“Sería mejor que hubiera muerto”: Radovanovic
El ex del Almería se rompe tras el descenso con el Zaragoza y se señala como culpable

De las pocas alegrías de la temporada una fue vencer al Almería (2-0).
El descenso del Real Zaragoza a Primera RFEF ha dejado una de las imágenes más crudas del fútbol reciente, la de Aleksandar Radovanovic completamente hundido. En un mensaje remitido a El Periódico de Aragón, el central serbio no esquiva la responsabilidad y firma un relato devastador: “Soy el responsable, soy el que tendrá que vivir sabiendo que fue él quien relegó a un club histórico al fútbol amateur… Creedme, sería mejor que me hubiera muerto”.
Llegado el pasado verano tras su etapa en el Almería (al que había aterrizado en enero de 2024 para competir en Primera), el defensa no cumplirá su segundo año de contrato tras ejecutarse la cláusula de rescisión por descenso. Su paso por Zaragoza, condicionado por las lesiones y un contexto hostil, se cierra con 23 partidos y una huella emocional profunda que él mismo describe sin filtros.
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Rafa Góngora

Siempre ha dado la talla con la rojiblanca y como rival del Almería.
Un año de dolor y aislamiento
En su escrito a El Periódico de Aragón, Radovanovic dibuja un año límite, tanto dentro como fuera del campo: “Esta es la temporada más difícil y traumática de mi carrera”. El serbio reconoce el peso del fracaso colectivo y lo traslada a lo personal, asegurando que apenas salió de casa durante meses por la vergüenza acumulada. El central, castigado por varias lesiones durante el curso, explica cómo forzó su cuerpo en repetidas ocasiones para ayudar al equipo, sin éxito. Desde la fractura en el esternón hasta sus problemas musculares finales, su campaña fue una lucha constante contra el dolor físico y mental en un Zaragoza que terminó desbordado por la presión y la frustración de la grada.

Llegó en el mercado de invierno como refuerzo para un Almería de Primera.
Un final roto y sin consuelo
La escena final resume su temporada: lesionado, en camilla y entre pitos en La Romareda. “Quería terminar de pie como un hombre, pero acabé en una camilla, abucheado, con un músculo roto”, relata el futbolista en el mismo mensaje. Una despedida amarga que simboliza el colapso deportivo y emocional del equipo. Radovanovic también describe episodios duros fuera del césped, como el ataque al autobús del equipo o el clima de tensión vivido durante el curso. “Decepcionamos a un gran club, y yo me decepcioné a mí mismo como persona y como jugador”, concluye antes de cerrar con una disculpa que resume su estado: “No hay excusa… la vergüenza y la tristeza nunca cesarán”.

El central serbio compitiendo con un Almería de Primera.
Encerrado en su culpa
El central serbio admite que vivió aislado durante meses en Zaragoza, marcado por la vergüenza y la sensación de haber fallado a toda una ciudad. “No salí de mi apartamento durante un año, porque no podía mirar a nadie a los ojos”, confiesa en El Periódico de Aragón. Radovanovic asume el peso del descenso como algo personal, hasta el punto de sentirse señalado por la afición y por sí mismo en una temporada que le ha dejado una herida difícil de cerrar.
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