‘Balagan’ puso sobre las tablas la incombustible dignidad del circo
‘Balagan’ puso sobre las tablas la incombustible dignidad del circo
El espectáculo ‘Balagan’ convocó en la noche del pasado miércoles una importante entrada en el Auditorio de El Ejido, atraído por la propuesta de la compañía Cirque Style, que puso en escena una serie de números circenses, intercalados por coreografías y dramatizaciones que intentaban hilvanar los diferentes pasajes de la pieza.
El éxito mundial del fenómeno Circo del Sol ha insuflado nueva vida al circo, género este que venía padeciendo un importante retroceso a nivel de producciones y de carencias en la orientación hacia un público específico. Así, ‘Balagan’ realiza sobre las tablas un esfuerzo, que si en lo escénico y coreográfico presenta apreciables lagunas, en el apartado propiamente circense alcanza altas cotas de calidad. Se trata, en suma, de una propuesta más que digna, porque el circo siempre lo es, sobre todo cuando los artistas del considerado mayor espectáculo del mundo realizan sus ejercicios con profesionalidad, como sucede en este caso.
El peso de la representación recae sobre los excelentes acróbatas que forman parte de la compañía, los cuales hicieron gala de un óptimo estado de forma física y una magnífica formación técnica. Volaron literalmente sobre el patio de butacas suspendidos de lienzos y cintas, impresionaron manteniendo equilibrios casi imposibles y ofrecieron una aplaudida referencia a la tradición del circo chino, interpretada por un grupo de acróbatas orientales. Contorsionismo, rueda alemana, acrobacia dinámica dos a dos y un largo etcétera que, prácticamente, comprende la mayoría de especialidades de este capítulo del circo. También se incluye un número de malabarismo tradicional, de discreta resolución.
Lo demás respondió en mayor grado al intento de emular al citado Circo del Sol. Ni la música seleccionada, a veces insufrible, ni las coreografías se acercan al mundo de sugestión y sensibilidad que caracteriza al célebre fenómeno circense que lleva varias décadas dignificando a este arte por todo el mundo. Sin excesiva formación actoral ni una escenografía demasiado desarrollada, sólo los figurines remitieron al maravilloso circo canadiense. El intento de mostrar la esencia del circo, que era el propósito del montaje dirigido por Misha Matorin, resultó poco explícito. De todos modos, el público aplaudió y se emocionó con los números y recompensó a la compañía con una larga ovación al concluir el espectáculo.