La casa histórica de Almería que ya siguen más de 200.000 personas: así avanza su gran reforma
Rosa y Ben continúan rehabilitando su vivienda de 340 metros cuadrados y preparan una nueva vida para el edificio, con un posible hotel boutique y un espacio cultural para artistas almerienses

Rosa y Ben, propietarios de la vivienda
Hace casi un año, Rosa y Ben abrían las puertas de su casa de la calle San Eugenio a La Voz de Almería. Entonces acababan de conseguir, después de 17 meses de procedimiento judicial, las llaves de una vivienda construida a finales del siglo XIX que llevaba décadas cerrada. Habían encontrado una casa de la que se enamoraron casi a primera vista y se habían embarcado en una rehabilitación que ya intuían complicada. Un año después, la obra continúa y la casa está todavía lejos de estar terminada, pero entretanto aquel proyecto personal se ha convertido en algo mucho más grande.
Más de 220.000 personas siguen hoy entre Instagram y TikTok el día a día de la reforma. La cuenta nació, sin embargo, prácticamente como un juego. Rosa, que trabaja en marketing y publicidad, llevaba los 17 meses de espera mirando las redes de otras personas para inspirarse y alimentar la ilusión por aquella casa que todavía no sabían si conseguirían. Cuando finalmente recibieron las llaves pensó que podía ser interesante compartir también su proceso. Sin grandes pretensiones, comenzó a probar vídeos y formatos.
La cuenta fue creciendo poco a poco hasta que algunos contenidos comenzaron a hacerse virales. El más significativo quizá sea el que muestra a Rosa abriendo por primera vez la puerta de la vivienda después de más de 30 años cerrada. No era el primer vídeo que había publicado, pero sí la primera grabación que había hecho al entrar en la casa. Lo recuperó tiempo después desde Barcelona y decidió utilizarlo. El vídeo funcionó y aquella puerta que para ellos simbolizaba el comienzo de una nueva vida se convirtió también en la entrada de cientos de miles de personas a la historia de la vivienda.
Una casa que podría haber sido otra cosa
La propiedad tiene más de 340 metros cuadrados y entre diez y doce estancias, una dimensión que permite imaginar muchas posibilidades. De hecho, en la parcela existe un permiso para construir hasta cinco plantas. Convertirla en viviendas nuevas habría permitido obtener mucho más rendimiento, pero habría obligado a destruir buena parte de lo que hace especial al inmueble.
Rosa y Ben han elegido precisamente lo contrario. Quieren conservar la esencia de la casa y mantener sus elementos originales. Los suelos hidráulicos de la planta superior, el terrazo de la planta baja, las ventanas, los arcos, la escalera y otros elementos que han sobrevivido más de un siglo forman parte de una rehabilitación en la que la pareja intenta restaurar en lugar de sustituir.
La estructura, además, les ha sorprendido para bien. La vivienda cuenta con enormes muros de piedra y vigas de hierro y, después de consultar con varios arquitectos, aseguran que el estado estructural es mucho mejor de lo que podían esperar en una casa de esta antigüedad. Los problemas están ahora en otro lugar: fontanería, electricidad, instalaciones y todos esos trabajos menos visibles que hacen que una reforma de estas características avance mucho más despacio de lo que muestran las redes sociales.
Entre los retos está incluso el sistema de saneamiento. La casa dispone de un antiguo pozo negro y la pareja está intentando conectarla a la red, un proceso que depende de permisos y de unos plazos administrativos que también condicionan el calendario de la obra.
La casa también guarda la memoria de quienes vivieron en ella
Si la arquitectura es importante, no lo es menos todo lo que Rosa y Ben han ido encontrando dentro. Baúles, ajuares, muebles, libros, documentos y objetos de los antiguos habitantes han convertido la vivienda en una especie de archivo doméstico.
No todo ha podido conservarse. Algunos objetos desaparecieron antes de que ellos se hicieran con la casa y otros no tienen todavía un destino decidido. Rosa explica que cuentan con habitaciones en las que han ido almacenando piezas mientras deciden cuáles encajarán en la futura decoración y cuáles podrán tener una segunda vida en manos de otras personas.
