La Voz de Almeria

Vivir

El Valenciano, un viaje al pasado que vende recuerdos almerienses

La centenaria tienda resiste en la capital tras 155 años y cuatro generaciones de historia familiar

Andrés Ivorra, dueño actual de la tienda El Valenciano, en el mostrador de su establecimiento.

Andrés Ivorra, dueño actual de la tienda El Valenciano, en el mostrador de su establecimiento.Ángel Rodríguez

Publicado por
Angel Rodríguez

Creado:

Actualizado:

Fallas. Turrón. Paella. Horchata. Fartons. Naranjas. Mascletás. El Mediterráneo. El Museo de las Ciencias. Palau de les Arts. La Malvarrosa. El Cabanyal. La Cullera. El Saler. El Micalet. Mestalla. Cerámica. Son cosas que si entras a una tienda llamada El Valenciano te esperas encontrar. Lo que en realidad no sabes es que es un panorama totalmente distinto.

Esta realidad tiene lugar en Almería. En la calle de las Tiendas. La calle comercial más antigua de toda la provincia. El antiguo zoco andalusí. Es la zona que une dos partes distintas. La Almedina con el centro más moderno. La divisoria donde se encuentra la tienda. Una de souvenirs. La más duradera de todas. 155 años. Que por dentro parece una normal. Pero El Valenciano no vende objetos. Vende tiempo comprimido. Cada imán, cada postal, cada figura pequeña. Algo que se lleva quien acaba de llegar y que lo conserva como si nunca se hubiese ido.

— Mira, una tienda de souvenirs — dice un chico moreno con un tono de sorprendido de la mano de su pareja paseando por la calle Las Tiendas. 

— ¿Una tienda de souvenirs? No había visto nunca una en Almería — le responde la chica con el pelo castaño.

Mientras la calle sigue fluyendo, la tienda permanece. Como si con el paso del tiempo, al cruzar su puerta, se moviera un poco más despacio. Una que abre Andrés Ivorra Jiménez. El dueño actual. Y quién sabe si el último. La dinastía que empezó con su bisabuelo, Vicente Ivorra Román, y que se ha mantenido como una costumbre que nadie cuestiona, simplemente se repite. Después su abuelo y su padre. Y ahora él.

— ¿Os llamáis El Valenciano porque sois de Valencia? — pregunta una mujer con pelo oscuro y un conjunto de jersey blanco y pantalones negros. 

— Eso es de mis antepasados, si viene buscando al valenciano murió hace más de 100 años — responde Andrés Ivorra refiriéndose a su bisabuelo.

El nombre del negocio, escrito en letras grandes sobre el escaparate, suele despertar la misma duda en casi todos los que entran por primera vez. Es un peso que carga Andrés Ivorra. Además, en la tienda no hay más gente trabajando que él. Y con ganas. Es el dueño, el empleado y el cajero. Recuerda cuando tenían a empleados de prácticas que ayudaban en el día a día del negocio. Así empezaban ellos su carrera. Ahora no. Los tiempos cambian. Y El Valenciano no iba a ser menos. Pero lo ha hecho a su manera. Se han cambiado trabajadores por esfuerzo físico del propietario. Algo que a la Seguridad Social no le habrá hecho gracia.

La rutina de El Valenciano

A primera hora el establecimiento respira despacio. Entra poca gente y más si son los meses de enero, febrero o noviembre. La temporada baja. Unas cuestas que “están ya interiorizadas”. Unas en las que entran 5 personas por la mañana y 7 por la tarde. “En noviembre siempre me pido vacaciones porque es el mes más duro para vender”, narra Andrés Ivorra. Pero aun así hay gente que compra como si estuviésemos en plena época de vacaciones.

Una señora morena de 52 años con chaqueta negra y pantalones vaqueros entra de manera cuidadosa al negocio. 38 minutos. Sí, sí. Más de media hora desde que entró a buscar un recuerdo de Almería. Y todo para llevarse dos pulseras. Cuando entras te pierdes en un mundo donde no puedes mirar a la nada. En El Valenciano no llega el aire del espacio libre, sino de lo que se amontona. Desde unas simples figuras religiosas hasta el indalo, símbolo de la ciudad. Abanicos, ceniceros, camisetas. Algunos están pensados para durar toda una vida. Otros aguantan lo que dura el viaje. No hay jerarquía ni orden evidente. Todo convive. “Una vez vino una señora que estuvo casi una hora para comprar seis postales”, admiraba el dueño.

