografía incluida en el libro 'Mirando a Canchungo'.Cedida por Rodrigo Valero

El espíritu de lo que ha querido reflejar en estas imágenes se sintetiza en la fotografía que ilustra la cubierta, protagonizada por una madre y su hijo. “Ahí se cruzan tres miradas”, explica. Una, la del lector que tiene la obra entre sus manos. Otra, la de la madre: “Ella mira hacia su derecha, sobre un fondo blanco, mirando al futuro con cierta esperanza”. La tercera es la del niño, “más realista, te mira directamente a ti”, apunta. “Es una llamada de atención a cualquiera de nosotros. Quien viaja a África con sensibilidad puede regresar con el mismo equipaje de mano, pero difícilmente con la misma mirada”, concluye.

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