La Voz de Almeria

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El ingeniero que baila con los flamencos de Punta Entinas

Ignacio Aguilera recoge en un documental la esencia de uno de nuestros grandes parajes

Ignacio Aguilera, en un momento del rodaje de la película ‘Bailando en el barro’.

Ignacio Aguilera, en un momento del rodaje de la película ‘Bailando en el barro’.Eduardo de Vicente

Eduardo de Vicente
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Los paisajes que uno ama de niño son irrenunciables. A esa edad en la que se va formando nuestra auténtica patria, a base de caminos y de pequeños refugios, un paisaje en el que fuiste feliz te puede marcar para siempre y lo llevas grabado en el alma allá donde vayas. Para Ignacio Aguilera (Almería 1997) ese paisaje es el de Punta Entinas-Sabinar, ese paraíso natural entre Roquetas de Mar y El Ejido, que tiene uno de los sistemas dunares mejor conservados de la Península donde abundan los reptiles como la culebra bastarda, la de herradura o el lagarto ocelado, conviviendo con una numerosa fauna avícola adaptada al medio.

De niño, Ignacio visitaba el parque con sus padres en aquellos domingos de excursiones y se quedaba absorto viendo la majestuosidad de los flamencos. Acostumbrado a los pocos gorriones con los que se cruzaba en la ciudad, encontrarse cara a cara con un flamenco, en medio de aquel paisaje de agua y dunas, y asistir a sus rituales como si fuera uno más de ese espectacular ecosistema, le causó una impresión de la que aún no ha podido recuperarse. Aunque su vida profesional la encauzó por otros caminos, el de la ingeniería y la informática, siente la presencia constante de ese trozo de naturaleza que mantiene una dura lucha diaria por sobrevivir rodeado de invernaderos y amenazado por el cambio climático que no da tregua. “Todo el agua que sale de los invernaderos es una fuente de contaminaión para las marismas”, asegura.

Punta Entinas se ve seriamenta perjudicada por la sequía que en los últimos años se está haciendo insoportable. “He visto como el cambio climático ha ido disminuyendo los niveles de agua que vienen de los acuíferos. Ahora entra más cantidad de agua salada debido a la subida del nivel mar, lo que constituye un serio problema para el ecosistema al aumentar la salinidad”, explica.

Fue en aquellos años iniciales, cuando visitaba el paraje con sus padres, cuando se aficionó a la fotografía y sintió por primera vez la necesidad de integrarse en aquel medio a través del objetivo. Después, el afán de labrarse un porvenir lo llevó al extranjero. Unos años en Londres, aprendiendo de la vida y perfeccionando el idioma, fueron fundamentales para encender esa llama vocacional por la imagen y volvió a encontrarse con la cámara.

Cuando regresó a Almería tuvo muy claro que necesitaba derramar todos los sentimientos y las percepciones acumuladas desde niño en un documental. Así nació ‘Bailando en el barro’, donde nos cuenta la elegante lucha de los flamencos de Punta Entinas por la supervivencia.  La idea era mostrar como los flamencos son una especie clave en este entorno. “Entre otros motivos porque son uno de los factores que introducen oxígeno al agua en las charcas, algo fundamental para que las plantas y otros organismos puedan sobrevivir. Esto lo consiguen con los movimientos que hacen con las patas mientras comen, un movimiento muy característico ya que parece que están bailando”.

Ignacio necesita, de vez en cuando, volver al lugar y reencontrarse con aquellos paisajes donde aún sigue reinando la naturaleza. Cuando la vida le aprieta, cuando el ordenador le cansa la vista y el agobio de su profesión lo acorrala, regresa al parque natural del Poniente y se pone a bailar con los flamencos, que lo reciben como si fuera uno más de la familia. “Me sorprendió cuando hacía el documental lo cómodos que estaban con mi presencia”, comenta.

Ahora, ya ha empezado a pensar en una nueva experiencia, sin olvidarse nunca de Punta Entinas, donde regresa de vez en cuando. Su objetivo se prepara para comenzar a trabajar en un nuevo documental que pretende ser una investigación sobre las cabras montesas que habitan en la Sierra de los Filabres y sobre el conejo ibérico de la zona de Tabernas. No es una mala terapia para aparcar las preocupaciones diarias y para dejar a un lado los agobios de la vida laboral.

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