Figura de un indalo repleto de otros souvenirs dentro de la tienda El Valenciano

Figura de un indalo repleto de otros souvenirs dentro de la tienda El ValencianoÁNGEL RODRÍGUEZ

— Tienes los imanes muy caros, venimos de Canarias y son más baratos — replica una turista vestida con un jersey rojo y un pantalón negro.

— Donde usted lo compra ¿También le ponen el papel de burbujas y se lo envuelven? — le responde Andrés Ivorra desde la calma.

Esa calma no es casual. Es la misma que se refleja dentro de la tienda. Cuando algo se vende, Andrés Ivorra abre un cajón situado detrás del mostrador viejo que ha aguantado los mismos años que la tienda y lo recoloca con precisión. Como si todo debiera seguir un ritmo propio.

Ese ritmo no viene solo de sus manos, sino de las melodías que llenan el espacio. Unas que al entrar te hacen volver al pasado. 'Hay que venir al sur', 'Vida Loca', 'Woman'. Son canciones que no te vas a encontrar en una tienda de ropa. Es música de los 70. Moderna no. Tan antigua tampoco. Pero ya no se escuchan tanto. En El Valenciano sí. Aunque no la ponen en un casete. Ni en Spotify. Es un punto intermedio. El MP3. Desde los 90 está trabajando en la tienda como un recuerdo que sigue sonando, aunque nadie lo haya actualizado. Un total de 1578 canciones marcan la lista de reproducción. Unas que fue “metiendo poco a poco” y que son canciones que le gustan.

Tienda internacional 

La música sigue sonando mientras entra y sale gente. La mayoría no son almerienses. Brasil, Alemania, Francia. Es como una tienda internacional que recibe a cientos de turistas cada semana. Esto ha hecho que el propietario se convierta en un gurú de los idiomas. “Hablo inglés, francés y un poco de italiano”, relata. También hay gente española que frecuenta la tienda. Hay quien entra solo por curiosidad y quien lo hace con una idea clara. “¿Qué es el indalo?”, “¿Tenéis imanes?”, “¿Llaveros vendéis?”. Hay gente incluso que pregunta precios y no se lleva nada. Como el que pregunta si restan las que contestas mal en un tipo test y al final la responde todas.

El Valenciano no es el que existía hace más de un siglo y medio. “La tienda se ha tenido que reinventar”, asiente el dueño. Un establecimiento que comenzó vendiendo comida, tabaco de importación, medicamentos… ha pasado a ser una tienda de souvenirs. “La fórmula que se usaba en esos tiempos no funcionaría estos días”, recalca.

Lámparas que vendía El Valenciano y que siguen decorando la tienda.

Lámparas que vendía El Valenciano y que siguen decorando la tienda.ÁNGEL RODRÍGUEZ

No todo son alegrías. Las crisis en el mundo y, en especial, en España han sido un gran bache para la tienda. Con tantos años de trabajo y de oficio y los problemas que han tenido. Un total de 13 crisis ha vivido España en los últimos 155 años. Unas que por supuesto ha pasado El Valenciano. Desde la económica de la Primera República hasta la última provocada por la Guerra en Ucrania. Son unas que han ido tocando las cuatro generaciones en las que ha estado presente el establecimiento. Unas más y otras casi nada. Tanto han molestado el transcurso de la tienda que ha habido años donde Andrés Ivorra no ha tenido beneficios. “La pandemia ha sido la crisis más dura que he vivido”, narra el dueño. “Si tiene que venir una más ya no la aguanto”, sentencia. Pero Andrés Ivorra no quiere que queden en el olvido.

El dueño tira de memoria para recordar que cuando era niño y llegó la Guerra Civil la tienda se quedó desnuda. “Los empleados estaban tumbados en el mostrador y cada vez que entraba alguien les chillaban que no había nada”, ríe. Algo surrealista. Al igual que en el presente en la tienda no cabe nada más, hubo un tiempo en la que estuvo vacía. Sin indalos, sin imanes, sin llaveros. Era un lugar que no tenía alma ni ingresos. Como un desierto en medio de la ciudad, donde los espejismos eran los únicos clientes. “Las crisis también son la historia que han hecho que esto siga siendo El Valenciano”, concluye.

Quizás por todo eso, cuando alguien entra en El Valenciano esperando fallas, horchata o paella, sale con un imán, un indalo y la sensación de haber viajado en el tiempo sin moverse de Almería. Porque esta tienda no es valenciana ni pretende serlo. Es almeriense, hasta el fondo, aunque se llame de otra manera. Y mientras las canciones sigan sonando desde un MP3 olvidado y Andrés Ivorra siga abriendo cada mañana la persiana, El Valenciano seguirá vendiendo souvenirs.

tracking