Pero, sobre todo, la investigación sobre esos objetos les ha permitido acercarse a quienes vivieron allí. Rosa está reconstruyendo la historia de los antiguos propietarios y se ha detenido especialmente en una de las mujeres que habitó la casa durante años. Estudió en Francia, tenía numerosos libros y una formación e ideas políticas que, según explica, resultan especialmente llamativas para la época.
La vivienda empieza así a ser también un relato de la propia historia de Almería. Entre los documentos apareció incluso un libro de racionamiento del franquismo. Detrás de las paredes de aquella casa burguesa también hubo dificultades, limitaciones y una vida cotidiana condicionada por el momento histórico.
El sueño tiene también una cara B
Las imágenes de la reforma pueden transmitir ilusión, descubrimientos y belleza, pero vivir dentro de una casa en obras durante meses tiene otra cara. Rosa no la oculta.
“Me arrepiento mucho todos los días”, reconoce cuando se le pregunta si alguna vez han pensado que quizá se equivocaron al comprarla. No porque haya dejado de gustarle la casa, sino por la magnitud del proyecto. Hay estrés, ansiedad, decisiones constantes, viajes y trabajo profesional que compaginar con una rehabilitación que parece no terminar nunca.
La propia pareja reconoce que en las redes probablemente se ve más la ilusión que el esfuerzo que hay detrás. También han tenido que asumir que algunas decisiones podrían haberse tomado de otra manera si hubieran contado con más tiempo o más dinero. Aun así, tienen una idea clara: mientras la esencia de la casa se conserve, muchas otras decisiones pueden cambiarse con el tiempo.
Seis meses para empezar a ver el final
La reforma no tiene todavía una fecha definitiva de finalización, pero sí una primera meta. Rosa, que reconoce ser quizá demasiado optimista, calcula que la planta baja podría estar terminada en unos seis meses.
Es la zona que están priorizando porque es la que quieren empezar a disfrutar cuanto antes. Allí pretenden tener terminadas la cocina, el baño, las habitaciones y el salón, además del patio y las instalaciones necesarias. Parte del calendario dependerá también de las licencias pendientes.
Después llegará la planta superior, pero con otra filosofía. Quieren hacerla más despacio, con más mimo y sin la presión de intentar terminarlo todo cuanto antes. Porque, como reconoce Rosa, si se intenta hacer una obra así demasiado rápido se corre el riesgo de perder precisamente aquello que la hizo especial: el encanto de disfrutar del proceso.
Del 'coliving' al hotel boutique
Y mientras la casa cambia, también lo ha hecho el proyecto que Rosa y Ben imaginaban para ella. En 2025 hablaban de la posibilidad de crear un espacio de coliving. Ahora, conociendo mucho mejor las dimensiones y posibilidades de la vivienda y después del enorme crecimiento de sus redes y de ver el potencial real de la vivienda, estudian convertir parte de la casa en un pequeño hotel boutique.
La idea, sin embargo, no pasa por hacer un alojamiento turístico convencional. Rosa quiere implicarse en la gestión y, sobre todo, decidir quién entra en la casa. No quiere convertirla en un Airbnb más ni apostar por un turismo que no respete el edificio. La intención es que quienes lleguen puedan disfrutar también de la historia que conserva la vivienda.
Y ahí aparece el proyecto que quizá más ilusión le hace.
Una casa abierta al arte almeriense
La vivienda ya ha empezado a tener una segunda vida incluso antes de terminar su rehabilitación. Sus espacios han acogido colaboraciones, vídeos y ensayos de artistas de diferentes disciplinas, desde graffiti hasta cante y baile flamenco.
Rosa imagina ahora los espacios comunes como una pequeña galería de arte en constante transformación, en la que puedan exponerse obras de artistas almerienses. Incluso plantea organizar jornadas de puertas abiertas para que los vecinos y visitantes puedan conocer la casa y el arte que alberga.
Así, aquella vivienda que durante décadas permaneció cerrada podría terminar convirtiéndose en algo mucho más amplio que la casa de Rosa y Ben: un lugar para alojarse, conocer una parte de la historia de Almería y acercarse también a su cultura contemporánea.
Por ahora, sin embargo, todavía toca convivir con el polvo, las obras y las decisiones pendientes. La planta baja mira a seis meses vista. La planta superior esperará. Y mientras tanto, al otro lado de las pantallas, más de 220.000 personas siguen esperando cada nuevo capítulo de una casa que todavía está en plena transformación.