La Legión y Navantia: ¿por qué lo que es bueno para Cádiz es peligrosísimo para Almería?
Carta del director

Imagen de archivo de un grupo de legionarios.
Las declaraciones de Diego Crespo, uno de los representantes de Adelante Andalucía en Almería ahora y antes parlamentario de Podemos, sobre los riesgos de que la provincia se convierta en un centro logístico de la industria de Defensa vuelve a proyectar las sombras del pasado- los (infundados) peligros por la llegada de la Legión- sobre el futuro.
La noticia de la implantación en Viator de una empresa vinculada a la logística de Defensa que generaría alrededor de 400 puestos de trabajo directos e indirectos ha provocado en el que fue parlamentario autonómico de Podemos por la provincia una indisimulada inquietud y, desde su trinchera pacifista, ha reiterado el riesgo bélico al que está sometida la provincia por albergar en Viator la Base de la Legión. Y añadiendo que, por si esa realidad fuese menor- siempre según él- a ese riesgo habría que añadir la tentación empresarial de hacer de la provincia un polo atractivo para la industria de Defensa que, con el paso del tiempo, podría acabar convirtiéndose en un nuevo pilar en la estructura económica provincial.
La opinión de Diego Crespo y, presumiblemente, la de los 4554 almerienses que votaron la candidatura de Adelante Andalucía, es respetable. El mismo respeto que merece la respuesta que hizo pública Antonio Martinez, senador almeriense por el PSOE, señalándo que el proyecto es bueno para Almería y es bueno para Viator, afirmando, además, que la industria militar y de Defensa es básica para preservar la paz.
Pero si el senador en su réplica dejaba clara su postura y la de su partido, añadía, casi como de pasada, un matiz (o mejor: un misil) que es, sin duda, muy revelador: aludía el senador socialista a la contradicción en la que el representante de Adelante Andalucía se despeñaba al alertar sobre los supuestos riesgos de la llegada de esa empresa “militar” a Viator y olvidar el respaldo que la dirección de su partido transmite permanentemente a los astilleros de Navantia en la provincia de Cádiz.
El anuncio de la llegada de una fábrica de la industria auxiliar de la Defensa es un peligro para la seguridad y la estructura económica de Almería, pero en Cádiz, Navantía, empresa especializada en construcción naval militar que diseña y fabrica fragatas, submarinos, buques de apoyo, sistemas de combate y otros equipos para la Armada española y para numerosos clientes internacionales y que en la bahía gaditana sostiene alrededor de 7.000 empleo directos e indirectos es poco menos que un parque de atracciones al que hay que incluir en el catálogo de Bienes Protegidos por los fondos del Estado.
Lo dicho: el pasado siempre vuelve. Y, para algunos, nunca se fue. Ya lo escribió Machado: hoy es siempre todavía.
Cuando se anunció la llegada de la Legión a Almería no fueron pocas las opiniones en las que se alertaba de los riesgos que la decisión provocaba. La historia legionaria, tan mitificada por unos, tan denostada por otros, generó un cruce de valoraciones cercana al trincherismo.
Para los admiradores del cuerpo fundado por Millán Astray la reconversión del antiguo Campamento en la base de la Legión suponía la entrada en el paraíso de sus ensoñaciones militares. Para los detractores, su implantación en la periferia de la capital supondría poco menos que una permanente amenaza a la tranquilidad de patio de vecinos por la que transcurrían los días y las noches. Son los riesgos de las ensoñaciones preconcebidas: a unos les fascinaba la estética cuartelera de postguerra porque les recordaba la Victoria y a otros les alarmaba la crónica de excesos y extravagancias construidas como leyenda sobre los que habían contribuido a su derrota.
Ha pasado el tiempo y la Legión forma parte de la vida cotidiana de los almerienses con la naturalidad y el afecto con el que se convive con cualquier otro sector de la vida cotidiana. Los únicos sobresaltos provocados en la ciudadanía han tenido su causa y su motivo en los accidentes y las bajas producidas en los procesos de adiestramiento o cumplimiento de sus misiones. Al dolor compartido por esas tragedias siempre le acompañó, como cuando ocurre en otros sectores, el consuelo y el afecto de sus vecinos. Un afecto que se proyecta en orgullo cuando recuperamos en la memoria la realidad de que desde Almería han partido 39 Misiones de paz y estabilidad en zonas de conflicto y en las que han participado más de 14.000 legionarios y legionarias, de los que siete dejaron su vida para preservar la paz y la seguridad de los ciudadanos a los que fueron a proteger sin importarle ni la distancia ni el riesgo.
Un día lo escribí y hoy lo vuelvo a reiterar: Almería es líder en la exportación de productos agrícolas y en modernísimos derivados de la piedra, pero también en la búsqueda de la paz y la seguridad en donde hay una zona de conflicto en la que se le requiere su presencia.
Y dejémonos ya de tonterías.