"He sufrido más de 20 agresiones físicas": la denuncia de un vigilante del Hospital de Poniente
Los encargados de la seguridad del centro reclaman más personal y medios de protección tras contabilizar casi 80 agresiones en los tres últimos años y más de 6.000 intervenciones desde 2022

Rafael Lorca, vigilante de seguridad en el Hospital Poniente de El Ejido desde hace casi 30 años.
Rafael Lorca, vigilante de seguridad del Hospital de Poniente desde hace casi 30 años, no quiere ser especialmente alarmista cuando habla de las situaciones en las que ha sido víctima de violencia en este tiempo, a pesar de la gravedad de lo que relata. “He sufrido más de veinte agresiones físicas directas”, asegura. En esta cifra se refiere exclusivamente a ataques físicos intencionados, y no a los golpes que recibe durante las numerosas actuaciones que realiza a diario.
En la última agresión, el pasado 2 de septiembre, un individuo que había participado en una pelea anterior en la calle le partió el labio de un puñetazo y le causó lesiones en un tobillo cuando intentaba separarlo de sus rivales, con los que había coincidido también en el hospital para ser atendido.
En esta ocasión, Rafael decidió denunciar y el pasado 8 de septiembre se celebró un juicio rápido que está a la espera de sentencia.
Él asegura que en estas tres décadas en el hospital solo ha interpuesto una decena de denuncias, porque en la mayoría de los casos supone “un engorro burocrático y una pérdida de tiempo” para el agredido. “En el 95% de las ocasiones no denunciamos porque, por desgracia, esto es casi continuo y, además de perder tiempo, muchas veces los agresores no se presentan a juicio, no los encuentran o ni siquiera tienen domicilio”, señala.
Lorca insiste en que en esa veintena de ataques no incluye los golpes recibidos en un gran número de actuaciones, como reducciones o inmovilizaciones de personas, “que son innumerables” en su trabajo diario. Tampoco las agresiones verbales, “insultos o amenazas” que, según dice, los vigilantes reciben “todos los días”. “Yo he sufrido muchísimas, serían incontables”, afirma.
Como consecuencia de estas agresiones, el vigilante ha sufrido heridas de distinta consideración, y en un caso la rotura de los tendones en una mano obligaron a una intervención quirúrgica. Todavía hoy es visible la cicatriz, pese al tiempo transcurrido.
Estadística
Consciente de la dificultad para contabilizar las agresiones y actuaciones diarias de los vigilantes, Rafael Lorca, delegado por UGT en el comité de empresa de Eulen, la firma que presta el servicio de seguridad en Poniente, decidió hace unos años empezar a confeccionar una minuciosa estadística. Fruto de este trabajo, informa de que entre 2022 y junio de 2026 los vigilantes de seguridad del Hospital de Poniente han llevado a cabo un total de 6.053 intervenciones, atendiendo a actas y registros oficiales, aunque en estas cuentas faltan varios meses por contabilizar por la “pérdida” de informes.
A pesar de que en los tres últimos años ha contabilizado casi 80 agresiones, la mayor parte de ellas físicas, en ese mismo periodo apenas se han presentado 13 denuncias.
En 2026, hasta el 16 de junio, los vigilantes realizaron 1.460 intervenciones, la mayor parte de ellas en las áreas de Urgencias y Salud Mental.
Capítulo aparte merecen las agresiones. En 2026, los vigilantes ya han sufrido 34 ataques físicos directos, entre ellos uno con una botella de cristal rota, otro con arma blanca y el caso de un individuo que roció con un extintor a personal sanitario y vigilantes en Urgencias.
Solo desde septiembre se han registrado tres ataques a vigilantes y otras dos a sanitarios, entre ellas la sufrida por el propio Lorca. En otro caso, el 10 de septiembre, un vigilante sufrió la rotura de un dedo por la que tuvo que ser operado, mientras que el día 26 otro trabajador recibió un puñetazo en el ojo. En ambos casos, las víctimas decidieron no presentar denuncia.
Más medios y personal
Para Rafael, quien también habla en nombre de la Sección de Seguridad Privada de FesMC UGT Almería, estas cifras y la situación descrita justifican “un aumento de los medios y de personal”, que a su juicio son actualmente insuficientes. El hospital cuenta hoy con tres vigilantes entre las 7 y las 23 horas de cada día, y dos entre las 23 y las 7 horas. “Necesitaríamos al menos dos vigilantes más por turno”, reclama, teniendo en cuenta también las dimensiones del centro.
Entre sus reivindicaciones figuran medios materiales, como escudos invertidos de protección con los que ya cuentan otros hospitales, y mejoras profesionales. “Una de las cuestiones que más nos preocupa es que, pese a que con frecuencia nos vemos expuestos al contacto directo con sangre, escupitajos, fluidos, heridas abiertas, etc., a los vigilantes no se nos informa a posteriori, tras la intervención, si las personas con las que se ha tenido este contacto padecen enfermedades contagiosas, algo que sí se explica a los sanitarios”, denuncia Lorca.
El vigilante tampoco entiende, aunque esto es algo que afecta a los profesionales de toda España, que “la primera línea de actuación en caso de agresiones o situaciones violentas, como es el personal de vigilancia, no esté considerada autoridad pública, como sí ocurre con el personal sanitario”. De esta forma, las agresiones a vigilantes no son consideradas atentados contra la autoridad.
Rafael Lorca no se queda aquí a la hora de reflejar el agravio al que, a su juicio, se ve sometido el personal de vigilancia de los centros sanitarios, también muchas veces por los propios pacientes y usuarios.
“No entendemos por qué mucha gente nos ve como los malos de la película. Ante cualquier intervención se ponen del lado de los agresores, ya sea contra nosotros o contra sanitarios, nos graban con el móvil o nos increpan”, afirma.
“Somos los grandes olvidados y, encima, en muchos casos nos ven como matones de discoteca, cuando en realidad estamos para proteger a los usuarios y al personal, y hacemos nuestro trabajo con la mayor empatía posible, siempre con la intención de ayudar a cualquier persona que lo necesite”, concluye.